Rifado del Día: Gerardo González, embalsamador de cadáveres

Inició en el oficio hace 14 años, por casualidad su cuñado que se dedicaba a ello tenía mucho trabajo y le pidió ayuda

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Gerardo no olvida que en sus manos está una persona que poco tiempo atrás tenía vida.
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CIUDAD DE MÉXICO. 

Familiares llorando, la sala de velación lista con flores y veladoras, y en el rincón más frío y solitario de la funeraria, Gerardo González, quien trabaja en la embalsamación del cuerpo al que darán el último adiós.

Gerardo inició en el oficio hace 14 años, por casualidad: su cuñado que se dedicaba a ello tenía mucho trabajo y le pidió ayuda. Desde entonces no ha abandonado la sala de embalsamación.

Rodeado de químicos y agujas, limpia la fría plancha de aluminio para recibir uno de los ocho cuerpos que embalsama diariamente.

En la soledad de la sala no puede evitar hablar con el cadáver.

Siempre que empiezo a trabajar con un cuerpo, mentalmente le pido permiso para que no se me ponga tan fuerte. Que se deje trabajar bonito para no lastimarlo más de lo que ya está”, dice mientras desenrolla las mangueras con las que comenzará a trabajar.

Explica que el objetivo de la embalsamación es preservar el cuerpo lo suficiente para que los familiares puedan velar al difunto sin malos olores ni que comience a drenar líquidos propios de la putrefacción por la boca o fosas nasales.

Para ello, el cuerpo se inyecta con químicos mezclados con agua que matan virus y bacterias. Además, los órganos, corazón e intestinos se vacían por completo con un instrumento llamado “troquer”, similar al que se usa en una liposucción. Todos los fluidos se concentran en un contenedor especial que los desinfecta para desecharlos posteriormente.

Ser embalsamador también tiene sus riesgos, el principal es trabajar con cadáveres con enfermedades transmisoras como hepatitis C o sida, "hay que tener mucho cuidado con la aguja con la que estás suturando porque si con esto te pinchas, te puedes contagiar", explica.

Consciente de lo poco popular que puede llegar a parecer su trabajo, Gerardo señala que es un oficio necesario: “Alguien lo tenía que hacer y me tocó a mí”.

Aunque el procedimiento es muy técnico, Gerardo no olvida que en sus manos está una persona que poco tiempo atrás respiraba, sonreía y amaba a su familia.

Al ver un cuerpo inerte sí le llega a uno el sentimiento, ya pasé por esto con mi madre”.

Llega la hora de vestir y embellecer el cadáver. Coloca en su rostro una expresión de calma y serenidad que refleja que el difunto dejó atrás las penas y dolores de la vida.

Me deja satisfecho cuando la gente ve a sus familiares ya con el arreglo estético, bien arreglado y bien vestido y que le den a uno las gracias", asegura mientras termina de vestir el cuerpo.

Para Gerardo la muerte es un paso más que se da en la vida, por ello cuando el cuerpo está listo y es trasladado en el ataúd a la sala de velación, le dedica unas últimas palabras.

Me despido de ellos, tengo esa costumbre de decirles "nos vemos algún día", concluye mientras ve alejarse al cuerpo.

Si quieres ver más historias del Rifado del Día, no te pierdas Imagen Noticias con Francisco Zea, por el canal 3, de lunes a viernes a las 6 AM.

 

mca