Rifado del Día: Édgar 'El Güero' Noriega, réferi de Lucha Libre
La gente no lo imagina, pero un réferi entrena como cualquier luchador; su pasión son los rudos, sin embargo, es parcial como máxima autoridad
CIUDAD DE MÉXICO.
Maleta en mano y lleno de entusiasmo, así inicia cada jornada Édgar “El Güero” Noriega, réferi del Consejo Mundial de Lucha Libre.
Los pasillos todavía vacíos de la Arena México lo reciben con la calma habitual previa a una función de lucha, pero en el ambiente se percibe la energía contenida en el recinto que sabe que en unas horas la pasión inundará cada esquina.
La puerta metálica rechina cuando entra al vestidor. Saca su pantalón, sus botines y su playera negra con el gran logo dorado del CMLL en la espalda. Mientras prepara su toalla y su botella de agua, recuerda con nostalgia pero sin remordimientos su época como luchador.
Me retiré por una lesión y el amor a este gran deporte, que me ha dado tantas cosas, es el motivo por el que hoy estoy refereando”, dice con seguridad.
Que ya no luche profesionalmente no significa que haya dejado de entrenar. La gente no lo imagina pero un réferi entrena como cualquier luchador, hace lagartijas y sentadillas para fortalecer muñecas y rodillas.
Con una mueca de dolor comenta, “no creas, dejarte caer de rodillas te lastima, te lastima la rodilla, antes no se usaba, ahora ya se usa rodillera”.
En cuanto a la protección de las muñecas los réferis se vendan con cinta de aislar negra. De esta forma refuerzan la articulación y la protegen del impacto que genera el rebote de las tablas del ring al contar el famoso “uno, dos, tres” cuando un luchador tiene sometido a su oponente.
Cubrir la articulación sería suficiente pero confiesa que ni los réferis se salvan de la vanidad. Se vendan hasta la mitad del antebrazo “para que se vea bonito”.
Una vez vestido y equipado sale al escenario donde todo pasa. Sus ojos se iluminan al acercarse al ring y con solemnidad explica, “siempre hay que limpiarse los pies, es una muestra de respeto ya que vas a pisar el sagrado cuadrilátero de la Arena México”.
No por nada el recinto ubicado en plena colonia Doctores, en la Ciudad de México, es llamado “La Catedral de la Lucha Libre”.
Todos quisieran pisar la Arena México como réferi o como luchador, es lo máximo, lo que te proyecta a todas las empresas y a todo el mundo”, dice con orgullo.
Asegura que trabajar en la Arena México le ha permitido ser llamado para ser réferi de luchas en Guatemala, Estados Unidos, Francia y hasta Mónaco.
“El Güero” Noriega no le teme a los luchadores, aunque muchas veces éstos son agresivos con el réferi. Como máxima autoridad de la lucha libre puede descalificarlos lo que genera quince días de suspensión para los luchadores, un golpe bajo a su bolsillo.
Sin embargo para “El Güero” esta opción diplomática no es suficiente.
No les puedo pegar es lo único que no me gusta”
De sangre caliente y espíritu ingobernable, “El Güero” Noriega confiesa que su pasión son los rudos. Eso sí, asegura que como réferi es parcial.
Su sueño, ser el mejor réferi, el número uno. Referear las luchas de grandes estrellas e incluso llegar a igualar famoso “Güero Rangel”, y ¿por qué no? superarlo. Lo ve difícil pero no imposible.
El futuro lo tiene claro: ser réferi hasta que la vida y su cuerpo se lo permitan.
Hay que reconocer que el tiempo pasa y no perdona, y el día que ya no pueda, con toda la honestidad hay que decir “hasta aquí llegué””
Lo que más le emociona es la gente y el ambiente que se vive en la Arena México.
Ver extasiada a la a la gente, gritándote, cualquier tipo de cosas hasta ofendiéndote pero sabes que estás haciendo bien tu trabajo”
Cuando la gente está tan contenta que se vuelve loca es cuando dices “vale la pena estar aquí”, y guarda silencio mientras recorre las gradas con la mirada.
Llega la noche y la gente comienza a llenar las butacas de la Arena México. El olor de las palomitas, sopas y cerveza llena el vestíbulo.
Desde niños hasta adultos mayores, familias enteras y parejas de enamorados. Una mezcla de gustos, folklore y pasiones
La emoción invade las gradas cuando un luchador vuela y alcanza la gloria. Y Édgar “El Güero” Noriega brinca de un lado al otro en el ring, rebota en las cuerdas, golpea el piso y entrega su cuerpo y alma a lo que más le apasiona, la lucha libre.
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mca
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