Zona Rosa y Tepito, colonias hermanadas por la decadencia

Tepito y la Zona Rosa tienen orígenes diametralmente opuestos, pero ahora ambos son escrutados debido a la violencia y el narcomenudeo

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CIUDAD DE MÉXICO, 15 de junio.- La Zona Rosa y Tepito se encuentran sometidos a la vigilancia de toda la ciudad, hermanadas por los casos de desapariciones, asesinatos y el confirmación de la existencia de establecimientos que incumplen con la ley.

De acuerdo con el jefe de Gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, “nadie puede desestabilizar esta ciudad”, y por ello Tepito y la Zona Rosa están sujetos a una estrecha vigilancia policiaca, se anuncian inversiones sin precedentes, y programas emergentes para regularizar establecimientos mercantiles; se acelera la prestación de servicios públicos, y se organizan festivales para relanzarlas.

Ambos barrios tienen orígenes diametralmente opuestos. El primero se remonta a la época prehispánica; el segundo nació como colonia aristocrática en el siglo XIX, y adquirió su carácter en los últimos 60 años.

Alfonso Hernández, cronista de Tepito, reconoce que ese barrio ejemplifica como ninguno “la resistencia urbana”. Ha visto pasar los gobiernos deteriorándose, volviéndose más frágil urbanísticamente hablando, y requiriendo la acción urgente de las autoridades del gobierno central y delegacional.

La Zona Rosa tuvo un declive en su vida bohemia debido a la irregularidad en comercios y la asociación con el sexo. Además, los locatarios han experimentado el cambio de propuestas de las autoridades locales y delegacionales cada sexenio.

Los empresarios de la Zona Rosa encarnan a la resistencia ante la invasión de giros de alto impacto, las obras de remozamiento que no concluyen, el abandono de edificios, y la proliferación de rascacielos  sobre el Paseo de la Reforma.

Tras la desaparición de 12 personas de Tepito en el bar Heaven de la Zona Rosa, ambos barrios se conectaron para atraer la atención de la ciudad.

“Listos como cerillos”

Los habitantes del barrio de Tepito ya han vivido esta situación. Hechos violentos, protestas, vigilancia policiaca, tensión entre sus habitantes y las corporaciones, atención de los medios de comunicación, y semanas después vuelve a la normalidad.

Lo único que no se detiene en este polígono de 80 manzanas y 60 mil habitantes de la colonia Morelos (dentro de la que está Tepito) es su intensa actividad comercial, su dinámica social que hace que sea el único barrio con vida hasta entrada la madrugada, rincón donde se puede comerciar cualquier cosa a cualquier hora, donde cada incursión policiaca crispa los ánimos.

“Tepito es uno de los barrios emblemáticos de la resistencia urbana, y que le es sensible a la ciudad”, asegura el cronista, Alfonso Hernández.

Este hombre se ha dedicado desde hace décadas a realizar recorridos turísticos por el barrio para demostrar que la violencia es un mito, pues, afirma, nunca ha tenido un incidente.

Sus incursiones son calificadas por él mismo como “turismo negro”, fuera de los itinerarios propuestos por folletos de agencias de viajes.

Repudia los proyectos inmobiliarios que buscan derrumbar el barrio para sustituirlo por una realidad superpuesta, deplora el cierre o abandono de espacios deportivos que permiten una alternativa de vida a los tepiteños, recela de los proyectos gubernamentales que buscan acabar con el comercio informal que es el motor de Tepito.

Aasegura que esa zona encarna como ninguna la contracultura en la Ciudad de México, la resistencia ante las reglas que se imponen desde la Metrópoli.

“Estamos quietos como un resorte, pero listos como cerillos”, señala Hernández, actualmente funcionario de la delegación Cuauhtémoc.

Tepito es un “tianguis global”, donde todo se auto- gestiona: la seguridad, el abasto, el acceso a la cultura o el deporte, y sobre todo, el sustento.

El arquitecto Gabriel Sánchez Valverde es un tepiteño de nacimiento, que ha tocado fondo y salido del infierno para promover proyectos de infraestructura y de reciclaje para el barrio que le han valido el apoyo de instituciones como la UNAM, el Tecnológico de Monterrey y el MIT de Boston, y de plano ve con sorna que sólo se ponga atención en Tepito cuando ocurre algún hecho violento.

“¿Cómo ves a mi hermoso y polémico barrio? Vivir en Tepito es lo máximo”, asegura con sorna Sánchez, quien también ha realizado visitas guiadas por Tepito para presentar la cara combativa y amable de sus habitantes, y quien prefiere hablar de cómo el propio barrio puede auto regenerarse y seguir siendo un sitio de resistencia ante el gobierno, la economía global y los intereses inmobiliarios.

Tepito y el resto de la colonia Morelos son sometidos nuevamente a una intensa vigilancia policiaca, por ello hay vecinos como la administradora del altar a la Santa Muerte en la calle Alfarería, quienes aseguran que, como ha ocurrido antes, esta atención pasará.

“Ahorita los del gobierno la traen atorada”, dijo señalando se el cuello, “en unos días se va y todo seguirá igual. Sólo ella nos cuida”, dice mientras señala el altar con imágenes de la Niña Blanca rodeada de miles de flores.

A la espera del rescate

Los empresarios de la Zona Rosa de la Ciudad de México siguen a la espera de que el proyecto de rescate planteado por el gobierno federal sea retomado por las autoridades capitalinas y ese barrio sea por fin revitalizado.

Jorge Pascual, presidente de la Agrupación de Comerciantes de la Zona Rosa (Acozoro), lamentó que ese polígono de unas 40 manzanas y 600 comercios vuelva a ser tema de discusión debido a la desaparición de 12 jóvenes de un bar de la calle Lancaster, y no a su riqueza comercial.

Planteó que el proyecto presentado por el anterior gobierno federal contemplaba 400 millones de pesos de inversión federal y local, incluía renovar la imagen urbana de las calles, promoción turística, y el retiro del comercio informal de todas las calles.

“El secretario de Turismo del actual Gobierno del DF,  (Miguel) Torruco, ya conoce el proyecto y está interesado en esto. Platicamos antes de lo que pasó y le parecía muy bien nuestra propuesta”, relató Pascual.

El caso volvió a poner la atención sobre la Zona Rosa, un barrio dentro de la exaristocrática colonia Juárez, creado a finales del Siglo XIX. Fue hacia los años cincuenta del siglo pasado cuando se le bautizó como “rosa”. Hay varias versiones al respecto: la que señala que ante la proliferación de antros, Vicente Leñero dijo que no era tan roja ni tan blanca, “más bien rosa”. Otra afirma que fue el pintor José Luis Cuevas quien la calificó de “rosa” cuando pintó un “mural efímero” dedicado a Rosa Carmina. En 1958, Carlos Fuentes en La Región más transparente escribió que ese barrio era rosa, pues sus fachadas estaban pintadas de ese color.

La Zona Rosa ha sufrido en los últimos años remodelaciones a medias, desacuerdos entre autoridades y comerciantes sobre cómo debe desarrollarse el polígono, la proliferación de table dance y trata de mujeres, el comercio informal en las calles, y la llegada de miles de nuevos vecinos.

Alejandro Fernández, actual jefe delegacional, adelantó que se instrumentarán ferias para promover a la Zona Rosa, un nuevo programa de vigilancia de ese barrio, y se exigirá al Gobierno del DF abatir los comercios irregulares.

Pascual enfatiza que el problema no es sólo embellecer arquitectónicamente a la Zona Rosa, sino acabar con los estigmas que hay en torno a ella, renovar su vida, regularizar su actividad y potenciarla a nivel nacional y extranjero.

“El problema social es lo que se ha dejado (de atacar), lo que no está bien. Hablo de la gente que trabaja en la calle, del ambulantaje, los negocios que trabajan clandestinamente, sin papeles y a deshoras, la indigencia, por ahí podríamos partir”, destacó el dirigente.

De acuerdo con Acozoro las autoridades delegacionales “sólo sirven para venir a barrer y venir a barrer de nuevo. Ahora mismo están haciendo podas después de cinco años de estarlas solicitando.”

Pidió al gobierno local reconsiderar las cifras presentadas en materia de establecimientos mercantiles considerados negros, pues se da la impresión de que están generalizados.

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