Última llamada
Son de esos casos difíciles de comprender y en los que uno se pregunta cómo con tanto talento podría terminar en el bote de la basura. Tiene nombre y apellido: Ángel Reyna, el mismo que ilusiona cuando llega y desilusiona cuando se va; el mismo de toques angelicales ...
Son de esos casos difíciles de comprender y en los que uno se pregunta cómo con tanto talento podría terminar en el bote de la basura. Tiene nombre y apellido: Ángel Reyna, el mismo que ilusiona cuando llega y desilusiona cuando se va; el mismo de toques angelicales cuando estrena una playera, pero que con el paso del tiempo se acerca más al infierno que al cielo.
De enormes condiciones en los pies y con tan poco talento en el manejo de emociones. Algo raro pasa con él que la estabilidad no es un sello que le caracterice. Importa poco si está en un equipo de gran convocatoria o en el de menor trascendencia mediática.
Dicen quienes han convivido con él que no es generador de unidad, que le cuesta sumarse a los ideales grupales; que su cabeza es un mundo tan extraño que pocos son capaces de descubrir lo que realmente sucede ahí adentro.
Pero después de tantos episodios fallidos, algo debe hacerle reaccionar, y qué mejor que en un equipo en el que necesita talento en el medio campo y donde sus condiciones se adaptan perfectamente a las necesidades. Es decir, no existe mejor oportunidad de revivir futbolísticamente hablando de la que hoy se le presenta.
Una nueva oportunidad para consolidar una carrera que desde hace tiempo se extravió.
Es la última llamada, y está en él saber si es aprovechada.
Esto deja claro, otra vez, que en el futbol no se pueden establecer juicios tan absolutos, y menos si éstos contienen calificativos hirientes como los que han salido de la boca de Jorge Vergara, y uno de tantos tuvo como objetivo el hoy jugador de Chivas.
