Nivel digno de final
Emotivo y vistoso resultó el primer capítulo de la gran final. Esto gracias a la filosofía de ambos técnicos. Tanto Matosas como Meza, bajo la premisa de que ambos equipos tenían la obligación de ganar, salieron a buscar a toda costa el arco rival. Con más ambición ...
Emotivo y vistoso resultó el primer capítulo de la gran final. Esto gracias a la filosofía de ambos técnicos. Tanto Matosas como Meza, bajo la premisa de que ambos equipos tenían la obligación de ganar, salieron a buscar a toda costa el arco rival.
Con más ambición por lograr un resultado positivo que miedo por perder una posible ventaja, Pachuca y León nos entregaron un espectáculo digno de final.
Mas allá de reconocer el atrevimiento en la postura de ambos técnicos, tenemos que aplaudir el futbol que exhibieron los jugadores dentro del terreno de juego.
Por un lado, los jóvenes del Pachuca confirmaron que el tema no era de edad, sino de calidad. En ningún momento se mostraron aterrorizados por el escenario o las circunstancias.
Ellos salieron a exhibir un buen futbol, explotaron sus cualidades y, por lapsos del partido, fueron más que su rival.
Siguen teniendo como asignatura pendiente el manejar mucho mejor el desarrollo de un juego. Deberán entender estos jóvenes que hay momentos en el transcurso de un partido en donde se debe tener primero el control del balón y después preocuparse por el desdoblamiento. Esto sin desordenarse a nivel defensivo.
León no es que haya hecho un mal juego, sino que tuvo desatenciones defensivas, abriéndole espacios suficientes a un rival sumamente explosivo.
Además de que, tal y como les pasó durante la temporada regular y la Libertadores, no fueron lo suficientemente contundentes para aumentar su ventaja.
Sigue siendo un tema preocupante, y no sólo para La Fiera, el desequilibrio anímico de Rafael Márquez. Da la impresión que el capitán no termina de entender que el liderazgo en momentos complicados no precisamente se transmite con patadas y mala conducta. Deberá encontrar la fórmula indicada para controlar esos arranques que, en esta ocasión, equivocadamente, fueron perdonados por César Arturo Ramos.
Por cierto, lo único que quedó a deber en esta final fue el arbitraje. Ramos, si no entiende que para poder ocupar un sitio entre los mejores árbitros de México se necesita carácter y personalidad, se va a quedar en una promesa del arbitraje.
Pensando en la vuelta, no podemos esperar algo menos vistoso de lo que vimos en León. Esta vez ambos deberán empezar el juego sabiendo que están a 90 minutos de conseguir el título.
A pesar de la ventaja con la que llegan los Tuzos, sigo viendo muy pareja la final y me cuesta encontrar un amplio favorito. Y no puedo poner en esta posición al Pachuca por la solidez de León, un equipo que nos ha demostrado en muchas ocasiones que tiene la capacidad suficiente para remontar cualquier marcador.
Si quedamos tan satisfechos con el partido de ida, estoy seguro que la vuelta no nos defraudará.
