La obsesión del quinto partido y las calles rusas

Una sede pintoresca, emblemática para la historia rusa, lugar en el que la selección buscaba terminar con el fantasma que la ha perseguido por casi 32 años

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A estas alturas ya se piensa más en preparar las maletas y hacer el corte de caja. Fotos: Steph Fuentes

SAMARA.

Una sede pintoresca, emblemática para la historia rusa, calurosa, pero a la vez ajena y distante, fue el lugar en el que la Selección Mexicana buscaba terminar con el fantasma que la ha perseguido por casi 32 años.

La obsesión por el quinto partido solo se vio opacada por la incertidumbre de enfrentar al siempre poderoso Brasil.

Tal vez esta sería la fecha en la que haríamos historia y venceríamos al pentacampeón del Mundo, una verdeamarela a la que en el pasado se logró derrotar.

Los ojos inyectados de ilusión y las voces retumbando un canto unísono, hicieron creer que todo era posible.

Sin embargo, después de 90 minutos, una vez más se repitió el guión y el desenlace volvió a ser el mismo.

El viejo y doloroso fantasma, que nos sigue atormentando llegará entonces a 36 años.

México, está lejos del quinto partido.

Se sigue siendo un equipo cualquiera en la Copa del Mundo.

 Aquellos aficionados vestidos de verde, con los rostros pintados y sombreros enormes habían llegado juntitos y con la garganta afinada. Los gritos y cánticos que pretendían alargar la fiesta.

Apenas terminó el partido y los mismos aficionados tomaron rumbos distintos, se perdieron entre las calles de Samara.

cva