La vida entre caballos
Pasaron 38 años para que Tepic, Nayarit, recibiera un Campeonato Nacional de Charrería. Melissa Alejandra, reina nacional de la FMCh, es testigo de honor
CIUDAD DE MÉXICO, 5 de noviembre.- Menos de diez segundos antes, cuando la banda de guerra recibe la orden de tocar, el reloj en México marca las 12 horas con 44 minutos. En la escena central hay también decenas de charros y escaramuzas, refinados todos ellos por su forma de montar caballos alrededor del ruedo. El deporte que practican, la charrería, después de 38 años encontró en Tepic, Nayarit, la sede de un Campeonato Nacional. Motivos ahora sobran para caminar por las calles y escuchar de cerca cómo resuena la Marcha de Zacatecas del maestro Genaro Codina Fernández.
Mientras los otros corren, Melissa Alejandra camina despacio. Tiene 21 años y es reina nacional de la Federación Mexicana de Charrería (FMCh). A los seis años tuvo a la Prieta, una yegua ya jubilada que la acompañó como escaramuza en la Agrupación Regionales de La Villa. Después el tiempo puso al colorado Serafín como guardián de sus pasos. Montada en él conoció lienzos charros; aprendió a hacer cruces, carruseles y formaciones de abanico doble por encima del rectángulo de 6 x 20 metros trazado con cal sobre la arena. “Un caballo puede llegar a pesar hasta 150 kilos”, dice sonriente, como si se tratara de un aspecto de menor riesgo. Los equipos de escaramuzas se forman de ocho mujeres charras, algunas con vestido de china poblana y otras con atuendo de rancheras. El color que eligen las distingue del resto. “El estar en el ruedo con ellas y saber que necesitamos una precisión tremenda para evitar un accidente, provoca adrenalina y una emoción incomparable”, agrega Melissa, sombrero en mano y al tanto de que su moño ocupe el lugar que debe.
Antes de llegar a los ranchos, la natación y el basquetbol ocuparon un espacio en su vida. Tomó clases de baile y folclore mexicano, aunque pronto volvió a los establos para seguir su instinto como jinete. Trazó sus primeras Puntas (suerte en la que el caballo corre a todo galope y se frena en máximo tres tiempos) y luego encabezó rutinas con mayor grado de dificultad. “También gusto de la música y de leer, pero en mi tiempo libre lo único que quiero hacer es ir a montar mis caballos”, sostiene. Su llegada al reinado se dio después de un periodo de elección (cada cuatro años), en el que cada presidente de la FMCh decide quién lo acompañará durante su mandato. Respaldado por la mayoría, el doctor Miguel Ángel Pascual Islas, actual responsable del organismo, se acercó a invitarla para tomar las riendas de la charrería: “Hay quienes deciden poner a sus hijas o a niñas que tienen una larga trayectoria en los ruedos. Mis papás no son charros ni mis abuelos. Fui reina durante dos años de la Agrupación Regionales de La Villa, donde me inicié, y él se enteró de mi trabajo. Nunca me imaginé poder estar aquí”. Cada reina elige un proyecto de trabajo tras ser presentadas en su cargo. Melissa
explicó el suyo: la apertura de un deporte que, en comparación de otros como el futbol, parece atrancado desde hace décadas. Trabaja entre algunas dificultades “sobre todo porque la difusión que existía de la charrería era para medios cerrados”, pero tiene claro cómo recuperar la importancia. “La gente ajena al deporte conoce muy poco. Si ven a alguien vestido de charro o de Adelita en la calle, lo primero que se preguntan es a dónde irán a cantar o a bailar. Lo último que les pasa por la cabeza es que la charrería es nuestro deporte nacional por excelencia”, explica al tiempo que en el ruedo central se corta la reata en señal del inicio de la competencia.
Los charros se enredan y desenredan con sus propias suertes. Hacen volar su imaginación con pasadas de un lado a otro de la cuerda, mientras sus caballos quedan quietos como atestiguando lo que sucede a pocos metros de distancia. La gente en los corrales alimenta a las yeguas que se preparan para competir, al mismo ritmo que los cuatro jueces se dirigen hacia sus puntos de encuentro. Melissa observa todo de reojo. Disfruta estar en donde está, aunque sus sueños futuros también incluyan otros tipos de camino. “En la vida existen ciclos que se deben respetar. Este es mi momento como reina nacional, pero terminando quiero lograr una carrera profesional importante y hacer que valgan la pena todos estos años de estudio”, confiesa a un año de terminar su licenciatura en Negocios Internacionales.
A veces viaja más de lo que se imaginó. Sin embargo no olvida llevar cerca su libreta para hacer tareas en espacios libres. Ahora encuentra razón aquel “cuando se quiere, se puede” que tanto repite como respuesta. Las manganas, los piales, el paso de la muerte y las colas ya se alcanzan a ver en las demostraciones de los charros. Una multitud aplaude en el Auditorio de la Gente, un recinto con capacidad para 12 mil personas, estrenado hace poco por un concierto del cantante Juan Gabriel, y en el que se invirtieron 200 millones de pesos.
La reina no se cansa de mirar a los caballos. Son parte de su vida y ha encontrado la forma de entenderlos sin maltrato. “Se crea un binomio entre caballo y jinete. Aprendes a tratarlo, a pederle el miedo y entonces él te reconoce como su líder. Son animales sumamente inteligentes. Una vez que te atrapan no puedes dejarlos. La charrería se vuelve un estilo de vida. Quizá te puedes ausentar uno o dos años de ella, pero siempre regresas”.
La calificaciones de las rutinas que forman la competencia son anunciadas por micrófono para quienes gustan de hacer cuentas. En las tribunas se alcanzan a notar puros sombreros. Se toma tequila y vino, aunque nunca pasan desapercibidos los tacos de asadera. Hay un dicho que comparten la mayoría de los presentes: Charro que no se cae, no es charro, y ella lo confirma. En su carrera con los caballos ha sufrido tres caídas fuertes aunque presume un alma de hierro: “no pasa de unos cuantos moretones”.
Este deporte de orígenes coloniales, en que se crearon las haciendas de economía mixta y agrícola-ganadera, conocidas como estancias o ranchos, tiene presencia en estados de la Unión Americana:California, Illinois, Chicago, Colorado y Texas, que se han incluido entre los participantes del Campeonato Nacional. La fiesta termina el 17 de noviembre. Antes de volver con sus amigas escaramuzas, Melissa sonríe y recalca nunca antes haber conocido una pasión tan grande como la charrería. El sombrero que llevaba en la mano, vuelve a ser puesto para subir a Serafín. Después de todo, como dice, es una forma de vida.




