Retrato hablado: Víctor Manuel Vucetich, hombre de soluciones
El técnico de la selección mexicana de futbol es un tipo analítico, observador y de carácter mesurado. La siguiente semana inicia el reto de llevar al tricolor al Mundial de Brasil 2014
CIUDAD DE MÉXICO, 6 de octubre.- En la cuarta avenida de la colonia Americana de la ciudad de Tampico, Tamaulipas, cerca de la antigua tienda Cinco Océanos, a Víctor Manuel Vucetich (Tampico, 1955) se le veía pateando corcholatas de un lado a otro de la acera. Su padre, José Antonio Vucetich Adler, argentino que jugó para el Tampico Madero en los años 50 después de haberlo hecho con la Juventus de Turín y el Espanyol de Barcelona, procuraba observarlo desde su vieja herrería.
De 1955 a 1970, rodeado de amigos que poco entendían sus prolongados silencios, Víctor vivió su infancia en el mismo sitio. Encontró su camino en el futbol y no tardó en seguirlo. Integró las filas del Club México (1965), uno de los equipos amateur que sirvió de base para la profesionalización de jugadores como Baby Pérez, Maracas Banda, Basurto, Chico Vázquez y Borrega Ramos, hombres recordados entre la afición de la ciudad. Tras cumplir 15 años, por decisión de su padre, tuvo que empezar una nueva vida en el Distrito Federal.
Pronto se inscribió en las fuerzas básicas de Pumas, pero se fue sin tener suerte. Al poco tiempo la muerte de su padre abriría el candado para las interrogantes.
“Viví muchas cosas al lado de él, terminó siendo la gran influencia para que me dedicara a esto”, dijo alguna vez Vucetich, en memoria de aquel final sosegado que lo llevó a sacar fuerzas que desconocía hasta entonces.
Pudo haber vuelto a jugar en el Tampico Madero, mas prefirió hacerlo en las inferiores del América, donde tuvo la custodia de líderes como Alfredo y Luis Fernando Tena, Javier Aguirre, Cristóbal Ortega y Vinicio Bravo.
Su estancia en las Águilas se prolongó por cuatro años. Fue campeón de la categoría y decidió irse sin poder debutar en la Primera División. La oportunidad llegaría el 6 de septiembre de 1978 con la camiseta del Atlante. El técnico Ernesto Cisneros lo mandó al campo para enfrentar a Unión de Curtidores, en un partido que terminó 2-2.
Permaneció dos años con los Potros de Hierro hasta ser transferido al Oaxtepec de la Segunda División, a donde llegó como refuerzo junto a un tal Ricardo La Volpe para conseguir el ascenso en la temporada 1981-82. Con los Verdes, además de lograr su única anotación en el máximo circuito en un duelo ante el Puebla (23 de febrero de 1983), conoció a Edelmiro Picao Arnauda, su guía en el futbol, quien le hizo volver arriba cuando caía desalentado por su retiro prematuro a los 27 años. Su carrera como delantero terminó tras una operación de apendicitis.
Lejos de todo lo que un día fue para él en el césped, Vucetich trabajó en la Delegación Tlalpan y, entre algunos apuros económicos, terminó el curso de entrenador cuando prefería darle la espalda a la pelota. Siempre fue de pocas palabras. Analizaba todo como hacía su padre mirándolo juguetear desde el banco de su taller.
“En la vida uno aprende con base a la observación”, reconoce. Sin pretenderlo, junto a Arnauda pudo encontrar la mayor capacidad de sí mismo. En tres años como técnico, el cubano llevó al Oaxtepec de Tercera División a la Primera y le otorgó un lugar en el banquillo para ser su auxiliar; luego decidió recomendarlo a Potros Neza, con el que conseguiría el ascenso gracias a un conjunto de jugadores que después harían campeón al Atlante en 1992. Tenía 34 años.
“Siempre fue un técnico bondadoso con nosotros. Lo conozco desde 1986 y también le descubrí el carácter fuerte. Aunque hasta donde me acuerdo, no es de los que gritan, sino que habla seco, duro, pero jamás hace aspavientos”, recuerda Luis Miguel Salvador, quien fuera su delantero en Potros Neza y, con el tiempo, su directivo en el Monterrey. Tras su reubicación en la máxima categoría, la directiva azulgrana vendió la franquicia del equipo sin renovar a Vucetich, quien volvió a la Segunda División al frente del banquillo del León, recientemente descendido, y lograr el campeonato en la Temporada 1989-90.
Dirigió su primer partido en Primera el 29 de septiembre de 1990, en un partido de los Panzas Verdes ante los Rayados del Monterrey. Meses después consiguió su primer laurel de liga cuando el León derrotó en la prórroga al Puebla (2-0), entonces dirigido por Manuel Lapuente. Luego llegó a Cruz Azul para alzar el título de la Copa México (1996-97), haría lo mismo en Tigres (1995-96), pero no pudo evitar su descenso. Le daría a Tecos su único título (1993-94) y, aunque la directiva zapopana le ofreció un contrato por 20 años, Vucetich agradeció el gesto, pero rechazó la oferta. Era una locura.
Como en aquellos días que se vendaba los tobillos por debajo de las calcetas, el llamado Rey Midas se refugió en el apoyo de su madre Esther, a quien todavía hoy puede hablarle de sus logros con mayor precisión que cualquier cronista deportivo lo hubiera hecho. Contrajo matrimonio con Yolanda Montes de Oca, debutó como papá tras el nacimiento de su hija Diana y, antes de hacer época en suelo regiomontano, añadió una estrella más al escudo del Pachuca en el Apertura 2003.
Pasó dos años a distancia del futbol. Fue analista en televisión y, durante ese exilio, un golpe volvió quitarle el aliento de forma repentina. “La muerte de mamá fue de las cosas más difíciles que ha tenido que vivir”, cuenta su hija Diana. “Ha cambiado mucho: antes él se dedicaba al trabajo siempre, ahora la cercanía con nosotros es totalmente distinta”. Yolanda perdió la vida por problemas cardiacos.
Cuando todo parecía menos claro, el Monterrey le ofreció volver al banquillo. La confianza fue devuelta por Vucetich con la época más ganadora de los Rayados: dos títulos de Liga (Apertura 2009 y Apertura 2010), tres en la Concachampions (2010, 2011 y 2012) y un Interliga (2010). Puede parecer un tipo poco expresivo por su carácter mesurado, sin embargo, respeta la labor de cada persona que lo rodea. De 14 finales que dirigió, ganó 13, así justifica el apodo de Rey Midas. Sus éxitos lo señalaron como el hombre idóneo para comandar la selección mexicana antes de que José Manuel de la Torre lo hiciera. Declinó aquella vez en pos de ofrecerle estabilidad a sus hijos. Hoy, Vucetich parece estar listo. Habló por él su trabajo. Enfrentará dos finales en el hexagonal de la Concacaf para llevar al Tricolor a Brasil 2014. La primera, el 11 de octubre, ante Panamá, en el Estadio Azteca. La segunda, en Costa Rica, el día 15.
Si alguien sabe de soluciones cuando las circunstancias se notan desfavorables, ése es Víctor Manuel Vucetich.
