Luis Rivera, el orgullo de Agua Prieta
El atleta dejó de ser un veloz goleador para ir a palear una fosa en la unidad deportiva. Ahí, con el apoyo de sus padres y entrenador, dio los primeros saltos con la mira puesta en llegar a ser uno de los mejores del mundo
CIUDAD DE MÉXICO, 20 de agosto.- En los años finales de la década de los 90 Luis Rivera tomó una pala y removió la tierra sobre las marcas que había hecho el profesor Javier Valencia. Eran los primeros trazos de una meta que se concretó hace unos días en el Mundial de Atletismo de Moscú, con la medalla de bronce.
Rivera tenía que aflojar el piso para dar forma a la inusual fosa que su instructor, el que lo llevó al atletismo, había marcado minutos antes en la unidad deportiva de Agua Prieta, donde dio sus primeros saltos de longitud.
Luis Rivera ya había pasado del futbol al atletismo, tenía el sueño de ser olímpico y el orgullo estaba herido, porque en el estatal de 1998 perdió en las pruebas de velocidad.
“Quedó como en sexto lugar. Miré que los muchachitos corrían muy rápido y dije a lo mejor Luis no tiene nada qué hacer aquí. Le dije que lo suyo era el futbol, pero él me dijo que le gustó, que llevaría las dos cosas. Es muy competitivo, no le gusta que alguien le gane y pensó en sacarse esa espinita”, cuenta Alejandra Morales, madre de Luis Rivera.
En la misma época, el profesor Francisco Valencia tenía claro que Rivera tendría que practicar atletismo. En el futbol era campeón goleador en la liga de su natal Agua Prieta, derramaba defensores a gran velocidad; pero nunca fue llamado siquiera a la selección estatal.
“No quería dejar el futbol, pero yo le insistía. Le decía ‘te van a dar un recuerdito porque eres muy rápido y a los futbolistas rápidos los quieren frenar a base de golpes, cuídate porque tienes mucho que dar y en el futbol pueden frenar tu carrera.’”
Una deuda familiar
Luis se inclinó por el atletismo y pasó de las pruebas de velocidad a las vallas, luego el salto triple y finalmente el salto de longitud. Competitivo en las últimas tres, decidió especializarse para ser uno de los mejores del mundo.
Cuando el salto largo se convirtió en la disciplina de Luis Rivera la vida cambió a todo su entorno. La razón es que su padre practicó salto largo, pero nunca fue apoyado; así que Luis Rivera venía también por una revancha familiar.
“Mi esposo siempre me cuenta que al muchacho que él le ganó en Sonora, terminó siendo campeón nacional. Fue un trauma porque él no tuvo el apoyo de sus papás”, relata doña Alejandra. “Cuando mi esposo vio que sus hijos empezaron a destacar en el deporte dijo que los apoyaría al cien por ciento.”
La familia Rivera viajó a varias competencias por México porque, además de Luis, sus tres hermanos menores también se dedican al deporte. “Lo más duro fue lo económico, pero la satisfacción por sus resultados no tenía precio para nosotros”, destaca la madre orgullosa.
Luis Rivera pagó el esfuerzo familiar con dedicación y disciplina e hizo menos las carencias. “No teníamos nada, cuando Luis empezó a practicar carrera con obstáculos un tío nos hizo las vallas de PVC. Así empezamos”, relata el profesor Valencia.
“La unidad era de tierra, el maestro les dedicaba mucho tiempo. Siempre practicaban, aunque hubiera mucha polvareda”, relata su madre. “El maestro dibujó la fosa en la tierra y ahí escarbaban, cada vez que querían hacer un salto tenían que escarbar porque no era arena, con el tiempo se ponía muy dura y a mí me daba mucho miedo de que con lo duro se fueran a lastimar un pie, porque no era como la arenita de cuando iban a competir a Hermosillo”, dice doña Alejandra.
“Lo que pasa es que rápidamente se compacta y tenemos que estarla removiendo, ahora seguimos igual”, comparte el entrenador.
Inspiración sonorense
Rivera entrenaba en esas circunstancias y su mente soñaba con los mejores escenarios. Inspirado en Ana Gabriela Guevara, Juan Pedro Toledo y Alejandro Cárdenas, los tres sonorenses, Luis expresaba a sus cercanos el sueño que tenía.
“Cuando estaba chiquito decía que quería llegar a las olimpiadas, porque siempre veíamos las competencias con botana. Eso le llegaba mucho y decía yo quiero estar ahí; uno decía bueno fuera, pero se me hacía algo imposible”, dice la madre.
“Me platicaba que quería ir a Olímpicos y Mundiales, yo siempre lo motivaba; pero pensaba que era muy difícil”, comparte Marisela Domínguez, esposa de Luis desde hace dos años. “Poco a poco me di cuenta lo persistente que es, y entendí por qué logra las cosas”, añade.
Con el paso del tiempo algo ha cambiado en la unidad deportiva de Agua Prieta, y ahora ya hay un grupo de trabajadores que se encargan de preparar la fosa para los saltadores.
“Con los buenos resultados de Édgar (hermano de Luis) conseguimos un colchón para salto de altura, la pista la pusieron de cemento; aunque entrenamos a un lado porque si lo hacemos diario los atletas se pueden lesionar”, comparte Valencia.
En Europa Luis Rivera se prepara para cerrar la temporada de la Liga Diamante, a donde sólo están llamados los mejores del mundo.
En su natal Agua Prieta todavía hay espacio para más sueños, y mientras el grupo de atletas del profesor Valencia se incrementa, en la casa de la familia Rivera se sueña con el futuro.
“Mi sueño sería verlo en las olimpiadas ganando una medalla de oro, o subirse al podio”, dice doña Alejandra, quien le advierte a México que los Rivera son más que sólo Luis: “Édgar, mi otro hijo, está muy pegadito, sueño con verlos a los dos en Río”.
El reto de correr tras del balón
Agua Prieta es una población de poco más de 79 mil habitantes, según el censo de 2010, y en casa de los Rivera había poco espacio para terminar con la energía de cuatro varones, así que el balón de futbol fue uno de los mejores aliados para Alejandra Morales.
“Todas las tardes me los llevaba a la unidad, a que corretearan la pelota, que hicieran lo que quisieran, ésa era la diversión de ellos porque a cuatro hombrecitos no los calmaba con nada, era puro juego”, comparte la madre de los Rivera.
El deporte era su pasión, su vida, en un municipio con pocas opciones para el esparcimiento. “Aquí sólo hay un cine, un centro de boliche y creo que sería todo”, dice doña Alejandra.
Así fue como los Rivera, encabezados por Luis (hermano mayor) se encaminaron al deporte.
“A los muchachos que entreno les digo que sigan el ejemplo de Luis y Édgar, que para el entrenamiento son muy puntuales, son caballos para entrenar porque todo el tiempo están ahí”, comenta Francisco Javier Valencia, maestro de educación física y el hombre que los encaminó al atletismo.
“A los muchachos que entreno les digo ‘nos vemos mañana llueve, truene o relampaguee’. Es una frase que manejamos desde que estaba Luis aquí”, añade el instructor, marchista en su época de atleta y hoy encargado de detectar talentos en Agua Prieta.
El trabajo del profesor Valencia ahora es distinto, porque desde el viernes ya tiene un impulso extra: “Me da una fortaleza para que la gente que nos veía entrenar sepa que lo que hicimos tenía un fin, y que lo que hacemos con los demás muchachos tiene sentido”.
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