Tradiciones: Cumbre Tajín, y los dioses bajaron a la tierra...
La Cumbre Tajín reúne una vez a más a miles de turistas, quienes se contagian de aromas, espíritus, humos purificadores y una permanente fascinación por las raíces y la mexicanidad
CIUDAD DE MÉXICO.
El Tajín se apodera de tus sentidos. Y en marzo, cuando se produce el Equinoccio, se convierte en la tierra prometida.
La visión nocturna obnubila los sentidos. El espectáculo de luz y sonido se proyecta sobre las pirámides, los nichos y los senderos de esta tierra bendita donde los dioses pretenden perpetuarse.
El Tajín es una danza de luz, magia y evocación a los espíritus. Es la reunión anual de las culturas y el encuentro de las generaciones.
Fulgura el recinto ceremonial totonaca en todos los tonos. Ya por momentos son rojas sus escalinatas, y ante el asombro de los visitantes se tornan a moradas en un espectáculo nocturno.
Papantla está acostumbrada a recibir a cientos de visitantes.
El Tajín. Su historia y sus leyendas.
Hay, por supuesto, una actividad central: el equinoccio de primavera.
No olviden vestirse de blanco. Y su listón rojo en la cabeza. Hay que aprovechar para hacerse una limpia, para purificarse en el temazcal, para comprar, pues en estos días el Tajín es, además, un gran mercado. Vivamos el amor por las raíces, por las enseñanzas eternamente perdurables de los abuelos.
La Cumbre poseé tres elementos básicos: la majestuosa ciudad de Tajín, cuyo espectáculo nocturno vierte aromas de copal y yerbas medicinales. Siete estaciones habrán de recorrerse para satisfacer a los sentidos. El Tajín es paraíso de formas y colores.
El ritual inicia desde el acceso. Los viejos sabios, palmos de yerbas en las manos, y rezos ancestrales, murmullos interminables, invitan a sensibilizar el alma a través de un lugar misterioso y oscuro que se va abriendo entre el aire impregnado de copal, donde el grupo de médicos tradicionales brinda a los visitantes limpias ceremoniales de purificación.
Choca el rojo contra las escalinatas y la sombra de cada edificación realiza caprichosos trazos que cientos de cámaras capturan.
En la Pirámide de los Nichos se incorporan los "Quetzales" de Zozocolco, que con fastuosos penachos representan la invocación a los puntos cardinales, donde los danzantes giran imitando al planeta, la luna y el sol.
Son los niños totonacos quienes ofrecen a los espectadores caritas de barro rescatadas de pequeños bancos de arena mientras se vierten por toda la zona arqueológica los rezos de protección y la flauta acompaña cada paso de quien hoy visita la ciudad sagrada.
Los voladores realizan su vuelo en el árbol de la vida, de 22 metros de altura, desde donde invocan a las deidades por una buena temporada. Las imágenes colman de energía a los visitantes.
Son totonacas los policías de El Tajín: que nadie traspase las áreas protegidas. Que apenas se acerquen a los viejos que oran y cantan sin cesar.
Fuera los espíritus. los cuatro puntos cardinales otorgan el permiso para iniciar la Cumbre. Otra de las danzas tradicionales totonacas, "la Danza de los Negritos", combina los colores de paleta antigua y el atavío tradicional con la música de violín.
Este ritual lo conoce Alelí. Se la enseñaron en la escuela, como muchas otras de las leyendas de sus antepasados.
"Narra la historia donde el caporal es mordido por la serpiente de la maldad y antes de morir reparte los bienes a sus compañeros, pero su pureza lo salva; aquí surge Pilatos, el personaje del caballo de palo, la ropa vieja y las bromas, él representa las tentaciones condenadas a fracasar al frente del fervor de la verdad".
Acaba la noche y uno de los paseos obligados es por el nicho de los aromas y sabores. Las cocineras totonacas disponen de una decena de pequeñas cabañas de donde emergen los vapores de la cocina.
Los platillos:
Púlacles o tamales de frijol, frijoles en atchuchu, bollitos de anís, tamales de hojas de plátano, caldo de frijol, agua con chayote, cebollina, epazote, cilantro o chicharrón. Y dulces como tintines, pemoles, los pastelitos de masafina, tés, café y atole.
Pero la oferta culinaria es vasta en la región del totonacapan. Pues sumado a los guisos históricos a unos metros de la Cumbre se encuentra, en los merenderos, algún pescado al mojo de ajo; camarones a la diabla, o sándwiches, tortas y hamburguesas. Hot dogs, refrescos, cervezas, clamatos o micheladas.
A las tostadas, los molotes, las enchiladas zampadas, las espolvoreadas totonacas: tortillas recién hechas al comal, hay que adicionar el restaurante italiano que ha sido concecionado en uno de los principales espacios del parque.
Flautas y tambores. Colores en grandes penachos. Voladores que arrebatan los sentidos. Culturas ancestrales que se niegan a morir.
Aromas y sabores.
Ya. El Tajín vive.
Energetizante. Magia y espíritus. Ayer y hoy.
Otro elemento básico de El Tajín es un patrimonio intangible: la cultura totonaca, que se puede apreciar a través de un nutrido grupo de actividades en el parque temático.
Las filas no terminan durante todo el día. Cientos de veracruzanos y muchísimos visitantes de otras regiones del país, pero sobre todo un buen grupo de extranjeros, franceses, alemanes, o españoles y argentinos, llegan hasta aquí y esperan pacientes bajo este sol que no conoce la clemencia.
El tercer elemento básico del Tajín es su patrimonio ecológico, que promueve el acercamiento a las bellezas naturales del entorno, vía el deporte de aventura.
La Cumbre Tajín, así, es turismo cultural, de espectáculos y de aventura. Es la oportunidad de energetizarse, de convivir unos minutos con los dioses, del trueque y el comercio.
Es tiempo de mitos, leyendas, costumbres y creencias.
Venir a El Tajín es, también, la oportunidad de visitar al estado que late, es conocer la Ciudad Sagrada, el Encuentro de Voladores de diferentes latitudes, la Casa Totonaca, los talleres étnicos, las danzas autóctonas, el teatro campesino, la Casa Xanath, la Casa del Algodón, Radio Tajín…
Y los conciertos.
La Cumbre es ritmo, ecología, totonacos, prehispanidad; El Nicho de los Aromas y Sabores, el nicho de la Universidad Veracruzana, con exposiciones, poesías, cinematografía y artes visuales, entre otras actividades.
Y descenso de rápidos, bicicleta de montaña, rappel, cabalgatas, caminatas. Banquete para todos los sentidos, la Cumbre Tajín ha iniciado.
Vivamos el amor por nuestra tierra.
Papantla. Hace calor. De a poco arriban los visitantes. Al Centro Ceremonial y al Parque Temático. Es porque esta zona norte de Veracruz se ha convertido ya en un polo turístico obligado en los días a la espera del equinoccio.
Por todo el camino brotan efímeros negocios: la Cumbre, además de un encuentro cultural, se ha tornado en una fiesta musical que cada noche presenta diversos géneros.
La oferta es singular: la cultura totonaca, cuyo tema central, este año, es la fertilidad, y una nueva perspectiva que se maneja entre la población de convertir al Festival en una segunda Quinta Vergara y su Festival Viña del Mar. Pero antes de los sueños musicales del futuro, El Tajín fue centro divino.
Su esplendor:
Fue El Tajín el centro político y económico más importante al norte del estado. Su poderío rebasó los límites territoriales y la cultura totonaca se insertó en la Sierra de Puebla: en Yohualichan las excavaciones arrojaron nichos, taludes y cornisas similares a las de El Tajín.
Al sur, para arribar a El Tajín feroces guardias inquisitoriamente indagaban los motivos de la visita. Superado este inconveniente, el acceso era directo a la Plaza del Arroyo, limitada a los cuatro costados por basamentos piramidales.
A un lado de la plaza del Arroyo, una gran cancha del juego de pelota, y después de cruzar el bullicioso mercado, tres campos más del ritual deportivo de la región. Cabezas de serpientes emplumadas con humanos emergiendo de sus fauces, narran el culto a Quetzalcóatl.
Hacia el centro destacaba la plaza principal, con la Pirámide de los Nichos, ofrendada al Sol. 365 nichos exactos.
A un lado, los seis paneles de la más famosa cancha de juego de El Tajín.
Sus relieves describen la preparación de la ceremonia y a los jugadores vestidos elegantemente, auxiliados por sus ayudantes. Y lo más importante: la recreación del sacrifico.
La vida por el sueño sagrado de transformarse en águila, el ave solar.
Un tercer grabado evoca el enfrentamiento de dos jugadores. Su símbolo es el movimiento, la unión de los contrarios. El final del juego se representa en el cuarto panel: aquel jugador que hace un movimiento contrario al destino del sol es decapitado y su sangre se vierte en la tierra sagrada.
Las dos últimas escenas tienen que ver con la fecundación de los líquidos sagrados; en una se alude al cultivo del maguey y al procesamiento del pulque, cuya celebración se realiza en el templo de los ritos acuáticos, con un sacrificio humano; en la otra imagen, el dios de la lluvia se autosacrifica, y en el templo aparece un sacerdote disfrazado de pez.
En la Pirámide de los Nichos, era complejo el rito para agradecer al Sol el crecimiento de las plantas y la unión del calor que representaba al elemento masculino con la tierra, la eterna femineidad.
El Sol-águila bajaba a la tierra. Y cumplía así su sagrada misión.
Son familias voladoras, y la tradición continúa.
Horas más tarde serán mujeres las que realicen el ceremonial de las alturas. “Desde niña ya soñaba con volar. Me gustaba imaginarme en lo más alto del árbol de la vida, instantes antes de lanzarme al vacío”, revela Dolores Pérez, quien a sus 15 años es pionera, para confirmarlo abre amplios los brazos y asemeja el vuelo que durante siglos perteneció a un grupo especialmente elitista: el de los hombres.
Todos recuerdan el último vuelo de Jesús Arroyo Cerón.
En su nombre se realizan muchas de las actividades en este parque: cayó desde 15 metros mientras descendía y, entre música ancestral y la Mirada atónita de cientos de visitants, dijo adios.
Del árbol de la vida al respeto permanete, la veneración.
Ya son más de cincuenta niños; menos de cinco mujeres, que ya vuelan. Se han graduado y ya representan estos rituales en otras partes de la entidad y viajan por todo el país. Vivamos por perpetuar nuestros rituales.
Se ha dicho que vendrán miles de personas.
Que los alrededores estarán llenos.
Que no habrá lugar ni para estacionarse.
Que hay que levantarse temprano.
–Me voy a llevar unas piedras –dice Alelí, y observa las veredas de El Tajín y su río de pequeñas pìedras deslavadas por la historia.
–Mira esta. O esta, todas son bonitas.
Algo de especial deben tener las piedras recién cargadas de equinoccio. Pero ella exagera:
–Son piedras susurrantes. En ella se contienen todos los secretos de la región. Han sido testigos del paso de los siglos, de esplendor y de
derrumbe, de vida y ocaso. Ellas poseen la verdad del pueblo totonaca.
Quizás si las pongo bajo la almohada mis sueños me devuelvan al Tajín.
–Mmm, piedras susurrantes…
Caminan lentos, con los brazos abiertos, cientos de estos especiales peregrinos del sol primaveral. Se pinta de blanco la tarde entera; los velos y las túnicas se cargan de energía.
Alguien bromea:
–¿Y tú, cuánto tiempo crees que nos dure esta carga?
–No sé. Con que dure las cuatro horas que dura mi celular.
Vive el equinoccio en la Cumbre Tajín, la antigüedad en su viaje hacia el futuro. Siente la hospitalidad del pueblo Totonaco.
Este día Veracruz se viste de calidez, tradición, costumbres, legados y riquezas. Los rostros indígenas transmiten la emoción al observar con orgullo a sus voladores de Papantla.
Qué aromas despiden la vainilla, las yerbas medicinales, el copal.
–Pase. Hágase una limpia. La cooperación es voluntaria.
Y ya los humos se encargan del sucio trabajo de acabar con la maldad.
Dice Tsazná, la mujer con el niño a la espalda.
“Esta fecha para nuestros antepasados fue muy importante pues anunciaba el inicio de la temporada de lluvias, necesarias para la agricultura. Ellos estudiaron el movimiento del sol entre las constelaciones del zodiaco, lo que ayudaba a los antiguos astrónomos a determinar qué tan cerca estaba algún solsticio o equinoccio. Ellos nos heredaron toda su sabiduría…”
La zona arqueológica se llena de colores. El movimiento es permanente.
Todos compran y todos venden, se purifican, recuerdan su lugar en el planeta. Se les habla de hacer el bien, de ser mejores hombres, de que la naturaleza es un factor determinante, de la importancia del agua, la tierra y el sol como elementos generadores de vida.
Del tributo de viajar hasta acá.
Euqus: igual, y nox: noche. Equinoccio. El sol hace un recorrido eclíptico sobre la Tierra, cruza el Ecuador y pasa del hemisferio sur al norte. Y ya: el día y la noche son iguales en todo el mundo, con una duración exacta de 12 horas cada uno.
Gran celebración en El Tajín. Por el amor a la tierra, la veneración a los ancestros, la perpetuación de las leyendas y el infinito asombro por sus piedras susurrantes.




