¿Vendrá el bipartidismo?

Ricardo Anaya es el culpable de que el PAN haya perdido la oportunidad de regresar a Los Pinos. Esto lo dijo ayer Ernesto Cordero, senador blanquiazul públicamente peleado, desde hace unos meses, con la dirigencia de su partido. Además, aseguró que su militancia no lo ...

Ricardo Anaya es el culpable de que el PAN haya perdido la oportunidad de regresar a Los Pinos. Esto lo dijo ayer Ernesto Cordero, senador blanquiazul públicamente peleado, desde hace unos meses, con la dirigencia de su partido. Además, aseguró que su militancia no lo obliga a votar por el Frente, suponemos que menos si Anaya es el candidato. La ruptura al interior de la que hoy se ubica como la tercera fuerza política es evidente. Tras la salida de Margarita Zavala, el reflector quedó sobre Anaya (tal como él lo quería), pero de manera que lo único que alumbra son problemas, diferencias y riñas. Otros miembros de Acción Nacional, como Rafael Moreno Valle, han comenzado a despedirse de sus posibilidades y aspiraciones ante la indefinición que abraza Anaya con la intención de hacerse de la candidatura del Frente que formó con el PRD. Mientras tanto, los perredistas andan perdidos, sumergidos en una crisis de identidad criticada desde su interior. Miguel Ángel Mancera también se ha puesto riguroso. Hace un par de días afirmó que si alguien ha construido el Frente Ciudadano ha sido él. Esto también mirando a lo que se cocina en la dirigencia blanquiazul y que parece tener el aval de la presidencia perredista. Lo que en un principio se pensó como una alianza competitiva, comienza a disolverse, llevándose entre los pies a los partidos que lo forman. Ayer, José Antonio Meade, ya como aspirante presidencial del PRI, expresó que al Frente no lo ve en la final. Y es que, como dijimos en este espacio, la batalla electoral es de dos: PRI y Morena. El mismo AMLO lo reconoce. Recordemos que el tabasqueño también dio por muerto al Frente.

Sin embargo, en Morena también están ocurriendo cosas. Ricardo Monreal aseguró ayer que no aceptará ningún cargo de gobierno en caso de que Andrés Manuel López Obrador gane la Presidencia en 2018. Hace unos días, el aspirante presidencial afirmó que Monreal está pensado como secretario de Gobernación dentro de su gabinete. Aunque, días antes, trascendió que le ofrecieron una candidatura al Senado, luego de que se agudizara la distancia entre el delegado en la Cuauhtémoc y el dirigente de Morena, tras la elección de Claudia Sheinbaum como candidata a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. A su manera, Monreal asegura que desde donde esté, seguramente el ejercicio profesional privado, ayudará en lo que pueda para que AMLO sea el próximo presidente del país. Y es que hace unos días anunció que se va de la delegación que hoy encabeza y tomará un año sabático. El zacatecano insiste en que no pasa nada, que no hay conflicto, pero sus decisiones están tomadas y son claras.

La contienda electoral del próximo año no sólo será complicada per se, por los pronósticos que desde hace un par de días se hacen sobre los participantes en la elección. Parecería que, además, está marcando un rumbo distinto para la democracia nacional. O al menos eso parece que están pavimentando las diferencias entre los partidos. Monreal optó por salirse del escenario político. No aceptó las propuestas que recibió de otros partidos. Cordero, por su parte, marcando sus diferencias con Anaya y haciendo la advertencia de que no está obligado a votar por su partido ni por las alianzas que éste forme, estará endosando su apoyo a ese candidato que, sabemos, es su amigo de muchos años. Jamás votaría por Andrés Manuel. No dudo que lo mismo ocurra con muchos personajes de la vida pública y ciudadanos, quienes, al paso con el que avance la campaña, tendrán que tomar una decisión. El pluripartidismo comenzó a desdibujarse. Hoy, claramente, los grupos se están partiendo. Independientemente de quien sea el ganador, vale la pena pensar en qué sucederá en un país en donde el bipartidismo comienza a tomar forma. La única manera de asegurar gobernabilidad es con la garantía de la construcción de diálogo y el consenso democrático. Y eso, sabemos, en uno de los polos ha resultado hasta hoy imposible. Pero a ese polo también le conviene construir acuerdos institucionales para que su opinión importe e incida y no solamente gane titulares en la prensa y en las redes. Para que importe, pues.

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