Los indie…
“Los políticos tendrían que ser eso: independientes, y no políticos profesionales en rebeldía con los aparatos que les dieron la espalda. Varios de los registrados –haciendo uso de sus legítimos derechos políticos están ahí por razones completamente distintas ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
“Los políticos tendrían que ser eso: independientes, y no políticos profesionales en rebeldía con los aparatos que les dieron la espalda. Varios de los registrados –haciendo uso de sus legítimos derechos políticos— están ahí por razones completamente distintas a las que se previeron cuando se legisló esa figura...”, escribió ayer Mauricio Merino en El Universal. La razón para esta cruda verdad: los 86 aspirantes registrados que buscan aparecer en la boleta como candidatos a la Presidencia de la República en la elección del próximo año. Aunque sólo haya dos recuadros en la boleta que conocemos, vaya usted a saber cuántas hojas nos terminarán dando en la casilla. De estos 86, siete son mujeres, 40 ya recibieron constancia, 8 ya toparon con pared y no cubrieron los requisitos y los restantes 38 les dieron chance de corregir sus fallas en el registro en las próximas 48 horas (de las que ya les quedan nomás 24). Otros más, la mayoría, ya comenzaron con la recolección de firmas, deben juntar más de 865 mil 500 firmas, de 17 entidades federativas, para ser oficialmente candidatos, eso, entre otros requisitos de más fácil alcance. Pero lo que nos preguntamos ahora, es qué tan saludable es para nuestra democracia que su apertura permita que personajes que hasta ayer veíamos en fotos partidistas, hoy ondeen la bandera independiente.
El reto para todos o, más bien, para esos exmilitantes en el pasado inmediato, es sacudirse las filias que debían respetar por formar parte de una militancia. ¿Margarita Zavala será ahora mucho más abierta a la agenda progresista a la que se resiste su expartido? ¿El Bronco pensará que sus casi dos años de gubernatura en Nuevo León, avalan un trabajo político alejado de las filas partidistas? Y no sólo ellos, también quienes hoy nos resultan unos desconocidos, y que tienen poco menos de 120 días para cambiar esto, pero para ello necesitan algo más que buena voluntad que sustente el proyecto que desean encabezar.
A todos nos entusiasma la idea de las candidaturas independientes, pero el tema es que no debemos permitir que esta nueva figura se vuelva la posibilidad para el brinco de chapulín: si no se obtiene por la vía partidista, se debe cerrar la puerta para que se consiga vía “independiente”, así, entre comillas.
“Para competir por la Presidencia hacen falta partidos, no personajes iluminados por la epifanía o por el encono hacía sus antiguos correligionarios...”, agregaba Merino. Y no sólo para la Presidencia: para el proceso federal del 2018, se registraron 185 aspirantes para diputados federales, 57 para senadores (aunque sólo 4 cubrieron los requisitos) y tres para la elección de Jefe de Gobierno en la Ciudad de México. Y, al menos, ya se cerró el registro o seguiríamos contando.
La boleta electoral corre el riesgo de ser, más que una hoja con nombres de aspirantes, una revista de sociales que dividirá el voto y hará llegar al ganador con el menor porcentaje posible. Las candidaturas independientes son necesarias, desde luego, pero este primer ejercicio para una elección presidencial, debe obligar a la lupa para la mejora de los estatutos que permiten la figura de los indies. Sí es un formato que renueva la práctica democrática en el país, pero es, absolutamente, perfectible. Ayer, el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, decía que esta elección tendrá la movilización ciudadana más grande de la historia y que, obviamente, no todos los aspirantes llegarán al proceso final. Y es cierto, pero esta nueva modalidad debe ir acompañada de una responsabilidad de las autoridades que protejan la que hoy, es la más fresca posibilidad en una elección. Bienvenidos los indies, pero también bienvenida la crítica hacia ellos y sus pasos.
#MeCuentan… Que ayer, Raúl Cervantes se reunió con su equipo más cercano tras presentar ante el Senado su renuncia, y que se le veía sonriente y del mejor de los humores: “Como si le hubieran quitado una losa de encima”, fue la descripción textual. Inteligente como es, el ahora exprocurador general de la República, entiende que hay algunas ollas a las que hay que levantar la válvula no sólo para que no exploten, sino para que el guiso quede en el debido punto de cocción.