Su #3de3: light, decaf y vegana

Va de nuevo, el mensaje en las urnas del pasado 5 junio fue muy claro: a los ciudadanos nos cansaron las transas y castigamos con el voto a los corruptos. Así de sencillo. “El que tuvo que esperarse para aprender esto es de lento aprendizaje...”, me dijo el senador ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Va de nuevo, el mensaje en las urnas del pasado 5 junio fue muy claro: a los ciudadanos nos cansaron las transas y castigamos con el voto a los corruptos. Así de sencillo. “El que tuvo que esperarse para aprender esto es de lento aprendizaje...”, me dijo el senador Pablo Escudero, presidente de la Comisión Anticorrupción. “Nosotros desde hace mucho tiempo entendimos el mensaje de los ciudadanos de que había que diseñar los sistemas y reformas constitucionales para combatir la corrupción...”. Pero será que como la serpiente que se muerde la cola: o sea, sí pero no. O, al menos, no tanto. O sea, sí harán su declaración fiscal, patrimonial y de interés, pero 1) no será pública, es decir ni yo ni usted que me lee conoceremos dichas declaraciones “porque es peligroso y tentador” para los malosos (no vayan los secuestradores a relamerse los bigotes con las cuentas de banco de nuestra clase política. O bueno, pensándolo bien, seguramente, sí salivarían). O sea, estará descafeinada. Y además, 2) tampoco conservará su carácter de “obligatoriedad” (es decir, va a presentarla sólo aquel al que le dé la gana). O sea, será una versión light, para que no se les vean las lonjitas por aquí y por allá. Y 3) los términos de los cuestionarios los elaborarán, sí, los ciudadanos, pero unos ciudadanos escogidos por otros ciudadanos que a su vez serán escogidos por los partidos políticos. O sea, será vegana, muy vegana, para que sea de fácil, muy fácil digestión.

Pero poco es lo que quedó de esa #Ley3de3 que firmamos miles de ciudadanos mexicanos. Habríamos querido que su resolución fuera en las semanas previas a la elección, pero no fue así. La mandaron a la famosísima congeladora. Con el inicio del periodo extraordinario, comenzó a discutirse este tema en el Pleno, pero como era de esperarse, los legisladores (principalmente, del PRI y PVEM), le hicieron unos pequeños cambiecillos (de los que seguro la ciudadanía ni cuenta se dará).

Parece que el mensaje de las urnas, en realidad no fue para ellos tan doloroso como debió haber sido, como lo sería en cualquier democracia decente, en la que los premios y castigos de votar en favor o en contra de los partidos los obliga a la rendición de cuentas y a la atención de las demandas ciudadanas. Eso parece que los tiene con muy poco pendiente. Fingen que quieren entenderlo y atenderlo, pero únicamente aprobaron todos (PRI, PVEM, PAN y los demás) una cazuela con atole para dárnoslo con el dedo. Y hasta el atole es light, decaf y vegano. ¿Hasta cuando la clase política de este país mostrará un poquito de decencia? Los vimos a todos desfilar por la tribuna (y salvo honrosas excepciones) solamente para exhibir su elocuencia y su capacidad retórica para presentar como coloridos argumentos que camuflan la grisura de la opacidad en la que quieren permanecer, ellos y los suyos, todos.

Y lo peor es que creen que nos la vamos a creer. Ignorando (o pasando de largo) que buena parte de la inteligencia participativa de este país (el Imco, Transparencia Mexicana, Mexicanos Primero, entre otras), así como de la famosa comentocracia fuimos los más involucrados (ellos en la elaboración y redacción; nosotros en la promoción) en esta primera iniciativa ciudadana. No los amedrenta pensar que podamos poner en tela de juicio lo que aprobaron. Ni nosotros ni los cientos de miles de ciudadanos que la firmaron. Pero ya verá, querido lector. Al final les va a salir más caro el caldo descafeinado que las albóndigas de ese patrimonio que tanto se empeñan en ocultar. Porque lo que hemos comprobado en 2015 y 2016 es que la ciudadanía al menos ya aprendió a castigar con la única arma que todavía le queda: el voto. Y ese no vino ni descafeinado ni bajo en calorías ni libre de glutamato ni con ni sin gorgojo. El voto se dejó ir con todo, castigó con todo, como se dejará sentir y sabrá castigar en el 2018. Porque aprobaron su #3de3, y no la nuestra. La que firmamos más de 600 mil ciudadanos.

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