Del PVEM al Conacyt

Un país que no invierte en investigación científica está destinado al estancamiento en el mejor de los casos, y a la dependencia, en el peor.

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

“Los gastos en investigación y desarrollo son gastos corrientes y de capital (público y privado) en trabajo creativo realizado sistemáticamente para incrementar los conocimientos, incluso los conocimientos sobre la humanidad, la cultura y la sociedad, y el uso de los conocimientos para nuevas aplicaciones. El área de investigación y desarrollo abarca la investigación básica, la investigación aplicada y el desarrollo experimental”. Así define el Banco Mundial un rubro del que México no es ajeno, pero tampoco un entusiasta. Si bien es cierto que dentro del Presupuesto de Egresos siempre se destinan recursos que van al Conacyt, es igualmente cierto que la cantidad no es suficiente. Peor aun: es de los rubros más abandonados (desde hace décadas) en el paquete presupuestal. México es hoy uno de los países en donde menos dinero se destina para el área de investigación científica. Según el mismo Banco Mundial, nuestro país apenas registró una inversión en esta área de 0.46% y 0.43% del PIB en 2010 y 2011, respectivamente. La OCDE anota que para el 2014, este porcentaje se elevó, llegando a 0.56% (¿wow?, un incremento de 0.13%) y, evidentemente, deja constancia de que entre sus países miembros estamos en los últimos lugares en inversión en la materia. Un país que no invierte en investigación científica, es un país destinado al estancamiento en el mejor de los casos, y a la dependencia, en el peor.

Teniendo esto como antecedente, resulta una gran noticia que se haya decidido que las multas que el INE obligue a pagar a los partidos políticos por infringir leyes electorales sean destinadas al Conacyt. No sólo porque es a través de la investigación y la innovación en ciencia y tecnología como se pueden diseñar nuevas estrategias de desarrollo a corto, mediano y largo plazos, sino porque sería un despropósito regresar a los mismos partidos, si bien indirectamente, la lana que le cobren a los mismos por violentar las leyes electorales.

A México no le falta talento, le falta arrojo para apostarle al mismo, para diseñar los incentivos e instituciones adecuados para hacerlos florecer. Para evitar la famosa y lastimosa “fuga de cerebros”, para dotarlos de oportunidades de crecimiento en su propio país. No sólo en materia de ciencia y tecnología. En tantas otras materias hay antecedentes de quienes se van del país buscando la oportunidad de desarrollarse y en todas hay casos de éxito. Contamos al Nobel de Mario Molina de la misma forma en que contamos los Oscar de Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñárritu y Emmanuel Lubezky. Contamos con medallas olímpicas de la misma forma que los goles del Chicharito en las canchas británicas. A México le sobra talento. Y en materia de innovación científica y tecnológica, las manos de mexicanos han dado muestra de la calidad de los trabajos que realizan. Aquí di cuenta de cuando alumnos de la Escuela Mexicana de Robótica triunfaron en un concurso convocado por la NASA. Pequeños niños genios a quienes tuve la oportunidad de entrevistar. Ahí pude constatar, de nuevo, que lo que sobra en México es talento y ganas. Faltan plataformas y gasolina para echar a andar tantos proyectos e investigaciones, como aquellas que abraza el Conacyt. O creadores en todas las instituciones de educación media y superior que no encuentran financiamiento para sus investigaciones o para desarrollar sus proyectos. Un mexicano, profesor de la Universidad Iberoamericana, Juan Pablo Agusil, fue quien recientemente diseñó la “prueba rápida” para la detección del virus del ébola, pero, evidentemente, en un país en el que se tiene que importar 90% de tecnología biomédica resulta un hallazgo y un triunfo que quedan a disposición de los laboratorios extranjeros que puedan producir (masiva y urgentemente) un dispositivo de esta naturaleza. Y como este ejemplo, hay decenas de descubrimientos mexicanos que, por falta de infraestructura, no logran desarrollarse con todo su potencial.

El gobierno federal tiene planeado para este año incrementar la tasa de porcentaje del PIB, que representa su inversión en materia de ciencia y tecnología. Este año asignaron un presupuesto de 33 mil 706 millones de pesos, 4.5% más que en 2014. Esperan cerrar el año alcanzando el 1% del PIB. Decisiones como la anunciada ayer nos dice que va en serio. Por lo pronto para allá —al Conacyt— irán los 67 millones de pesos que tendrá que pagar el PVEM y los 7 millones que pagarán Cinemex y Cinépolis, respectivamente, por haber violado la veda electoral poniéndonos bajo el suplicio de aquellos famosos spots previos a las funciones de cine. Al menos no veremos esos 74 millones de pesos regresando bajo la forma de prerrogativas a nuevos cineminutos del Verde, a propaganda de López Obrador, a bocinas para mítines del PRI, a despensas del PRD, o a pendones turquesa de Nueva Alianza.

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