La casa de Videgaray
En Excélsior vimos ayer dos notas principales. La primera refiriéndose a los 14 mil millones de dólares de la primera inversión en el sector energético. La segunda sobre lo publicado por The Wall Street Journal, el reporte de compra de un inmueble que Luis Videgaray ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
En Excélsior vimos ayer dos notas principales. La primera refiriéndose a los 14 mil millones de dólares de la primera inversión en el sector energético. La segunda sobre lo publicado por The Wall Street Journal, el reporte de compra de un inmueble que Luis Videgaray hizo a Grupo Higa, de Armando Hinojosa. Vaya paradoja. Ambas tenían todo que ver con el secretario de Hacienda.
Para nadie en México —ni en el extranjero— es secreto que Videgaray es el artífice de las reformas aprobadas en estos dos primeros años del sexenio. Él fue pieza clave en el armado, diseño, negociación e implementación de éstas. Esos 14 mil millones de dólares se le deben, en gran medida, a él. ¿Cómo el trabajo de Luis Videgaray podía verse empañado por tener también una casa del principal contratista de Enrique Peña Nieto durante su gobierno en el Estado de México? ¿Habrá sido un error de juicio? Esa explicación me doy cuando leo lo relacionado a la información difundida por The Wall Street Journal. Tal operación no podía no despertar sospechas cuando existen hoy tantas suspicacias sobre aquella casa de Sierra Gorda 150. Y pienso en el error de juicio y en aquella frase que reza que no hay que hacer cosas buenas que parezcan malas... Lo pienso porque en el reportaje hacen una precisión importantísima: El señor Videgaray no incurrió en ninguna ilegalidad... Pero, ¿acaso Videgaray no pensó que en algún momento sería un asunto cuestionable?
Se lo pregunté ayer por la tarde en Reporte 98.5. Y contestó: Definitivamente no. Con la información que tenía en ese momento, lo primero que hice fue analizar la legalidad de la operación. Era una operación ordinaria de compr-venta, una operación legal. Analicé si existía algún conflicto de interés, y en ese momento llegué a la misma conclusión que tengo el día de hoy: no existe ningún conflicto de interés. Por lo tanto, procedí a hacer la operación conforme a mi propio derecho. El haber actuado con apego a la legalidad, a la transparencia y al hacerlo público, me da la tranquilidad que hoy tengo ante todo este cuestionamiento, mismo que además entiendo perfectamente bien. Porque dado que la cobertura, la atención periodística que ha habido a temas de esta índole en las últimas semanas, y que han generado una situación compleja en el país, entiendo que éste sea y será un tema de gran interés de la opinión pública. Y yo debo estar disponible para explicar de qué se trata algo que hice, insisto, con transparencia y en la legalidad. En ese sentido, nos corresponde a los servidores públicos de una sociedad abierta, democrática y plural, como la que afortunadamente tenemos en México, someternos al escrutinio de la gente, de la sociedad...
Luis Videgaray se dice dispuesto a ser investigado, preferiblemente, por una instancia ajena al gobierno. Y hace bien. Porque es, además de todo, la cara del gobierno de Peña Nieto ante el mundo financiero global, el principal interlocutor de los posibles inversionistas extranjeros, y debe estar libre de toda sospecha.
Hace unos días, Bill Clinton decía a Jorge Ramos en entrevista cuando éste le preguntó sobre la Casa Blanca: Primero, hay que quitar cualquier posibilidad de conflicto de intereses y ser totalmente transparentes. Resolver y continuar gobernando porque el país tiene mayores desafíos. Su vida y su futuro no valen una casa; menos aún el de México. Hacer lo que tenga que hacer para continuar haciendo su trabajo... Contestaba así quien enfrentó una crisis de gobierno por el affaire Monica Lewinski. Lo comenté con Luis Videgaray y respondía: efectivamente, ahora lo que toca, en medio de esta coyuntura, es seguir trabajando incansablemente, conservar nuestra estabilidad financiera y, sobre todo en este entorno complejo, el gobierno mexicano no puede ni debe dejar de implementar la agenda de reformas estructurales. En los primeros dos años se lograron cosas extraordinarias, que muchas personas creyeron que eran imposibles, y que van a transformar la realidad económica de México y de las familias mexicanas. Ahí sigue estando nuestra gran prioridad.
A mitad de ésta, que muchos colegas llaman la tormenta perfecta, no podemos sino esperar que estos nubarrones se disipen cuanto antes. Y para ello, restaurar la confianza ciudadana (y de los inversionistas) debe ser prioridad para el gobierno de Peña Nieto. De lo contrario, la navegación de los cuatro años restantes se antoja complicadísima. Tal vez valga la pena escuchar a Clinton y transparentar absolutamente todo (más aun cualquier asunto asociado a Higa y sucursales) y hacer lo que tenga que hacer para despejar cualquier sospecha. Tal vez aquí, ojo, quien tenga que salir a dar explicaciones sea el propio Juan Armando Hinojosa, que lleva casi un mes de silencio alimentando el sospechosismo del pueblo mexicano. Si verdaderamente es amigo del presidente Peña, lo que le tocaría hacer es mostrarnos que su actividad empresarial se encuentra en regla. En aras de abonar a la transparencia a la que ayer se refería el propio Videgaray.