Inocencia vendida

Lamentablemente, el secuestro y trata de niñas no son circunstancias exclusivas de un país que vemos lejano.

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Yuriria Sierra 14/05/2014 01:28
Inocencia vendida

La especie capaz de explosiones de violencia inauditas y de actos profundamente mezquinos, dolorosos e inconcebibles, según la lectura que Michel Houellebecq hace de nosotros, los seres humanos. Cuando leíamos sobre lo que sucede con las niñas secuestradas en Nigeria, lo confirmamos. Niñas secuestradas, torturadas, violadas o vendidas por unos cuantos dólares. Algunas, con suerte, pudieron escapar del horror, y gracias a ellas es que estos hechos hoy los conocemos. Y también gracias a aquellas voces que se han levantado para que el eco sea de mayor alcance y comencemos a tomar conciencia de las condiciones en que niñas y niños viven en aquella región.

Lamentablemente, no son circunstancias exclusivas de un país que vemos lejano. Desde hace varios años, organizaciones encargadas de luchar y proteger los derechos humanos han denunciado la situación que viven las niñas indígenas en nuestro país. Apenas hace un par de meses, conocimos la historia de Roxana, quien a sus 14 años fue enviada a una prisión en Chiapas. ¿Su “delito”? Huir de la casa en la que vivía con quien la compró por 15 mil pesos.

Ese, el último caso del que supimos que ocurrió en nuestro país, pero no ha sido el único. Desde hace años se han documentado casos. El Comité de Seguimiento de la Alianza de Mujeres Indígenas de México y Centroamérica registra que 70% de las niñas que son víctimas de quienes se dedican a la trata de personas son justamente miembros de las comunidades indígenas. En sus registros, anotan que algunas de ellas son vendidas en cinco mil o hasta en 40 mil pesos. Aunque también hay quienes son entregadas por intercambio; un predio, un local comercial, una vaca, un celular... ¡o hasta por un cartón de cervezas!

Niñas vendidas o intercambiadas. Algunas, enviadas para convertirse en empleadas domésticas —siendo ellas a quienes, tal vez, mejor les va—, porque otras son explotadas sexualmente o condenadas a una vida de pareja que no eligen, pues ni siquiera tienen la edad para ello.

Ahora que un tema de red de prostitución al servicio del exdirigente del PRI en el DF, Cuauhtémoc Gutiérrez, fue revelado y es investigado, comenzamos a entender mejor la complicación en la que resulta dar seguimiento a este tipo de casos; tuvieron que transcurrir varios días (o semanas) para que la primera denuncia contra Gutiérrez fuera levantada.

Y es que, incluso en el Distrito Federal, comunidades indígenas asentadas en la capital han denunciado la venta de niñas y adolescentes. Así que no sólo es un problema exclusivo de las localidades indígenas de estados como Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Veracruz. También ciudades como el DF, localidades como las que se ubican en la línea fronteriza norte en Baja California o Chihuahua.

Está muy bien que se emitan comunicados y posturas por lo que sucede en Nigeria, pero, ¿qué hacemos por las niñas de nuestro país que también son tratadas como mercancía? ¿Qué hacemos por que sus derechos más básicos sean respetados? Ya no sólo el que sean tratadas como seres humanos, sino porque tengan también acceso a todas las posibilidades. La mayoría, ni a la escuela puede asistir y queda condenada a este tipo de maltratos. Tan imperdonables todos.

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