PAN y circo
¿En qué se ha convertido el PAN? Es un mal necesario para todos, incluyendo para los panistas. Es una caricatura de lo que fue en sus buenos tiempos; combatió el poder hasta que lo alcanzó y se mimetizó con eso que tanto criticaban. Hoy, es un partido que a sus 75 ...

Vianey Esquinca
La inmaculada percepción
¿En qué se ha convertido el PAN? Es un mal necesario para todos, incluyendo para los panistas. Es una caricatura de lo que fue en sus buenos tiempos; combatió el poder hasta que lo alcanzó y se mimetizó con eso que tanto criticaban. Hoy, es un partido que a sus 75 años ha perdido rumbo, se ve extraviado, presenta todos los achaques propios de una institución que no ha sabido cuidarse ni reinventarse. En unas palabras el PAN está chocheando.
Representa a uno de los tres partidos más importantes del país, pero se comporta como si fuera un chiquipartido, sin responsabilidad, control ni autocrítica, condición necesaria para primero, reconocer que están en un socavón de credibilidad y luego para intentar salir de él sin hundirse más.
Pero no, al PAN le encanta entonar canciones como: “No oigo, no oigo soy de palo y tengo orejas de pescado”; “Voy derecho (o medio chueco) no me quito, si me pegan me desquito”. Así, en lugar de realizar un análisis de lo que está sucediendo en ese partido y resolverlo, tienden a buscar culpables externos.
Entonces no fue que los diputados se hayan equivocado en organizar en Puerto Vallarta una reunión de relajamiento con bailarinas exóticas, el problema fue que unas fuerzas malignas decidieron grabar sus andanzas y bailongos. Y por supuesto no puede faltar la consabida frase de: “Con fines políticos”.
Con esa lógica, seguramente dirán que alguien usurpó el cuerpo del senador panista José María Martínez quien acusó a Jorge Luis Preciado de haberle ofrecido medio millón de pesos a cambio de que respaldara las iniciativas del Ejecutivo y su partido. Igualmente podrán decir que un extraterrestre se metió al cerebro de otro senador blanquiazul, Martín Orozco y lo obligó a decir que Preciado lo invitó a una fiesta con sexoservidoras.
Sólo falta que comenten que Preciado que está levantando un castillo-hotel en Colima, tiene un doble que es quien realmente está edificando semejando construcción en unos siete mil 500 metros cuadrados.
Por supuesto, en este intento de ver al enemigo en la acera de enfrente y no en la propia casa, no puede faltar la clásica: echarle la culpa al “bombardeo mediático y publicitario”. Los medios se convierten entonces en esos seres malignos y despiadados que tienen la mala costumbre de cubrir los escándalos y las malas noticias y no rascarla a buscar esos hechos positivos que no se ven ni a primera ni a segunda ni a tercera vista, pero que por ahí deben de estar.
Todos esos pretextos son ocupados antes de reconocer que el PAN se está descomponiendo y que comienza a oler a muerto. Si cuando su padrón electoral bajó a poco más de 270 mil afiliados, no se dieron cuenta que algo andaba mal, ahorita es el momento de hacer un alto y decidir cómo van a ir por la vida. No pueden seguir siendo ese circo lleno de animales, payasos ni trapecistas, en el que la especialidad son los escándalos y la cuerda floja.
Los panistas han señalado que su bandera para las elecciones del próximo año será que reconozcan su papel en la aprobación de las reformas estructurales aprobadas en el Congreso, ya que ellos son como los padres putativos de esas iniciativas. Si esto es con lo único que van a salir, malas noticias.
Primero, porque el PRI también llevará esta bandera “reformadora” en sus campañas; segundo, porque la gente sigue sin ver resultados de esas iniciativas así que no necesariamente serán tan receptivos con esos mensajes; y tercero, porque los escándalos en que están envueltos los panistas ensombrecen cualquier otra propuesta.
El PAN requiere cirugías mayores, y no placebos o autocomplacencias. Si el partido se obstina en minimizar sus escándalos y errores le va a pasar como al exgobernador de Michoacán, Fausto Vallejo, quien en plena crisis del estado seguía diciendo que no pasaba nada, y pues sí paso… él se fue.