El oscuro lenguaje de las letras
Hay secrecía en torno a la “nomenclatura” vial en Benito Juárez

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
En un atinado reportaje, Excélsior documentó lo relacionado con el gasto que representa la fabricación de las letras de la infamia que el gobierno de la alcaldía de Benito Juárez (porque ya es alcaldía, ya no existen legalmente las delegaciones) tuvo a bien colocar en toda la demarcación. Según Excélsior, el gobierno local gastó $960,420 para la fabricación de, por lo menos, 30 pares de letras metálicas de dos metros de altura y dos y medio metros de largo, cada una, a un precio de $16,007. Esta información proviene de una fuente interna del gobierno, pues la institución se ha negado sistemáticamente a dar la información oficial, y mucho menos a mostrar el contrato con el que se ampara la compra de la “nomenclatura oficial”. Varios ciudadanos de Benito Juárez han requerido la información pertinente sobre el diseño, la fabricación, la adquisición y la colocación de las letras.
Según el reportaje de Excélsior, “la vecina Paola Parilla asegura haber interpuesto seis (¡6!) solicitudes a través de transparencia para obtener el contrato sobre la compra e instalaciones de las iniciales. Por alguna razón, la delegación ha rechazado todos sus documentos, argumentando que falta información. Parilla habla de la solicitud: La metí dirigida a la delegación y a contraloría. Contraloría dice que no es su tema y la delegación indica que falta información. En un encuentro con el delegado nos dijo: “Yo te lo digo —pero le contesté que yo quería el papel—. No quieren dar esa información”, acusó.
El usuario José Manuel Azpiroz escribió a través de su cuenta de Twitter: “¡Las letras panistas #BJ aparecen en cada espacio público de la delegación! Las instalan de noche a escondidas. ¿Cuánto costaron? ¿De quién es el negocio?”, termina preguntando Azpiroz. En su cuenta de Twitter, @InMixcoac, dijo contundente: “Inútiles y caras letras de la @DelegaciónBj siguen apareciendo por todos lados. Gasto inútil de nuestros impuestos”.
Con este reportaje se confirman varias cosas. En primer término, se constata que hay mucha oscuridad y secrecía en torno a las autorizaciones y los costos de las letras de “nomenclatura” vial en Benito Juárez. Evidentemente, no se quiere dar a conocer ni las autorizaciones debidamente acreditadas al gobierno local por parte del gobierno central (porque la delegación no puede autorizarse la colocación de las letras sin permisos de Seduvi) ni el contrato que permitió la contratación de las letras.
En segundo lugar, el descontento de la ciudadanía se ha hecho evidente. Se considera ofensiva la colocación de letras pintadas con los colores del PAN. La lógica de la nomenclatura vial es que todos los ciudadanos se consideren reconocidos en esos símbolos y no solamente los partidarios de una corriente ideológica.
Por otro lado, se considera como un desfalco al erario, el gasto realizado en torno a la fabricación y colocación de letras con tan fuerte connotación partidista. Especialmente cuando son producto de una “política pública” que coincide con el proceso electoral en curso. También porque las necesidades apremiantes de tantos damnificados de los sismos recientes reclaman una actitud diferente de las autoridades: más empatía con los pobladores en general y menos sectarismo y favoritismos hacia los adictos al régimen.
Las letras, que debieran ser señal de ilustración y sabiduría en Benito Juárez, simbolizan oscuridad, secrecía e ignorancia. Trágico.