Sucesos trascendentes

Dos acontecimientos destacados se han observado en los últimos días. El primero de ellos, la rápida reacción del secretario de Gobernación para contener el movimiento estudiantil del Politécnico Nacional, que amenazaba con radicalizarse ante la cercanía del 2 de ...

Dos acontecimientos destacados se han observado en los últimos días.

El primero de ellos, la rápida reacción del secretario de Gobernación para contener el movimiento estudiantil del Politécnico Nacional, que amenazaba con radicalizarse ante la cercanía del 2 de octubre.

Miguel Ángel Osorio Chong arriesgó —con éxito— su gestión como ministro del interior, al tomar la valiente decisión de subir sólo a un templete rodeado de jóvenes y dialogar con ellos.

Si bien el problema aún no se resuelve, el objetivo de bajarle la conflictividad a las protestas, dio resultado. Hoy podemos celebrar un saldo blanco en la manifestación conmemorativa de los 46 años de los tristes acontecimientos de la noche de Tlaltelolco.

Desde luego que el asunto va para largo y el compromiso del secretario será aprovechado por los jóvenes para obtener dividendos a su inconformidad.

La rebeldía en contra de las modificaciones reglamentarias dentro del Politécnico, que entiendo fueron aprobadas de acuerdo con las normas internas; revela que se tienen que modificar las cosas dentro de dicha institución, para tomar acuerdos más consensuados —e informar de manera correcta— las cosas que afectan a dicha comunidad.

Si los jóvenes siguen actuando con la madurez e inteligencia con la que se han conducido hasta ahora, pueden terminar logrando el compromiso del gobierno para concederle autonomía a esa institución; que ha dado muchas glorias al país.

El segundo hecho, es la determinación de la Secretaría de la Defensa Nacional de consignar y detener a un oficial y siete elementos de tropa, que participaron en los hechos ocurridos en el municipio de Tlatlaya, Estado de México, en el que murieron 22 presuntos delincuentes.

La dependencia precisó que la investigación de la Procuraduría castrense, es independiente a la que realiza la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada sobre esos acontecimientos; en donde supuestamente, se habrían ajusticiado a personas, después de que se rindieron luego de sostener un tiroteo con los militares.

Esta determinación inédita, ha sido cuestionada por algunos analistas diciendo que es extemporánea y obligada por presiones internacionales. Pero, conviene reflexionar en varias cosas.

Las fuerzas armadas no están entrenadas para labores de policía preventiva, sino para una eventual confrontación bélica. Tampoco se les ha brindado un marco legal que controle y proteja su actuación en las labores a las que las han obligado a intervenir.

Actúan bajo principios y reglas que la ciudadanía mexicana —de manera  lamentable— no estamos acostumbrados a observar: orden, disciplina y obediencia.

Si los militares son agredidos, resulta obvio esperar que su reacción sea muy diferente a la de la policía. Están adiestrados para el combate, no para la negociación.

Desde luego que como humanos que son, existen algunos más violentos que otros; y con mando, resulta entendible —más no justificable— que algunos también tiendan abusar de su poder.

Sin embargo, el general secretario Salvador Cienfuegos

—quien antes de ser ministro, fue comandante en varias regiones del país—, actuó con firmeza y ordenó las consignaciones.

Es una decisión difícil, porque dentro del Ejército debe privar una profunda molestia, motivada por el enjuiciamiento de los militares, en el cumplimiento de sus instrucciones y que al parecer repelieron una agresión.

Considero que el secretario actuó con inteligencia, pues le quitó al asunto la presión internacional y mandó una señal clara hacia los oficiales y tropas, de que no va a encubrir excesos injustificados.

So pretexto de que la intervención de las Fuerzas Armadas es temporal, no se ha querido cambiar su marco legal. Pero esto lleva años y su rol social y  prestigio, están siendo arriesgados.

Como Corolario, conviene recordar al francés Víctor Hugo, que decía: “Es cosa fácil ser bueno; lo difícil es ser justo”.

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