El bombero del Presidente

COMPARTIR 
Pascal Beltrán del Río 12/05/2014 01:28
El bombero del Presidente

Alfredo Castillo Cervantes debe estarse acostumbrando a cumplir las tareas complicadas que le encarga Enrique Peña Nieto.

La primera vez que lo hizo fue cuando su jefe era gobernador del Estado de México y enfrentó una crisis de opinión pública por la investigación sobre la desaparición y muerte de la niña Paulette.

Aquella vez, en mayo de 2010, Castillo fue designado procurador general de Justicia del Estado de México, en sustitución del vilipendiado Alberto Bazbaz. Incluso permaneció en el cargo durante los primeros quince meses del gobierno de Eruviel Ávila.

Cuando Peña Nieto tomó posesión de la Presidencia, Castillo fue designado subprocurador de Control Regional, Procedimientos Penales y Amparo de la PGR. Desde esa posición, le encargaron la investigación sobre la explosión en la torre B2 del complejo administrativo de Pemex, ocurrida el 31 de enero de 2013.

Posteriormente, dejó la PGR para asumir otra labor de apagafuegos: el cese del procurador federal del Consumidor, Humberto Benítez Treviño, el 15 de mayo de 2013.

En su tarea más reciente como bombero, Castillo ha sido, desde hace cuatro meses, el comisionado especial para atender la inseguridad en Michoacán.

Para no variar, el encargo ha sido delicado. Sin duda, el más complicado de los cuatro, pues Castillo ha tenido que sortear los peligros físicos y jurídicos propiciados por la respuesta civil armada a la violencia criminal descontrolada en varios municipios.

Al principio sonaba descabellado —y aún es un despropósito legal— tolerar que un grupo de personas ande por calles y carreteras empuñando armas de alto poder con un objetivo explícitamente prohibido por la Constitución: hacer justicia por propia mano.

Sin embargo, el comisionado ha sabido echar mano de la paciencia y la estrategia para que ese enredo acabe obrando a su favor.

Aunque el final del conflicto michoacano no está a la vista, el fuego está controlado: muchos de los jefes criminales visibles están muertos o encarcelados, y la mayoría de quienes abrazaron la causa de las autodefensas ha sido devuelta al terreno de la legalidad.

Queda, por supuesto, mucho trabajo por hacer. Sin embargo, sería necio negar que la Tierra Caliente ya no vive el infierno del año pasado —con pueblos enteros ahorcados por los criminales—, y que el resto de Michoacán ha comenzado a respirar con cierta tranquilidad.

La pregunta, ahora, es cuándo dar por concluida la misión de Alfredo Castillo. Es probable que la solución final —el pleno Estado de derecho en Michoacán— esté muy lejos o jamás llegue. Pero el comisionado nunca ha estado para ver eso.

Prolongar demasiado la estancia de Castillo en Michoacán puede ser contraproducente, pues lo expone al fracaso —un fracaso que, además, sería muy injusto atribuirle a él— y eso no le serviría al Presidente ni a su gobierno.

Por ponerlo en términos beisbolísticos, un buen manager sabe manejar su bullpen. Conoce las fortalezas y debilidades de sus lanzadores, entre los que siempre debe haber un buen bombero.

Castillo subió a la lomita con el marcador en contra, las bases llenas y sin outs. Se enfrentó al tercero, cuarto y quinto en el orden. Al primer rival, lo ponchó; sacó el segundo out forzado en home, y el tercero cayó con un elevado profundo al jardín.

Pronto, quizá no esta semana, quizá no este mes, pero habrá que bajar a Castillo del montículo michoacano. Hasta ahora ha logrado dominar a los bateadores con los que se ha enfrentado. A unos, con curvas; a otros, con rectas. Pero a mayor cantidad de lanzamientos, más desgaste.

Por ahora, le toca al Estado jugar a la ofensiva. Sigue perdiendo el partido. Tendrá que encontrar la manera de anotar carreras y remontar el marcador.

La clave es dar pie a la institucionalidad. Construir cuerpos de seguridad pública que den confianza a la población y abatir la impunidad. Y hacer a un lado la narrativa derrotista.

Será difícil hacer todo eso en medio de la polarización que anticipan las campañas electorales de 2015, pero, al menos, los rivales ya no tienen la carabina al hombro. 

Apuntes al margen

*Los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara regresan a la Primera División Nacional del futbol mexicano. Lo hacen tras ganar, en serie de penales, la final de ascenso a otro equipo jalisciense, los Estudiantes Tecos. Así, el próximo torneo habrá tres equipos de la Perla Tapatía en el máximo circuito.

*En junio se cumplirán 40 años del debut de aquellos Leones Negros —bautizados así por el cronista Ángel Fernández— en la Primera División. Recuerdo haber visto de niño jugar a ese equipo espectacular, en el que alineaban los brasileños Nené, Jair y Eusebio, éste último, compañero de Pelé en el Santos.

*Antes de desaparecer, en 1994, los Leones Negros perdieron tres finales, ante América, Pumas y Puebla. Su regreso revitalizará al futbol en Guadalajara. Si se llegara a dar una promoción entre Estudiantes Tecos y Atlante, para sustituir al Querétaro, el área metropolitana de la capital jalisciense podría tener cuatro equipos. Entre 1975 y 1980, tuvo cinco.

Comparte esta entrada

Comentarios