Restricciones
La prudencia no se trata de inmovilidad, sino de buscar el momento oportuno y seleccionar la estrategia que ofrezca los mejores resultados

Paola Domínguez Boullosa
La coach
Demasiado poco valor es cobardía
y demasiado valor es temeridad.
Aristóteles
La prudencia es la capacidad de pensar y la virtud de discernir. La capacidad de pensar sobre cualquier acontecimiento y sus posibles riesgos, y adecuar o modificar la conducta para evitar consecuencias negativas innecesarias. La prudencia es también una virtud que nos permite discernir y distinguir entre lo que está bien y lo que no, y actuar en consecuencia.
La prudencia no se trata de inmovilidad, sino de buscar el momento oportuno y de seleccionar la estrategia que ofrezca los mejores resultados. La prudencia siempre será buena a menos de que se lleve al extremo y… se lleva.
La prudencia es llevada al extremo por todos aquellos que permiten que ésta les constriña, les restrinja y les condene. Algunos incluso, obsesionados por su pulcritud mental, prefieren callarse cuando deberían hablar o prefieren modular sus emociones a fin de no ser descubiertos, esa preocupación insistente en no excederse los arrastra a vivir una vida plana y sin sentido y, sobre todo, a tener que reubicar sus emociones donde nadie pueda ni verlas ni sentirlas… y lo peor no es que se conviertan en celadores y prisioneros de sí mismos, sino que esa prudencia se vuelva costumbre y esa costumbre un hábito que incite al miedo a no poder ser nunca uno mismo.
La vida necesita vivirse, necesita sentirse… y quien no puede expresar lo que siente, es porque ha permitido que gane el miedo y no la autenticidad. El prudente en exceso sucumbe mintiéndose a sí mismo y en esa elección pierde oportunidades, empezando por la de conocerse y vivirse a sí mismo. Hay cosas en la vida que no pueden ni deben modularse… hay situaciones que necesitan sentirse y vivirse al extremo, porque, de no hacerlo, se esconden en la discreción… La felicidad, el amor, un simple sí deseado, el final o el comienzo de algo, una sorpresa, un abrazo e incluso una profunda tristeza que no pueda expresarse o el miedo o la duda o la confusión… hay estados emocionales que se matan por querer ser prudente o por querer seguir siendo un modelo de cordura. La vida no puede vivirse así…
Sentir euforia ante las maravillas de la vida y expresarla es sano e inteligente, además, ayuda a saber elegir mejor y a hacerse de un catálogo de buenos momentos al cual recurrir cuando la dificultad asalta o cuando la duda invita a la reflexión. Se necesita sentir y expresar la vida para que ésta tenga un sentido propio y un estilo personal.
Ríase de usted y con usted, ámese, perdónese, reinvéntese, procure ser menos prudente y más asertivo, sea sincero consigo mismo, pierda el miedo a decir lo que piensa y siente, edúquese en la verdad, aprenda a no dejar pasar los momentos importantes de su vida como si fuesen pasajeros porque no lo son, nadie puede asegurarle un mañana, lo único con lo que cuenta es con su presente.
Por eso hoy le invito a liberarse de sí mismo, a fluir con el ritmo de la vida, a dejar de minimizarse y minimizarla, a dejar de inhibirse ante sí mismo y ante los demás. Porque si algo merecemos y necesitamos en la vida es saber quiénes somos y que los otros también lo sepan. Todo tiene mucho más sentido y significado cuando se expresa a través de las emociones. Y no tema nunca por el qué dirán…
Las restricciones emocionales deben ser la excepción y no la regla. Y como dice Walter Riso: “…que tu mayor defecto sea sentir la vida y palpitar con ella hasta las últimas consecuencias”.
Como siempre, usted elige.
¡Felices sentimientos, felices expresiones!