A la buena

Si tuviésemos suficiente voluntad casi siempre tendríamos medios suficientes. François de La Rochefoucauld Se pide mucho más de Si tuviésemos suficiente voluntad casi siempre tendríamos medios suficientes. François de La ...

Si tuviésemos suficiente voluntad casi siempre tendríamos medios suficientes.

                François de La    Rochefoucauld

Se pide mucho más de Si tuviésemos suficiente voluntad casi siempre tendríamos medios suficientes. François de La Rochefoucauld

Existen muchas formas de tener voluntad, o de no tenerla. La voluntad es  la facultad de decidir y ordenar la propia conducta, es la libre determinación, la elección propia e independiente, la intención, el ánimo, la disposición o la resolución de hacer algo y también, es el consentimiento con el que permitimos que las cosas nos pasen o no.

La voluntad es aquello que nos mueve a hacer, no hacer o dejar de hacer algo. La voluntad es la motivación, la intención y sobre todo las razones que le dan proyección a todo lo que deseamos en la vida. La voluntad siempre se necesita para evolucionar. Porque efectivamente, quien no la tiene, nunca tiene suficientes medios para llegar a ser lo que siempre ha soñado de sí mismo. 

El problema de las vidas, los sueños y los deseos truncos no está en la falta absoluta de voluntad sino también, muchas veces… en un mal manejo y concepto de la voluntad misma. Finalmente la responsabilidad —como en todo y como siempre— es de uno mismo, porque también uno elige las formas y los grados en los que manifiesta o no su voluntad y es ahí, donde todo cobra un nuevo sentido. No es lo mismo la fuerza de voluntad que la buena voluntad, no, no es lo mismo, y muy lejos está una de la otra. La fuerza de voluntad es la capacidad de una persona para superar obstáculos o dificultades o la voluntad para cumplir con sus obligaciones. La buena voluntad, es la capacidad de hacer algo  con el convencimiento consciente de que ese algo es bueno para sí mismo. Y si bien no se encuentran aparentes diferencias en las definiciones,  existen en la práctica, porque la fuerza de voluntad resta libertad a quien la practica y la buena voluntad  suma, siempre le suma libertad y determinación a uno mismo. La diferencia al final entre una y otra,  no es más  que la conciencia y la intención con la que elegimos hacer o dejar de hacer algo. Indudablemente es cierto y además necesario, que cada uno  valore sus razones, pero la razón, muchas veces no es suficiente para hacer lo que deseamos hacer, para ser lo que realmente queremos ser, o para vivir como realmente queremos vivir… no… no podemos exigirnos tener voluntad a la fuerza, simplemente porque ese tipo de voluntad no es nunca suficiente para alcanzar aquellos objetivos que nos hayamos planteado. Quizá sí, un buen comienzo,  pero nada más, la verdadera voluntad no requiere de sacrificios requiere de convicciones.

La vida es muy caprichosa y a veces egoísta, para seleccionar las oportunidades que más creemos necesitar, la vida tratándose de elecciones y deseos importantes, no acepta, a largo plazo, esfuerzos insuficientes o inconscientes. La vida exige razonamiento y convicción.

Cuando deseamos algo, ese algo siempre existirá para nosotros si existe la voluntad.  La diferencia es lo que hagamos y cómo lo hagamos para mantenerlo en el tiempo, porque los cambios que se hagan a partir de la fuerza de voluntad nunca durarán, lo que duren los cambios que se hagan de buena voluntad. Elegir actuar por fuerza de voluntad es elegir también actuar a la fuerza contra uno mismo, contra lo que se cree, se siente, se piensa o se vive… y quizá muchas veces,  sea la herramienta indicada para la inmediatez, pero le aseguro que nunca, podrá ser la herramienta para la subsistencia, para el cambio, para el crecimiento. Quien se acostumbra a usar la fuerza de voluntad, se acostumbra, a luchar contra sí mismo y se acostumbra también a dejar de ser… libre. La fuerza de voluntad será capaz de proveerle beneficios, pero nunca a largo plazo,  para el largo plazo se necesita más que la fuerza de voluntad, para el largo plazo se necesita… la libertad, el convencimiento y la conciencia de saber el qué, el porqué y el para qué hacemos o dejamos de hacer algo.  La fuerza de voluntad es débil para alcanzar los grandes objetivos, muy débil, porque nos hace vivir en confrontación, apegados a la duda, a la insistente distracción de seguir eligiendo, nos hace temerosos de nosotros mismos, de nuestras capacidades, habilidades, fortalezas y debilidades, y también nos hace presos. No se puede luchar contra uno mismo, en el afán de evolucionar para convertirse en alguien mejor, porque nadie puede crecer creyendo que en sí mismo hay un enemigo potencial y latente… elegir la fuerza de voluntad es vivir en una lucha cuerpo a cuerpo con uno mismo,  y como en toda lucha podemos ser vencidos, vencidos por esa otra parte de nosotros que no pudimos ni supimos controlar… y perdemos, no sólo una parte de nosotros, sino el objetivo central por el que creímos necesitar esa fuerza de voluntad. La fuerza de voluntad no hace cambios permanentes y se sucumbe,   casi  siempre…  se sucumbe. Elegir hacer algo  con buena voluntad quizá requiere de mucho más esfuerzo, pero es el único camino para evolucionar, simplemente porque no se lucha contra uno mismo. Con buena voluntad se negocian una serie de alternativas, de posibilidades, de principios y se acepta y elige lo que mejor conviene, basándonos en la libertad, el conocimiento, el convencimiento y la intención… quien elige la buena voluntad para hacer o dejar de hacer algo, no lucha, no sufre, no se distrae, no duda… simplemente porque es consciente de que ha elegido lo mejor para sí, y créame…  no hay mayor garantía para todo lo que se quiera lograr en la vida  que ser conscientes de todo lo que hacemos o dejamos de hacer, para lograr ser… lo mejor que se pueda llegar a ser.  Por eso hoy le invito, a profundizar para conocerse lo suficiente, como para no tener que sujetar su voluntad a la fuerza. No quiera cambiar de un día para otro, eso no existe, los verdaderos cambios ocurren sólo cuando elegimos libremente  ser conscientes de la necesidad y el deseo supremo de ser alguien mejor. Y quien elige para sí lo mejor no necesita luchar, sino simplemente negociar consigo mismo para cambiar unos hábitos… por otros. Como siempre usted elige si actúa a la fuerza o a la buena con usted mismo, usted sabe lo que necesita y también lo que implica cada cambio, pero recuerde que siempre en la vida, será mejor negociar que luchar, porque no existirá nunca para usted y sus intenciones mejor aliado que uno mismo. Feliz conciencia, felices. cambios…

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