La fragmentación de los partidos

Un fenómeno comienza a surgir a la luz de los resultados de las elecciones celebradas hace unas horas: los partidos hegemónicos que dominaban la política de los principales estados comienzan a fragmentarse ante el cansancio de los ciudadanos que no ven resultados al ...

Un fenómeno comienza a surgir a la luz de los resultados de las elecciones celebradas hace unas horas: los partidos hegemónicos que dominaban la política de los principales estados comienzan a fragmentarse ante el cansancio de los ciudadanos que no ven resultados al votar por quienes tienen toda la infraestructura para gobernar. Lo sucedido en Nuevo León con el triunfo del candidato independiente Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco es el mejor botón de muestra de lo que sucedió en una entidad en donde el bipartidismo había sido la característica electoral de los últimos años. PAN y PRI se habían “repartido”, hasta antes del domingo, los principales cargos políticos en disputa en los últimos comicios. Sin embargo, algo pasó que los “intereses” económicos y sociales llevaron a los electores a respaldar a un político de carrera —hasta hace unos meses militante del PRI—, pero sin partido para darle la “confianza” de gobernar el estado en los próximo seis años. Y como me lo comentó hace unas horas Leonardo Valdés Zurita, expresidente del otrora IFE, lo que sucedió—por ejemplo— en el DF con la caída del PRD y el avance de Morena, así como la ligera “recuperación” del PAN y el PRI en las jefaturas delegaciones, es muestra de “lo que viene”: la fragmentación de los principales partidos políticos frente a una nueva realidad política que refleja el hartazgo y la desconfianza de los ciudadanos en el actual sistema de partidos en el país. No cabe duda, vienen nuevos tiempos en el clima nacional, marcados por el agotamiento del modelo político-electoral que augura un “reagrupamiento” de las fuerzas políticas. Hay damnificados tras las elecciones del domingo, principalmente aquellos que creyeron en la violencia para “boicotear el proceso. Pero también, se reforzaron varios “liderazgos” políticos que habrán de jugar un papel importante en las elecciones presidenciales dentro de tres años. El reto de la nueva “reforma política” que habrá de surgir tras la experiencia del 7 de junio deberá “voltear” la mirada a los ciudadanos cada vez más desencantados de los partidos tradicionales y favorecer el apoyo a las candidaturas independientes con el fin de poner el “piso parejo” y quitar muchos de los “candados” que esos mismos partidos le colocaron para “cerrarle” el paso a los ciudadanos sin partido que pretenden hacerle competencia al sistema ya conocido. Será quizá la última oportunidad de hacerle frente, de manera institucional, a la falta de credibilidad de una clase política que le quedó a deber a los ciudadanos y que tendrá que “reinventarse” si quiere estar a la altura de lo que los votantes demandan de sus futuros líderes. Para nadie es un secreto que, una vez, concluido este proceso en las próximas semanas, con la entrega de las constancias de mayoría a los ganadores, arrancará el proceso presidencial que culminará con la elección del Presidente de la República que nos gobernará del 2018 al 2024. No pensemos que porque la jornada comicial salió mejor de lo que muchos esperábamos ya se resolvieron los principales problemas sociales, políticos y económicos que prevalecían hasta antes del domingo pasado. Éstos persisten y habrán de agudizarse, de no tomar medidas efectivas, dentro de 3 años en los que los ánimos podrían desbordarse más de lo que vimos en los últimos meses previos a las recientes elecciones. El problema no será contenerlos, como sucedió ahora. El conflicto será que se desate la tormenta.

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