Parecer lo que no se es

COMPARTIR 
Martín Espinosa 10/06/2014 01:23
Parecer lo que no se es

Viene a cuento lo anterior a raíz de las escandalosas declaraciones de un exalcalde de un pequeño municipio de Nayarit, llamado San Blas, y que actualmente busca volver a ocupar el cargo por tres años más: “Han dicho que robé mucho dinero. Sí robé, pero poquito porque no había dinero. Han dicho mis adversarios que me robé 120 o 150 millones de pesos. Ustedes lo saben compañeros, las presidencias están bien pobres; no hay dinero, ojalá hubieran estado los 150 millones”.

Las cínicas declaraciones son de Hilario Ramírez Villanueva, del PAN, quien gobernó el municipio nayarita hace seis años, y que no obstante, cuando terminó su gestión hace tres años fue investigado por un desfalco de 20 millones de pesos hoy “vuelve a la carga” en busca, de nueva cuenta, de la misma alcaldía. Ello refleja la triste realidad que padecemos los mexicanos con muchos políticos que utilizan el dinero público para amasar grandes fortunas que luego se traducen en jugosos negocios con los cuales se enriquecen sus hijos, nietos, bisnietos y muchísimas generaciones más a “costillas” de robarse lo que entra al erario. Hace unos días platicaba con un jefe delegacional en el Distrito Federal que presumía la “instalación” de un Centro de Soluciones Ciudadanas muy moderno y que se trataba de un lugar “que no parecía oficina de gobierno”, según su dicho. De inmediato me imaginé hasta dónde han tenido que llegar los gobernantes para “disfrazar” sus acciones con algo que no “suene” a política, ya que “de entrada” sus acciones tienen un “tufo” a mediocridad, manipulación, corrupción o — simplemente— mala atención para el ciudadano que busca que alguien le resuelva sus problemas derivados de algún deficiente servicio público.

Lo “de hoy” en la manera de hacer política “a la mexicana” es hacer cosas que no parezcan provenir de los políticos, aunque quienes las realicen sean los propios políticos. Menudo engaño para los ciudadanos, como si el “camuflaje” de lo público con lo privado fuera garantía de que dichas acciones van a resolver el verdadero mal: la impunidad. Se acaban de cumplir cinco años de la tragedia que enlutó 49 hogares con la muerte de sus pequeños en una guardería de Hermosillo, Sonora. Al día de hoy nadie fue responsable del incendio. Una vez más, la impunidad. Investigaciones van, investigaciones vienen y nunca se encuentra a los culpables de las malas acciones de gobierno que derivan en robos millonarios de dinero público que va a parar a manos de políticos que con ello aseguran el futuro de ellos y sus familias. El verdadero problema no es “disfrazar” lo púbico con lo privado, sino la falta de aplicación de la justicia para quienes tienen la responsabilidad de servir y no servirse de los ciudadanos, como muchas veces ocurre. Por eso no hay dinero que alcance para satisfacer las demandas ciudadanas de mejor infraestructura, mejor educación, un sistema eficiente de salud y mejores condiciones de vida para millones de mexicanos. Esa realidad ha contribuido a “alejar” cada vez más a la clase política de la mayoría de los ciudadanos que no ve mayores beneficios en su vida cotidiana. Hace algún tiempo el INEGI realizó una encuesta (abril, 2012) para el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) sobre el tema, encontró que  81.73% de los mexicanos manifiestan un interés nulo o moderado por la política. Sólo 4.89% dice tener un interés “muy grande” y 13.38% restante de la población mayor a 18 años asegura que tiene “algo” de interés por los acontecimientos del país.

Mucho cuidado habremos de tener los ciudadanos con esta nueva “corriente” de políticos que se dedican a vender la falsa idea de que a lo público hay que darle una “barnizadita” de “ciudadanización” para que parezca que es bueno y honesto y así poder seguir “encantando” a los incautos que piensan que ya somos una sociedad democrática porque cada tres años acudimos a las urnas, pero que en la práctica no sabemos para qué sirve ir a votar, ya que no se observa ningún beneficio.

Muy caro nos ha salido creer que por decreto ya somos democráticos, como si a la democracia se llegara por decisión de quienes gobiernan a una sociedad cada vez más alejada de ellos. Al fin que de lo que se trata es parecer lo que en la realidad no se es.

Comparte esta entrada

Comentarios