Spot menor de edad

A quien se le ocurrió entrometer a niños en spots de precampañas electorales estaba no sólo incurriendo en una falta, sino también en un claro sinsentido.
 

Y ahora explico por qué. Lo primero, ya lo dijo la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, “si en la propaganda política-electoral se recurre a imágenes de personas menores de edad como recurso propagandístico, las autoridades electorales deben implementar medidas encaminadas a la tutela de sus derechos, sin que resulte necesario probar que el acto o conducta genere un daño a los derechos de las personas menores de edad…”; lo segundo, no hay una lógica clara en utilizar a un ciudadano no votivo para convencer, a quienes sí pueden hacerlo, por quién votar.

Es cierto que el anuncio de Movimiento Ciudadano, movimiento naranja, con el niño huichol imanta a repetir la cancioncita, pero nada más. Se sabe que todo comercial televisivo o de radio, sea del producto que sea, apela a la emotividad. La vía de la venta es la lágrima y la risa. Y eso es lo que MC nos da a entender: éste no es un partido, es un producto que quieren

vender, que está en vitrina y se puede preguntar el precio.

Lo de Alejandra Barrales va por el mismo camino. Incluso, es más perverso. La perredista utiliza a su hija, en un aparentemente inocente mensaje de felices fiestas, para promover su imagen. Qué hay de malo, dirá el televidente despistado. La precandidata del

sol azteca incluye a su hija en un rodeo político y la expone a la sátira de las redes sociales, por decir lo menos.

Además de estos abusos de los infantes, a decir de la TEPJF, tanto la candidata perredista como el MC y muchos otros prepostulantes están rompiendo con la primera norma de la precampaña: no hacer proselitismo entre la ciudadanía. Barrales (et al.) aún es precandidata del PRD, no candidata, su misión es convencer a los miembros de su partido, no a posibles votantes. Los límites de las reglas electorales parecen estar pintados con gis. Y mientras tanto, las autoridades siguen (seguirán) advirtiendo, castigar es para sátrapas, no para demócratas. Ya veremos impugnar a algún perdedor porque el ganador rebasó los límites de etcétera, etcétera, etcétera. Es primordial trazar con pulso forme las fronteras de la legalidad.

La lista de quienes han tirado la piedra y van a esconder la mano es larga: Zavala, Meade, AMLO, Anaya, los antes mencionados, Salomón… Ya veremos si el gasto no rompe el tope de lo establecido. Por el momento, los niños se salvan de este marasmo político que vivimos cada sexenio. Qué bueno que se evita que los arrojen a estas aguas heladas del cálculo egoísta, a una prostitución bien vista, en algunos casos por sus propios padres. Vamos, qué bueno que cada quien juegue en el terreno que le corresponde.

Por el momento, 2017 se ha ido sin para un punto. Ha iniciado formalmente la (pre)campaña electoral. Ya hay rostros. Ya hay voces. La batalla de descalificaciones está a toda máquina. La mayoría ya comenzó a brincarse las trancas (ya que siempre se habla de caballadas), entonces, al final, quién podrá decir que está libre de pecado.

HASHTAG. El año nuevo es irrefrenable. Tarde que temprano estaremos en julio de 2018. Antes de que suceda lo irremediable, falta la llegada de los Reyes Magos, la rosca, los tamales, el día de los enamorados, la llegada de la primavera, la Semana Santa, las vacaciones de primavera… Por favor, disfrute de cada tiempo que nos queda antes del inicio de la segunda mitad del año. Reflexione mientras muerde el tamal, platique con su pareja cuando camine de la mano con ella, cuando esté frente a la playa, haga cuentas de lo que le ha ocurrido hasta ahora. Cada uno de nosotros tenemos la oportunidad de salir y votar. El gran reto de los candidatos es sacarlo de su letargo para que emita un voto. La abstención es el mayor, el único, gran reto. Salga, sea cual sea su elección, vaya a la cuadra siguiente, a la casa de junto, a donde sea que esté la casilla y tache la boleta en el rostro de su elegido. Es nuestro tiempo, siempre tuvo que serlo,

de hacer valer la democracia que nos dicen que tenemos.

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