Hombre de acero: iba bien hasta que…

No cabe duda que la veta de los héroes de los cómics es una fuente inagotable de productivas adaptaciones cinematográficas. Superman, El Hombre de Acero, creado por Joel Schuster y Jerry Siegel para DC Comics, se acerca a los 80 años y sigue seduciendo a las nuevas ...

No cabe duda que la veta de los héroes de los cómics es una fuente inagotable de productivas adaptaciones cinematográficas. Superman, El Hombre de Acero, creado por Joel Schuster y Jerry Siegel para DC Comics, se acerca a los 80 años y sigue seduciendo a las nuevas generaciones.

La más reciente adaptación es Hombre de acero (Man of Steel, Estados Unidos, 2013) que está llegando hoy y en forma aplastante a las pantallas de todo el mundo. Después del fracaso de Superman. El regreso, una película dirigida por Bryan Singer en el 2006, y cuyos productores incurrieron en muchos errores en un proyecto millonario que no rindió los frutos que esperaban, quedó demostrado que hacía falta algo más que un fortachón de bonita cara para recrear a uno de los superhéroes más queridos por los lectores de cómics.

La pregunta sería: ¿Es necesaria una nueva versión de la historia de Superman y tan cerca de la otra? Yo diría que no, pero si los productores piensan que sí entonces debe ser una propuesta diferente, que acerque el personaje a nuevos públicos, que haga una aproximación novedosa, que esté protagonizada por un actor convincente, expresivo, que sepa ser un “extraterrestre muy humano”, que haga que el público se identifique con él.

Hombre de Acero estuvo a punto de cubrir estas demandas. Está producida por Christopher Nolan (Batman inicia, El Caballero Oscuro, El Caballero Oscuro asciende; El origen, Memento, Insomnia) y dirigida por Zack Snyder (Watchmen; 300). La pareja resulta idónea para reinventar la historia del superhéroe que llegó de Kryptón, como un “mesías” destinado a salvar al planeta.

Sin mencionar nunca la palabra “kryptonita” los primeros 20 minutos se ubican precisamente en Kryptón que es un lejano planeta al que los conflictos internos han puesto al borde de la extinción. Jor-El es padre del pequeño Kal-El, al que pone a salvo depositándolo en una nave espacial que lo trae a la Tierra. El niño es adoptado por un matrimonio, los Kent, y vive en una granja en donde es formado para contener sus extraordinarios poderes. A los 33 años, como Jesús, tiene que salir del anonimato y enfrentar al feroz General Zod que había sido castigado por traición en Kryptón y que pone un ultimátum al género humano para que Kal-El se entregue. Zod es un espléndido villano en la persona de Michael Shannon que no sería difícil ver nominado al Oscar. Hasta aquí nada es nuevo, lo interesante es cómo está contado.

Varios aciertos enmarcan Hombre de Acero, aunque también tiene algunos inconvenientes. El reparto es convincente empezando por el británico Henry Cavill —con un físico espectacular—, que en su interpretación de Clark Kent/Kal-El,  deja ver ese lado del personaje que no había sido bien explotado: su condición lo aleja de las fragilidades del cuerpo humano, pero no de las debilidades de la mente y las pasiones del hombre. Como hiciera en su trilogía de Batman, Christopher Nolan explora los lados oscuros del superhéroe, que a fin de cuentas lo hacen más creíble y lo acercan al público que conecta con él.

Lois Lane es muy diferente a la reportera asustadiza y frágil de las historias anteriores. En la sólida interpretación de Amy Adams su desempeño es fundamental para el destino de Kal-El y de la Tierra misma. Russell Crowe demuestra aquí que tuvo un lapsus en Los miserables, Kevin Costner y Diane Lane convencen como los amorosos padres “terrestres” de Clark. La música compuesta por Hans Zimmer es espectacular.

Pero.

Todo va muy bien en la primera parte de Hombre de Acero, ya que es muy Nolan; los personajes están bien descritos, Clark la pasa mal con una creciente sensación de soledad y de no pertenecer, que por otro lado alimentan en él la necesidad de “manifestarse” lo que hace mucho más atractivo al personaje. 

Con 2.20 de duración el director Zack Snyder se aparta por completo de esa línea en los 50 minutos finales, y cae en el exceso desplegando su innegable habilidad en el manejo de los efectos especiales, pero alargando innecesariamente las secuencias de acción final que nos llevan a preguntarnos: ¿faltará mucho para que acabe?

Por esto último le pongo 7/10.

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