Realismo y madurez para 2017
Tiene razón la Coparmex, al acusar de improvisado y sin sustancia al nuevo Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar. Hacer frente a la compleja realidad con que se inicia 2017 supone esfuerzos firmemente cohesionados en una estrategia convenida a la que todos aporten. Esto no se logra con una desteñida declaración en un vistoso recinto.
Si los jactanciosos anuncios del futuro Presidente norteamericano Trump concitan alarmadas preocupaciones en muchos sectores nacionales, la respuesta de nuestro gobierno fue un pobre hilván para una serie de propósitos sin sustancia operativa, que no infundió confianza alguna en nuestra capacidad de reacción.
Al irracional proteccionismo racista de Trump corresponde una acerada defensa de las estructuras sociales y económicas con que contamos, completada con el anuncio de una definida política de protección de nuestras fuentes de trabajo y el indudable compromiso de ampliarlas. La carencia de estos instrumentos explica la debilidad con que nos sorprenden las interrogantes de 2017.
Enfrentar el reto del momento implica oponerle al nuevo factor norteamericano un sistema socioeconómico respetable y fuerte. Más que nunca, requerimos integrar nuestro comercio exterior a la protección y promoción de empleos que han faltado por culpa de la apertura exagerada del mercado. ¿De qué nos vale ufanarnos de ser uno de los cuatro principales exportadores mundiales de vehículos, si ello se ha basado en el contenido mexicano de estos, que es de apenas del 30%? El sector financiero, por mucho que se destaque en el mundo, está casi totalmente en manos extranjeras. El error de las políticas de los últimos sexenios ha consistido en hacer depender el desarrollo de nuestro país de factores externos, en lugar de confiarlo en nuestro propio trabajo y creatividad.
La brecha entre ricos y pobres se ha ensanchado. Los datos de nuevos empleos revelan su dudosa calidad y la preponderancia de la informalidad. La debilidad de la economía nacional es tal, que este año dependimos más que nunca de las remesas, de los 27 mil millones de dólares que nos enviaron nuestros trabajadores en Estados Unidos.
Los tiempos son críticos en todo el mundo y las amenazas de Trump los exhiben y agudizan. Se anuncia un futuro de guerras comerciales.
Hay que corregir nuestra dependencia de EU y el que 60% de nuestra actividad se vincule a un comercio exterior dedicado en 90% a dicho país. Urge el enfoque decidido hacia el desarrollo propio, basado en más de 120 millones de consumidores que tienen que aprender a preferir el producto nacional sobre el importado. La importación de productos extranjeros innecesarios drena la capacidad de compra de equipos e insumos de la producción que hay que aumentar.
En materia laboral hay que equilibrar la robotización en la industria con la protección de las fuentes de trabajo y evitar la sustitución exagerada de la mano de obra humana.
La ininterrumpida cadena de negligencias, contradicciones y corruptelas que México ha tenido que soportar a lo largo de su historia y que impidió consolidar un país productivo e independiente cobra hoy su factura. Las culpas no son sólo de los líderes políticos. El gobierno y la iniciativa privada las comparten por partes iguales. Los desaciertos del sector público fueron conocidos, apoyados o tolerados por el empresariado de todo rango y dimensión, particularmente el de la mayor influencia y, por ende, responsabilidad. Un nuevo acuerdo, como el presentado hace días por el Presidente, podía dar por descontado el apoyo de los empresarios… salvo el de la Coparmex.
Construir una comunidad nacional sólida y productiva no se improvisa ni corresponde sólo a las autoridades. Desde que se decidió cancelar la acción productiva oficial en donde pudiera hacer falta, el gobierno quedó sin capacidad de aportar directamente al empleo y al desarrollo de áreas propias de la iniciativa privada.
Lamentablemente, salvo muy contadas excepciones, el empresariado limita su papel a aprovechar, en beneficio propio, los recursos que la sociedad pone a su disposición. Es asunto de vital urgencia corregir este esquema con un serio compromiso del empresariado de actuar con recia decisión en consejos mixtos, diseñados para definir directrices y conformar políticas públicas de las que carecemos para efectos internos e internacionales. Sin esta articulación, México seguirá de espectador, y víctima, de decisiones siempre foráneas.
