La soledad de EPN

La respuesta desde las filas del PRI a la derrota electoral es errática y destinada al profundizar sus divisiones hacia 2017 y los comicios presidenciales. Atribuyen el castigo al conservadurismo del país y, en consecuencia, quiere tomar distancia con iniciativas de Peña ...

La respuesta desde las filas del PRI a la derrota electoral es errática y destinada al profundizar sus divisiones hacia 2017 y los comicios presidenciales. Atribuyen el castigo al conservadurismo del país y, en consecuencia, quiere tomar distancia con iniciativas de Peña Nieto como el matrimonio homosexual. Si la caída de la popularidad presidencial era una carga para la rentabilidad electoral, la figura ya es un lastre cada vez más solitario. Ahora se preparan para deslindar responsabilidades con un gobierno “veleta”, sin entender que el problema es que la “marca PRI” cada día vende menos sin despojarse de la imagen de corrupción.

Las interpretaciones extraviadas y ajustes de cuentas amenazan más al PRI que los resultados en las urnas. La primera reacción fue la de Manlio Beltrones, que llamó a aprender lecciones de una derrota que cae sobre su responsabilidad, aunque no se explica sólo por su operación política. Pero los priistas parecen no querer entender y rechazan atribuir la derrota a todo el partido, quieren circunscribirla a “gobernadores corruptos, cúpulas ineficientes y comunicadores sucios y charlatanes”. El reclamo más reactivo es contra Peña, pero por las razones equivocadas: la iniciativa sobre matrimonio homosexual para rebajar la sanción por la corrupción. Más moderado, Osorio Chong pidió evaluar los resultados en relación con los resultados de la política pública.

Los resultados conmocionaron al sistema político. El olor de la derrota hacia adelante lleva a los priistas a querer endilgar el revés electoral al Presidente en sus horas más bajas de aprobación. En las encuestas, el PRI iba arriba hasta que salió la propuesta de constitucionalizar los matrimonios gay, señaló Francisco Labastida, sobre esta iniciativa con la que Peña Nieto trató de remozar la credibilidad de su imagen por el malestar con las violaciones a derechos humanos poco antes de los comicios. Dentro de su administración picaron el anzuelo y junto con el PRD llamaron a investigar la intervención de las Iglesias en la promoción de un voto antiPRI sin reparar, por ejemplo, en que nada de eso influyó en estados no menos conservadores que ganaron con holgura como Hidalgo o recuperaron como Oaxaca y Sinaloa. El ataque de los priistas apunta a asuntos internos como arrebatar a Peña la batuta de la sucesión en el Estado de México y luego en la elección presidencial. La inconformidad se escucha desde sus propios terrenos mexiquenses por la distancia con su gobierno y rechazo al  perfil de gobernadores considerados del círculo presidencial sancionados en las urnas como Borge en Quintana Roo y Duarte en Veracruz. En efecto, el revés marca el declive definitivo del grupo de jóvenes del “nuevo PRI” que recuperaron el poder con Peña Nieto y resultaron incapaces de traducir la publicidad y el spot en nuevas formas políticas que limpiaran de negativos la imagen de su partido. Eso es lo que tendrían que reclamarles. Todo lo contrario, los escándalos de corrupción de sus administraciones reforzaron el temor de la “vuelta al pasado” que Peña Nieto negó desde el primer día de su mandato. Y que la actuación de gobernadores ligados a su círculo, como Humberto Moreira o Roberto Borge, se encargaron de refutar en los hechos, junto con la indignación y gran impacto público de casos que salpican a su administración y a su familia.

No obstante, el PRI se equivoca si cree que puede inocular el malestar social en un grupo de “gobernadores corruptos”, incluso si los abandonara a la acción de la justicia. El voto antiPRI es un asunto de marca por sus resistencias, por ejemplo, a aprobar las leyes anticorrupción y solapar la impunidad de sus administraciones. La patada que dieron los votantes al gobierno de Peña, como dijo The Economist, también fue para su partido, por eso equivocan la respuesta si leen la derrota en clave de sus divisiones internas.

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