Peña Nieto, ¿sin oposición?
En el mensajeel Presidente publicitó el proyecto del nuevo aeropuerto del DF como “buque insignia” de la modernización. El anunció de la mayor obra de infraestructura en décadas se acompañó del ofrecimiento de ampliar cuatro líneas del Metro en la capital

José Buendía Hegewisch
Número cero
Los anuncios que disparó Peña Nieto en el marco del 2º Informe de Gobierno hicieron de ésta la semana del Presidente. La presencia del aparato del Estado para asegurar la efectividad de los actos, la escenografía y cuidado de la organización, recordaron las representaciones políticas de la vieja Presidencia imperial. Por supuesto que la pluralidad política de hoy no da lugar a ella, pero la debilidad de la oposición y el desdibujarse de su crítica abonó en esa imagen.
Fue uno de los informes con menos cuestionamientos de los últimos años, aunque no por ello el discurso haya sido más efectivo en la mayoría de la población. Las promesas de modernización chocan con el malestar por el crecimiento incumplido, aunque la oposición tampoco ha sabido articular un discurso sobre éste.
En el mensaje el Presidente publicitó el proyecto del nuevo aeropuerto del DF como “buque insignia” de la modernización que promete desde su discurso de toma de posesión. El anunció de la mayor obra de infraestructura en décadas se acompañó del ofrecimiento de ampliar cuatro líneas del Metro en el DF, 24 proyectos ferroviarios y 46 autopistas. En el acto llamó a cambiar de mentalidad para mover las estructuras que hagan realidad las reformas estructurales, ahora responsabilidad suya. Entre proyectos y promesas de cambio se dio por cerrado el ciclo de reformas legales del sexenio, sin que la oposición reclamara la necesidad de otras que modifiquen las formas tradicionales de ejercer el poder como condición para el éxito de las mismas reformas.
Desde el formato del mensaje del Informe prevalecieron los ritos tradicionales y desgastados de comunicación vertical en que el Congreso es receptor pasivo del discurso. La imagen política del día fue la presencia de los dos legisladores del PRD que por primera vez presiden la Cámara de Diputados y el Senado, acompañando al Presidente. El encono de las últimas elecciones había impedido escenas normales como esta en la relación entre los Poderes, que sin embargo no implican mayor equilibrio de fuerza, ni una real rendición de cuentas del Ejecutivo.
Sin embargo, la oposición puede encontrar en la implementación de las reformas una oportunidad si logra que el cambio cultural del que hablo Peña Nieto como condición para su éxito, signifique sobre todo que el poder se atreva a tener una nueva relación con la ciudadanía; que los cambios de actitud parten de abrir realmente la política pública al escrutinio público y someter las decisiones al debate y consenso colectivo; que el cambio de prácticas se inicie con la presentación transparente de los actores e intereses que pugnan por dirigir y beneficiarse de los cambios; que la consigna presidencial de “mover a México” quiera decir remover reglas no escritas del amiguismo, corporativismo, opacidad e impunidad de la corrupción en la obra pública.
En las prioridades legislativas del PRI no figuran iniciativas anticorrupción, que en cambio están en la agenda del PAN y del PRD. El tema, sin embargo, no puede aislarse en los espacios legislativos donde muchas leyes en esta materia son letra muerta. ¿Qué mecanismos se necesitan para evitar que los contratos de las grandes obras de infraestructura se repartan entre amigos? ¿Cómo garantizar la autonomía de los integrantes de los órganos reguladores en la industria energética? ¿Qué se necesita para que grupos políticos que buscan capitalizar los cambios afecten la planeación de las obras públicas y se repitan catástrofes como la Línea 12 del Metro del DF? ¿Cómo hacer efectivas las sanciones a concesionarios para evitar tragedias ambientales como la del río Sonora? ¿Qué se requiere para investigar la entrega de contratos a compañías petroleras internacionales?
El desdibujo de la oposición no se debe al Pacto, que por el contrario abrió una nueva forma de su participación en las decisiones nacionales. Responde más bien a sus conflictos internos y no asumir prácticas distintas al PRI, lo que limita la posibilidad de articular un discurso diferenciado y creíble. El PAN ha tenido que reconocer la corrupción en sus filas por los escándalos de acusaciones de moches y sobornos de su anterior coordinador en la Cámara de Diputados y ahora de su líder en el Senado. Mientras que el PRD afronta hoy una dura prueba de elección interna obligado a que el proceso no lo divida y descalifique, pero que sobre todo mantendrá el sistema de cuotas entre sus tribus para la elección del consejo nacional y de su presidente.
El éxito de las reformas exige una oposición fuerte que también las conduzca y contenga las desviaciones de su implementación.
*Analista político
Twitter: @jbuendiah