PAN nostalgia del poder

Por primera vez desde que se fundó en 1939, su militancia irá a las urnas para elegir por voto libre y secreto a la dirigencia. La campaña ha enfrentado al PAN, además se han profundizado las divisiones que los separan desde que salió de Los Pinos, pero sin que la “sangre llegara al río”.

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José Buendía Hegewisch 18/05/2014 00:37
PAN nostalgia del poder

El PAN renueva hoy su dirigencia, por primera vez desde que perdió la presidencia hace dos años. La elección está entre dos candidatos cuyas credenciales inmediatas son también la derrota: Gustavo Madero como presidente del PAN en los comicios presidenciales y el otro, Ernesto Cordero, que sucumbió ante Josefina Vázquez Mota por la candidatura. Los dos, sin embargo, han convertido la cercanía con el gobierno en leitmotiv de la campaña como si reflejaran cierta nostalgia por el poder en la travesía por el desierto de su regreso a la oposición. Son la muestra de un PAN de liderazgos debilitados.

También por primera vez desde que se fundó en 1939, su militancia irá a las urnas para elegir por voto libre y secreto a la dirigencia. La campaña ha enfrentado al PAN, además se han profundizado las divisiones que lo separan desde que salió de Los Pinos, pero sin que la “sangre llegara al río” como se augurara. Más la contienda ha sido otra oportunidad pérdida para conocer un proyecto claro sobre el tipo de oposición y qué se propone para repuntar a partir de las elecciones intermedias de 2015.

A pesar de que el PAN tiene experiencias exitosas de cómo empujar una agenda de oposición y abrir el poder con responsabilidad, como la estrategia que los llevó en 2000 a la Presidencia, la permanencia de 12 años parece generarles un tipo de amnesia. Sin haber procesado la derrota en la Presidencia, sus liderazgos parecen más preocupados por la proximidad con la casa presidencial o de cualquier otro de facto que les pueda regresar “el arca perdida”, que de encontrar rumbo y una nueva forma de dialogar con la sociedad sin rehuir a su papel como tercera fuerza política y factor de gobernabilidad.

El tono de la contienda ha sido la descalificación y acusaciones entre las huestes de Madero y Cordero, que han dejado algunos golpes y raspones a ambos candidatos. Además, han permitido ver prácticas de corrupción y abusos en el manejo de poder que abonan en la crisis moral y de identidad de un partido “nacido democrático y germen de la democracia en el país”. Las tramas de los moches en el Congreso o las investigaciones sobre Oceanografía los iguala con los escándalos de otros partidos. Lo más grave, quizá, las acusaciones entre Luis Alberto Villarreal, coordinador de los diputados panistas, y el senador Gil Zuarth, sobre la maniobra en el Senado para aprobar las pensiones vitalicias a los magistrados federales electorales con miras a ganar su simpatía.

Todo ello en detrimento de un partido que ofrecía un punto de diferenciación con los demás en el apego a los valores y principios humanistas con los que se fundó hace 75 años, y que ambos candidatos han reivindicado en vagos exhortos por recuperar el proyecto original.

La contienda tampoco ha sido un instrumento para procesar la conflictividad interna, que como advirtiera el expresidente panista Germán Martínez podría traducirse en la falta de reconocimiento de la derrota. Las perspectivas del día siguiente de la elección están delineadas por la acumulación de denuncias sobre irregularidades que prefiguran que ésta desemboque en tribunales. Las acusaciones de fraude también los colocan en iguales prácticas y vicios que criticaran desde la bandera del respeto a la legalidad.

Es paradójico que la campaña ha dejado ver la crisis de identidad que arrastran por la transformación que el partido y su militancia sufrió de 12 años en el poder y la falta de un profundo examen autocrítico de las razones por las que perdió hace dos años. Creció y se multiplicó, e hizo más plural, con cuadros atraídos por el poder sin la vieja mística panista.

El diagnóstico de que la subordinación de la presidencia de Madero al gobierno del PRI explica el extravío del PAN como oposición es negar la trascendencia de la trayectoria de este partido como oposición corresponsable, que por ejemplo lo llevó al poder en 2000. Pero el discurso de cogobierno de Madero también es contrario a la identidad panista, que incluso en los momentos de mayor colaboración el régimen priista, nunca abandonó la crítica y su función como contrapeso del poder.

Ambas posiciones atentan contra la posibilidad de capitalizar la oportunidad, que 2015 ofrece para el PAN, en un contexto de crisis económica. En conjunto, el conflicto interno del PAN, priva al país de la posibilidad de reconstruir una oposición responsable, capaz de ser contrapeso y a la vez construir acuerdos que consoliden la agenda del Pacto en su lucha por subordinar a los poderes fácticos frente al Estado y al interés público.

            *Analista político

            jbuendia@gimm.com.mx

            Twitter:@jbuendiah

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