¿Cuáles, las resistencias a las reformas?

Este miércoles Peña Nieto enviará al Congreso la primera iniciativa de la larga lista de reformas con las que quiere dar cuerpo a la idea de “mover” a México. La Ley de Competencia abrirá la lista de temas que abordarán los legisladores a la par de los meses que le restan al periodo...

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José Buendía Hegewisch 16/02/2014 02:18
¿Cuáles, las resistencias a las reformas?

El ABC de una reforma es identificar el interés público. La premisa atiende a la exigencia de anclar la ley en la necesidad real de la comunidad. Al mismo tiempo, en lo político, implica seleccionar grupos y afectar intereses. Por eso, el proceso es complejo aunque haya claridad política e impacto de la ley; su consecución enfrenta el riesgo a que las resistencias se muevan rápido para desacreditar los cambios o que la realidad —o descomposición— rebase a las instituciones hasta inhibir su implementación. Son éstos, escenarios que pueden encarar las leyes secundarias de las reformas estructurales, aunque haya voluntad y tengan respaldo.

Este miércoles Peña Nieto enviará al Congreso la primera iniciativa de la larga lista de reformas con las que quiere dar cuerpo a la idea de “mover” a México. La Ley de Competencia abrirá la lista de temas que abordarán los legisladores a la par de los meses que le restan al periodo, aunque algunos asuntos tienen plazos fatales como la  integración del INE. En escasos 60 días se piensa aprobar casi cien leyes, muchas de ellas de hondo calado en el perfil del Estado, aunque desde ahora operan contra los cambios las reacciones por perder privilegios, como ocurrió con la Reforma Educativa y la CNTE.

La dilación de esta batería, tan compleja de reformas, puede ser comprensible como lo es también observar las reacciones para amilanarlas o  “descafeinarlas” en defensa de intereses particulares, por ejemplo en mercados con alta concentración como las telecomunicaciones. Precisamente, sobre la fuerza de las resistencias habló esta semana el expresidente Carlos Salinas, quien atribuyó a los afectados por sus reformas al campo o a las relaciones con la Iglesia, la pretensión de “descarrilar” su gobierno por la crisis de violencia con el levantamiento zapatista o el magnicidio de Colosio. Por supuesto, las circunstancias son distintas, aunque en el etos del gobierno de Peña Nieto haya rasgos que evoquen a su predecesor. Salinas de Gortari encarnó la modernización autoritaria de un Estado fuerte, de partido dominante con cobertura en los tres poderes, mientras que Peña Nieto está bastante solo, en minoría,  y obligado al consenso para reformar, en un momento en que puede estar en juego la sobrevivencia del Estado. La situación de emergencia es una oportunidad del gobierno contra las resistencias, aunque insuficiente si se traduce sólo en voluntarismo y se desdeñan las alianzas.

La oposición del magisterio a la Reforma Educativa debió dejarle lecciones, aunque la mala comunicación sobre la suspensión de la prueba ENLACE haga pensar lo contrario y abone en el temor a que la ley se pervierta. Sobre todo, el incumplimiento con las leyes de telecomunicaciones y la controversia constitucional sobre el IFT en la batalla entre televisoras, preocupa por el riesgo a que rebasen al regulador antes de completarse la reforma. La inhabilitación del IFT en el litigio sobre la apertura a empresas de cable y canales satelitales de llevar señales de televisión abierta, desacredita al regulador, aunque sea una táctica dilatoria de los operadores para incidir en la reforma en el sector.

Otro mensaje de precaución sobre las resistencias es el ofrecimiento del pacto fiscal debido al rechazo de los empresarios a la Reforma Fiscal, bajo la justificación de dar certidumbre para planear sus inversiones de largo plazo con inamovilidad de las tasas impositivas por tres años. Con dudas razonables que lo suscriban, lo cierto es que mantendrán la estrategia de ampararse contra la reforma y forzar su revisión.

La lista de frentes abiertos del gobierno se engrosa con la Reforma Energética, que además dinamitó la coalición que había formado con los tres grandes partidos para agendar las reformas y oponerse a los poderes de facto que reman contra ella. La Corte aceptó la controversia sobre la Consulta Popular, la cual empuja el PRD para tratar de echar abajo dicha reforma mediante una consulta pública vinculante.

Aunque el gobierno tiene los votos en el Congreso para sacar las reformas con el PRI y sus aliados del Verde y Nueva Alianza, le convendría no olvidar las experiencias reformadoras del pasado, la priorización y oportunidad de los cambios, pero sobre todo despojarse de todo tipo de soberbia que lo haga verse como “el salvador de México”, para parafrasear la controvertida portada de la revista Time. Eso sólo lleva a menospreciar las resistencias y afectados por las reformas cuando el país y sus realidades, en efecto, se mueven… pero sin coalición que articule el movimiento de las partes.

                *Analista político

                jbuendia@gimm.com.mx

                Twitter: @jbuendia

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