¡43 detenidos! ¡Y les vale!
Apura que no se apuren. Que sigan como si la muerte no rondara impune. Que hagan el ridículo con el deslinde interminable. Que pretendan reducir el problema a una conducta individual y aislada. Porque así responden todos frente a esta narcopolítica innegable. “Es un ...

Ivonne Melgar
Retrovisor
Apura que no se apuren. Que sigan como si la muerte no rondara impune. Que hagan el ridículo con el deslinde interminable. Que pretendan reducir el problema a una conducta individual y aislada.
Porque así responden todos frente a esta narcopolítica innegable. “Es un caso aislado”. “Aplicaremos todo el peso de la ley”. “Iremos hasta las últimas consecuencias”. “El partido no puede responder por los malos elementos”.
Son los lugares comunes de una clase política que va de escándalo en escándalo, incapaz de administrar a las policías corrompidas por los grupos criminales. Y simulando una preocupación que todavía no se traduce en ocupación.
No necesitamos echar tan atrás el recuento de las malas noticias para colocar en una misma lista el asesinato del diputado federal del PRI, Gabriel Gómez Michel, a manos de un comando; la desaparición de los normalistas de Iguala, cuyo alcalde perredista, José Luis Abarca Velázquez, emprende la fuga para abonar la sospecha de que algo se pudrió ahí donde la izquierda nos prometió mejorarlo todo, y, por supuesto, el incómodo empresario Germán Goyeneche Ortega, detenido junto con Héctor Beltrán Leyva, y con amplias credenciales en los partidos Verde Ecologista y de Acción Nacional.
Es la narcopolítica una realidad de la que nadie se hace cargo, una epidemia que frena las promesas del arranque del sexenio de que la coordinación entre los distintos órdenes de gobierno resolvería la espiral de la violencia criminal.
Pero ya no se pudo. O al menos no se pudo en todas partes. Y así lo confirma el enojo del presidente Enrique Peña por la negligencia del gobernador de Guerrero, el expriista Ángel Aguirre Rivero, postulado por el PRD en una entidad donde nadie se responsabiliza de la barbarie con la que actúan las corporaciones policíacas.
Y nadie se salva. Ninguna fuerza política tiene aún la valentía de asumir la tragedia de una élite gobernante infiltrada por un crimen organizado que compra funcionarios, legisladores, empresarios y comunicadores.
Por el contrario, cada uno acuña sus subterfugios. Lo hizo César Camacho Quiroz, presidente del PRI, cuando el exsecretario general de Gobierno, Jesús Reyna, y el hijo del exgobernador Fausto Vallejo, quedaron balconeados como empleados de Servando Gómez, La Tuta.
Lo hace el PRD que no encuentra todavía el pudor para reconocer que sus gestiones estatales en Michoacán y Guerrero, infestadas de delincuencia, son la medida de su incapacidad para transformar lo existente. Porque al final le apostaron a la administración de la realidad, a los negocios, a las ganancias, a la adhesión de personajes de los que ahora no se responsabilizan.
Y preocupa que no se preocupen. Que se sigan de largo cuando hay 43 familias en espera de sus hijos levantados. Que ningún dirigente del PRD prenda las señales de alarma y asuma que el lodo los alcanzó y que ese podría ser el caso de mayor violación de los derechos humanos en el México contemporáneo.
¡Son 43 jóvenes desaparecidos! Y las autoridades guerrerenses montan un escenario de búsqueda y ofrecen dinero, mientras el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, esboza que la principal hipótesis es que la policía municipal, al servicio del crimen organizado, se los entregó a la banda que controla la plaza de Iguala.
En voz baja, sin grabadora de por medio, algunas voces se atreven a perfilar un escenario alterno: son estudiantes radicales, activistas ligados a la guerrilla, jóvenes dispuestos a todo, muchachos que se perdieron en la montaña.
Pero nadie tiene los tamaños de pronunciar esa posibilidad. Todos juegan a que la búsqueda está en marcha. Y, en la práctica, todos actúan una congoja que no existe.
Alarma que se no se alarmen. Que se acostumbren a esta narcopolítica que avanza. Que pretendan hacernos creer que basta con expulsar a los involucrados en el caso de narco en turno para seguir simulando.
Ya desfilaron decenas de alcaldes de todos los signos con el videasta del año, pero los funcionarios michoacanos oscilan entre la ingenuidad y el cinismo para declarar que Los Caballeros Templarios son cosa del pasado.
El catálogo de los pretextos y de las declaraciones mediáticas se abulta. Que si Goyeneche Ortega sólo era un destacado empresario de San Miguel Allende, conocido pero nunca íntimo del diputado del PAN Ricardo Villarreal García, cuyo Facebook delató que el socio de El H era su público de primera fila apenas este lunes.
Que ya lo expulsó el Partido Verde Ecologista de México para curarse en salud, al tiempo que su dirigente en Querétaro, el diputado federal Ricardo Astudillo se sacude verbalmente la historia que convirtió al detenido en un destacado cuadro de esa fuerza política.
Es la narcopolítica y les vale. ¡Son 43 desaparecidos! Y ellos se van de pinta.
Avergüenza que no se avergüencen. Apanica que no se apaniquen. Ruboriza que no se ruboricen.