El gobernador solitario

Qué forma de desperdiciar los tiempos oficiales, cuando los ciudadanos estamos ávidos de propuestas...

Francisco Zea

Francisco Zea

Línea estratégica

¡Qué asco de campañas políticas estamos viviendo! Una interminable retahíla de anuncios vacíos e idiotas. Como si estuvieran dirigidos a un grupo de tontos a los que les quisieran vender detergente, en lugar de estar conscientes de que este país necesita de políticos probos y responsables, no de esta bola de ratas que tenemos en todos los niveles de gobierno. Es un suplicio soplarse las simplezas con las que quieren, o pretenden conquistar el voto. El partido “turquesa” y sus forzadas groserías; el PRI vendiendo un progreso que sólo lo sienten ellos en sus cuentas bancarias; el PAN con frases más gastadas que sus expresidentes, el PRD sin ninguna novedad. Qué forma de desperdiciar los tiempos oficiales, cuando los ciudadanos estamos ávidos de propuestas, necesitados de respuestas, de esperanza, de confiar en alguien, de creerle a algún candidato limpio y fresco, aunque suene a slogan de pasta de dientes.

¿Cuándo se acabarán los políticos que cuando llegan a gobernar son auténticos virreyes, que obsequian relojes de miles de dólares o utilizan el helicóptero como si fuera taxi para acercarse a sus amores? Qué poca vergüenza que quienes viven estos excesos se atrevan todavía a criticar. “Hay que tener la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta”, diría el gran Sabina.

En otros temas, qué grave lo que sucedió en Jalisco, estado de Lagos de Moreno y capital de Guadalajara. El narco demostró una capacidad de movilización, de logística y poder de fuego inusitado.

Trascendió que la Federación había emprendido un operativo en contra del crimen organizado, focalizado en la captura de El Mencho, el cual fracasó. Ante la emergencia vimos al gobernador de la entidad saliendo a dar el parte de guerra. Lo vimos solo. Sin  acompañarse de un mando militar o policíaco. Gobernador Sandoval, forma es fondo. Aunque se sienta muy seguro de sí, lo vimos, solo, a usted y su alma. El titular del ejecutivo estatal no debe de dar partes de violencia, ni contar los incendios, que para eso está el procurador, el jefe de policía.

También trascendió que en la Secretaría de Gobernación le habían pedido prudencia. Asunto que, evidentemente, desoyó y causó la molestia de Miguel Ángel Osorio Chong. Algo falló. Se puso en riesgo a la población; se disparó en contra de un helicóptero de la Fuerza Aérea Mexicana, causando la baja de tres elementos, que iban en labor de reconocimiento y vieron camionetas con gente armada. De verdad espero que a estos soldados también se les reconozca, que también se diga que nos faltan. Porque, para todos aquellos que, parece no lo saben, también tienen familias, hijos que van a quedar desamparados. Pero, a veces, parece que en este país la muerte de policías y soldados es normal, que no cuenta.

La semana pasada fuimos testigos de un hecho que describe la escalada de violencia que enferma al país. Un chavo, de 13 años de edad, disparó en contra del director de su escuela ubicada en Tejalpa, municipio de Jiutepec. La discusión fue por que sería expulsado, y a Margarito se le hizo fácil sacar una pistola calibre 22 y dispararle a quemarropa. El director, según informan las autoridades del IMSS, se reporta estable. La causa de la expulsión sería la continua violencia que ejercía el agresor contra sus compañeros. ¿Qué hacer con este niño? ¿Refundirlo en la cárcel? Creo que si esa fuera la respuesta no vamos a tener cárceles suficientes en un par de décadas.

Hay que resaltar el impulso que le dio el líder parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados Manlio Fabio Beltrones, a los acuerdos para reformar la Constitución y facultar al Congreso para legislar en torno a un sistema penal único para adolescentes, que permita acabar con las universidades del crimen. Beltrones dice que el objetivo es crear un sistema eficaz para reinsertar a los menores de 12 a 17 años, que sustituya el actual que alienta la comisión de delitos en lugar de prevenirlos. Asumir responsabilidades, con la opción para no continuar en una vida de delito.

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