Presupuesto base cero y las campañas
Por desgracia, la calidad y el tono de las campañas se han caracterizado por un pobre torneo de descalificaciones.

Francisco Guerrero Aguirre
Punto de equilibrio
En días recientes, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, planteó que los recortes presupuestales para disminuir el gasto público tendrán que llevarse a cabo durante varios años, considerando la incertidumbre de la economía global y el impacto de la volatilidad de los precios del petróleo y del tipo de cambio. Ante este panorama, México se verá forzado a modificar su dinámica de gasto para ejercer los recursos de forma diferente y poder enfrentar estas condiciones de manera responsable.
En este contexto, la próxima legislatura de la Cámara de Diputados deberá tomar decisiones de gran trascendencia, toda vez que su principal responsabilidad es construir un presupuesto realista y sustentable, que atienda las demandas que los electores manifiestan durante las campañas y que genere condiciones adecuadas para evitar consecuencias catastróficas para el futuro.
Para los nuevos legisladores, el reto central será debatir con solvencia y argumentos la reingeniería del gasto público y la viabilidad de un “presupuesto base cero”, como parte de acciones torales para blindar la economía ante el panorama internacional. El gobierno ya ha fijado su postura y, a partir del 1 de septiembre, corresponderá a la oposición reaccionar a las pretensiones de ajuste que, seguramente, se presentarán.
Un presupuesto de egresos edificado bajo esta metodología significa que cada programa del proyecto de gasto se evalúe y justifique su monto y necesidad, basándose sólo en las expectativas para el año siguiente y la disposición efectiva de recursos, sin considerar las inercias que, históricamente, se han venido acumulando. La “base cero” entrañará una evaluación de los resultados, a partir del presupuesto que anualmente se ha asignado a las dependencias y entidades gubernamentales, poniendo sobre la mesa la necesidad de hacer recortes en rubros no prioritarios.
El propósito de esta nueva estrategia radica en gastar eficazmente, haciendo una selección objetiva de los programas con mayor rentabilidad social. Lo que se busca es hacer más con menos, en una atmósfera en la que previsiblemente se generará una gran discusión política, ya que lo más probable es que el poder continúe fragmentado en la Cámara de Diputados, como hasta ahora.
Ante esta realidad, sería deseable que los candidatos a ocupar las quinientas curules de San Lázaro debatieran de cara a los electores cuáles son sus posicionamientos sobre el futuro del presupuesto, conscientes de que su vieja fórmula de integración resulta insuficiente y anacrónica.
Por desgracia, la calidad y el tono de las campañas se han caracterizado por un pobre torneo de descalificaciones y planteamientos simplistas, donde los partidos se refugian en una mercadotecnia vacía, que no presenta soluciones realistas a problemas concretos. Se enlistan las calamidades del país y se reparten culpas, sin presentar alternativas que sean sujetas de un verdadero debate.
BALANCE
El entorno de incertidumbre que se vive en materia internacional requiere que nuestros representantes tengan la capacidad de tomar decisiones que se ajusten a una nueva realidad, con el objetivo de preservar la estabilidad de la economía en una atmósfera de astringencia que nos acompañará en los próximos años.
Lamentablemente, este tipo de asuntos, que son cruciales para el futuro del país, están ausentes de la discusión pública que se desarrolla en las campañas. Pareciera que a partidos y a candidatos los seduce la oquedad facilona del marketing político, en lugar de propiciar debates profundos en los temas que realmente importan.
Twitter: @pacoguerreroa65