El piojo y la pulga

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Félix Cortés Camarillo 01/09/2014 01:49
El piojo y la pulga

Enrique Peña Nieto, por interpósita persona, su principal ministro, entrega hoy al Congreso el segundo informe de su administración como Presidente de México. Mañana, la fiesta privada de los elegidos —y el resto de nosotros por televisión sin duda— escucharemos su docto mensaje sobre los logros de esos dos años encabezando al Poder Ejecutivo. Cualquiera puede adivinar el listado de esos éxitos. Más allá de las cifras maquilladas que documentan el fracaso de Calderón en su guerra contra el narco y la violencia, están las reformas constitucionales y el bagaje de sus leyes secundarias. Ciertamente, Peña Nieto ha transformado este país en sus fundamentos aunque de manera incompleta. Así se lo propuso, y así lo logró mediante un inteligente y hábil sistema de negociación y transa con los factores políticos del país.

Una de sus herramientas fue el llamado Pacto por México, que algún vivo quiso equiparar —de ahí el título— al Pacto de la Moncloa, que cimentó el proceso democrático de España. Nada que ver. Sin embargo, el Pacto por México fue un ensayo de una reforma de la que poco se habla, pero que es mucho más importante que la misma Reforma Educativa, ese cambio que Peña Nieto nos debe: la Reforma del Estado mexicano.

En los recientes sexenios, el Presidente de México ha sido electo por un margen muy estrecho, que en momentos ha sido utilizado por las oposiciones para descalificar todo el sistema electoral, pero definitivamente ha puesto en tela de duda si el sistema político mexicano, presidencialista, centralizado, monárquico sin confesarlo, es el sistema que mejor funciona para nosotros. ¿Puede un Presidente gobernar si no obtuvo la mayoría absoluta en las urnas?

En todo el proyecto y ejecución del Pacto por México subyace la intención de hacer de nuestro país, en el modo de los países europeos, un gobierno de coalición. Demócratas cristianos con social demócratas, laboristas con nacionalistas o socialistas arrepentidos. Ninguna fuerza, para recordar la dizque Reforma en Telecomunicaciones, ninguna fuerza preponderante. PRI con PAN o lo que quede del PRD; PAN con PRD o lo que quede del PRI. PT con lo que quede de todos ellos. En los billetes estadunidenses se lee: e pluribus unum. Se los dejo de tarea a los que en secundaria no les dieron raíces latinas y griegas.

La tradición histórica nos enseña la dificultad de mezclar agua y aceite. Finalmente, los químicos han encontrado formas diversas de emulsión. Pero cuando el agua es al mismo tiempo de horchata que de chía y el aceite es de oliva y de transmisión, la cosa se complica. Desde luego, Chava Flores logró que el piojo y la pulga —esto no tiene nada que ver con futbol— se casaran.

El próximo domingo la llamada izquierda mexicana va a decidir qué hace con las veleidades de Cuauhtémoc Cárdenas —el partido soy yo— mientras la llamada derecha se relame las heridas de su desprestigio. Tan malo el pinto como el colorado, decía mi abuela. Ahora, el bayo no es portador de esperanzas.

A propósito de caballos, mi amigo Rubén Figueroa acuñó hace muchos años aquello de las flaquezas.

Pilón.- Este escribidor goza de una memoria amplia. También ha tenido la fortuna de visitar muchas veces las ciudades de Londres y Nueva York. Por más esfuerzos que hace, no puede recordar que el color de los taxis de esas magnas ciudades haya cambiado alguna vez: negro y amarillo, respectivamente. El hombre, a cuya cuenta bancaria no entran más que los escuálidos emolumentos que percibe por el ejercicio de su antiquísimo oficio, se da cuenta de que las cuitas de la vejez, propia y de sus hijos, se verían permanentemente aliviadas si fuese él el concesionario de sólo vender los galones de pintura que serán necesarios para repintar, a huevo, todo el parque vehicular de los taxistas del Distrito Federal, como se anunció sin que nadie reparara en ello.

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