Humo en los ojos

Los legisladores rodearon el tortuoso camino discursivo de la Reforma Política, a fin de que le perdiéramos el rastro a los asuntos importantes.

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Félix Cortés Camarillo 19/05/2014 01:22
Humo en los ojos

“Cuando dijiste, muerta de angustia, ‘ya volveré’”, así escribió Ángel Agustín María Carlos Fausto Mariano Alfonso Rojas Canela del Sagrado Corazón de Jesús Lara y Aguirre del Pino, en el bello bolero celebratorio de un reencuentro. Con el mismo empeño y fruición que pusieron los que bautizaron a Agustín Lara, a fin de confundir al respetable a futuro, los legisladores rodearon el tortuoso camino discursivo de la Reforma Política —esa mezcla de procedimientos electorales y reparto de prebendas económicas—, a fin de que le perdiéramos el rastro a los asuntos importantes.

Si el haber de retiro de los jueces electorales se llama o no pensión vitalicia es totalmente irrelevante. Es de elemental justicia y sentido común, en el mundo entero, que la persona que dedica un periodo fundamental de su vida a trabajar obtenga en su periodo último una compensación hasta que muera. Lo importante es el monto de esa pensión y la mecánica para fijarlo. Humo en los ojos: comparar las pensiones que paga el IMSS con las que reciben las diferentes instancias del Poder Judicial en México es un insulto flagrante no solamente a la justicia y a la ética. Lo es a la vergüenza.

Pero la discusión seria y fundamentada de los asuntos esenciales de la Reforma Política, como los candidatos ciudadanos independientes, la representación en su país de los mexicanos que residen en el extranjero, los plurinominales de todos, tan repudiados, o el efectivo control de los dineros del erario entregados a los partidos, todo ello y mucho más, se perdió en la humareda provocada hábilmente por un parrafillo metido de última hora para recompensar a los jueces electorales “por los favores recibidos”, como rezan a veces con mala ortografía los retablos y milagros en las iglesias de pueblo.

No hay de qué asombrarse: pasó lo mismo con la Reforma Educativa, cuyo núcleo terminó siendo el encarcelamiento de la maestra Elba Esther Gordillo y la yerma discusión sobre evaluar o no los conocimientos de los profesores. Ni una palabra sobre la transformación de los procesos o metodología de la enseñanza o el insuficiente financiamiento de la educación pública que tiene a las escuelas en deplorable estado. Lo mismo sucede con la Reforma Energética, campo propicio para la batalla de las demagogias de uno y otro lado —en el uno, prometiendo la imposible reducción del precio de los combustibles; por el otro, arguyendo el patriotismo payaso para impedir la modernización, pero sobre todo la depuración, de Petróleos Mexicanos—.

Humo en los ojos. Menos de 250 mil mexicanos inscritos en el PAN tuvieron ayer supuestamente al país en vilo con motivo de la elección de su dirigencia nacional, como si de ese resultado dependiera un cambio importante para el curso de las cosas en México.

En el momento en que esto escribo, es perfectamente previsible que el presunto perdedor, Ernesto Cordero, se niegue a aceptar el estrecho resultado que se anticipa y se remita a los tribunales electorales del Poder Judicial de la Federación. ¿Y si el derrotado es Madero y hace exactamente lo mismo? ¿Y si eso sucede o no? ¿Y si cualquiera que pierda lo reconoce? ¿A quién le importa el resultado de los comicios o el fallo posterior de los bien recompensados jueces? Ni siquiera a los panistas.

Le importa solamente a los integrantes de las dos pandillas contendientes, no por el liderazgo y la oportunidad de servir a los seguidores de su ideología. Contendientes por el estipendio que significan los fondos que el Estado mexicano entrega cíclicamente y sin chistar a los actores de un sainete que se empeña en llamar democracia.

Humo en los ojos, niebla de ausencia.

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