Morena
Hasta la fecha Andrés Manuel López Obrador nunca ha dicho con claridad en qué trabaja, de qué vive y cómo sostiene su activismo

Fabiola Guarneros Saavedra
Mensaje directo
Una de las principales habilidades de Andrés Manuel López Obrador es rehuir cualquier debate que implique datos duros con una singular frase: “yo tengo otra información”.
Esta fórmula siempre le ha sido útil para presumir ventaja en encuestas de preferencias electorales que sólo él conoce o para sostener que los medios no le dan una suficiente cobertura a sus actividades (el famoso “cerco informativo” del que se ha dicho víctima). Lo mismo para argumentar contra la Reforma Energética o cualquier otra iniciativa que le convenga para emprender una cruzada que entusiasme a sus seguidores.
Por poner un ejemplo: el año pasado, durante un mitin en Chiapas, López Obrador aseguró que en México hay 53 multimillonarios y 53 millones de pobres, y si se aprobaba la reforma energética, en sólo dos o tres años se llegaría a 63 multimillonarios por 63 millones de pobres. Por supuesto, nunca ha estado en su interés debatir seriamente sobre los fundamentos de sus cifras o contrastar éstas con las investigaciones de especialistas: son mera herramienta propagandística diseñada para consumirse sin el más mínimo cuestionamiento crítico.
Ahora bien, ¿será capaz Andrés Manuel de esgrimir su típica frase a la autoridad electoral, que acaba de multar a su nuevo partido por inconsistencias en su información financiera?
El pasado miércoles, el Instituto Nacional Electoral (INE) sancionó al Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y a los otros dos nuevos partidos por anomalías en sus informes de ingresos y gastos en el periodo que realizaron las gestiones para la obtención de su registro. A la agrupación lopezobradorista se le encontraron cuatro inmuebles arrendados de los que no se tenía reporte, así como facturas que no fueron reportadas ante las autoridades electorales pero que sí estaban registradas ante el Servicio de Administración Tributaria.
Y aunque el millón de pesos de multa que se le impuso parece el pelo de un gato en comparación con los cuantiosos recursos que maneja un partido político, el hecho de que se hagan públicas estas anomalías debería significar un llamado de atención para un partido que, en el discurso, denuncia todo el tiempo la corrupción de sus antagonistas.
El propio López Obrador y sus simpatizantes suelen descalificar las críticas en su contra como parte de una embestida siempre organizada por “la mafia en el poder” (cualquier cosa que eso signifique), y esa cortina de humo les ha permitido instalar un verdadero cerco informativo sobre la manera como el tabasqueño obtiene y maneja sus propios recursos (hasta la fecha nunca ha dicho con claridad en qué trabaja, de qué vive y cómo sostiene su activismo).
Más allá de la retórica a la que tiene acostumbrada a su fiel clientela, el resto de los ciudadanos no sabemos bien a bien cuál es el proyecto de nación de Morena y las soluciones que propone a los problemas que padece el país. El nuevo partido ha debido moderar su protagonismo, entre otras razones, porque tampoco ha podido sustraerse a la crisis de credibilidad que el caso Ayotzinapa ha impregnado a la clase política en su conjunto y que le ha restado autoridad moral a los partidos.
El más claro ejemplo es Guerrero, cuyos próximos comicios locales peligran por el creciente clima de violencia y polarización. El candidato en el que Morena había pensado para la gubernatura es Lázaro Mazón, a quien se acusó de apoyar la candidatura a la alcaldía de Iguala del hoy tristemente célebre José Luis Abarca. Por esa razón, el lopezobradorismo ha mantenido una notoria discreción en un tema que en otra época le habría dado bandera para la movilización.
Es curioso, por cierto, que tampoco se haya visto la acostumbrada beligerancia del tabasqueño y sus adeptos en otros temas menos comprometedores para ellos. Al momento de escribir estas líneas, por ejemplo, la cuenta oficial de López Obrador en Twitter no había dicho ni pío sobre la primera licitación de la Ronda Uno en materia energética, la primera en la que participarán empresas privadas y que había sido, al menos hasta el año pasado, principal razón de ser de su combatividad.
¿Será que este proceso tuvo la malísima suerte de ocurrir al mismo tiempo que se negociaba la formación de la primera bancada de Morena en la Cámara de Diputados, aun cuando en estricto sentido este partido todavía no pasa por el ácido de las urnas, y para ello necesitaba forzosamente del visto bueno del resto de los partidos, en particular el PRI y el PAN, sus supuestos archienemigos?
Y es que hay prioridades. Aunque seguramente López Obrador negará esta coincidencia porque él, como de costumbre, seguramente cuenta con “otra información”.
Twitter: @Fabiguarneros