Izquierda o reacción

De la izquierda sólo queda el membrete, ya que defiende intereses caciquiles y reaccionarios.

Ante la inminente aprobación de la Reforma Energética por el Congreso, aparte de las izquierdas partidarias, otras fuerzas conservadoras la han rechazado. La semana pasada se produjo una “megamovilización” convocada por organizaciones campesinas. Después de la mesa de negociación con Gobernación, el líder de El Barzón, Alfonso Ramírez Cuéllar, dijo que no se recibieron garantías para respetar la propiedad de la tierra (ante la posibilidad de ser despojados de sus propiedades mediante la figura de la ocupación temporal o la servidumbre) ni el establecimiento de tarifas eléctricas para el campo en el sentido de mantener los subsidios ya contemplados en la ley de energía para el sector. Expresó que “vamos por echar atrás la Reforma Energética”.

No se pone en duda que las nuevas leyes energéticas deban dar plenas garantías a la propiedad en el campo y al desarrollo sustentable en el sector, incluyendo justos beneficios a los productores del sector, derivados de la producción y transportación de crudo, gas y otros derivados. Pero la protesta de la semana pasada (y las próximas) van más allá de una supuesta defensa del campesinado.

La mayoría de las organizaciones participantes en la protesta son de izquierda, con líderes que simpatizan, militan o han sido representantes populares del PRD y de sus satélites (por ejemplo José Narro de la CNPA) o que son cercanos a Morena y a grupos radicales (como el citado Ramírez Cuéllar, a quien todavía se le recuerda cuando ingresó a caballo a San Lázaro). Se dan baños de pureza democráticos, pero la tónica es perpetuarse en sus cargos (al estilo del telefonista Hernández Juárez, quien lleva más de 35 años en el poder). Se dicen defensores de los campesinos, pero lucran con los proyectos productivos que han servido más como modus vivendi de los dirigentes y/o de patrocinio político (por ejemplo del ahora senador perredista Isidro Pedraza, de la UFIC), que para alentar la producción agropecuaria y elevar el nivel de vida del campesinado.

Sin embargo, la lucha contra la Reforma Energética no es más que un pretexto para defender los intereses personales y corporativos (denominados “derechos adquiridos”) de los dirigentes, quienes, además, pretenden protagonismo político-electoral. En la actual coyuntura las movilizaciones campesinas refuerzan las exiguas protestas de los partidos de izquierda, además de que les sirven para legitimarlas, ya que su oposición a la Reforma Energética ya no se ve como un asunto meramente político, sino también “social”. A cambio, los dirigentes campesinos exigirán candidaturas o posiciones partidarias. Por lo pronto, Narro ya cuestionó la debilidad de las protestas  y demandó la candidatura de unidad de Cárdenas para la presidencia perredista, quien también debiera encabezar el “combate contra la privatización de Pemex”.

La “defensa de derechos adquiridos” (como la obtención de plazas automáticas) es también la bandera de la CNTE para oponerse a la Reforma Educativa. Bajo el pretexto de luchar contra la “privatización de la educación”, sus dirigentes pretenden encubrir el lucro político y económico que implicó la venta de plazas y cargos, el uso arbitrario del presupuesto educativo, etcétera. Este movimiento, reaccionario y violento, es respaldado por Morena, ávido de militantes y de votos.

Así, los partidos y organizaciones sociales “de izquierda” no son más que conglomerados de intereses personales y corporativos que se benefician del sistema, y por ello son defensoras del statu quo: opositoras a ultranza de reformas que pretendan acabar con corporativismos y corruptelas.

Entretelones

Sentido pésame a la familia Jaramillo por la sorpresiva muerte de Virginia, destacada política de izquierda.

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