“Al diablo el INE”

El obradorismo busca deslegitimar las elecciones de 2015 para justificar previsibles precarios resultados.

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Enrique Villarreal Ramos 23/05/2014 01:25
“Al diablo el INE”

Después de la aprobación de la reforma político-electoral por parte del Congreso, y en medio del escándalo por la aprobación de una pensión vitalicia para los magistrados electorales (medida ya revertida por los legisladores), López Obrador descalificó la Reforma Electoral, ya que “no sirve para nada”. Dijo que “no se le puede dar un sí a la corrupción, ya que de esta reforma surgen las pensiones vitalicias para magistrados, que en todo caso son un premio que les otorga el presidente Peña Nieto ‘en pago por el fraude de 2012’”. Adelantó que Morena no recibirá recursos del INE para los comicios federales del próximo año, y que los costos de las campañas correrán a cargo de los militantes y candidatos, quienes “tendrán que ir casa por casa”.

El escándalo mencionado no ha permitido dimensionar la importancia de la Reforma Electoral, y ha servido de pretexto para que los opositores radicales la rechacen, incluyendo al INE, como parte de su estrategia de desinformación y de sus “banderas electorales”, para suplir la ausencia de propuestas concretas y viables para “regenerar al país”, según les gusta decir.

Por ello es necesario presentar los aspectos más trascendentes de la Reforma Electoral. La legislación secundaria contempla: la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, la Ley General de Partidos Políticos, y la Ley General en Materia de Delitos Electorales.

Entre lo destacable se encuentra: 1) regular la facultad del INE para atraer la organización de comicios locales, y sus atribuciones para integrar el Servicio Profesional Electoral Nacional y los organismos públicos locales; 2) permitir a los mexicanos residentes en el extranjero votar electrónicamente por Presidente, senadores, gobernadores y jefe de Gobierno del DF; 3) normar las candidaturas independientes para Presidente, diputados y senadores, estableciendo diversos requisitos como reunir firmas entre 1% y 2% de la lista nominal de electores; 4) establecer fórmulas que garanticen la paridad de género en las candidaturas a cargos de elección popular; 5) incrementar los tiempos en radio y televisión para  campañas electorales; 6) aumentar los recursos para los partidos, pero también imponer la fiscalización inmediata de aquéllos; 7) endurecer sanciones a servidores públicos que coaccionen, condicionen o induzcan al voto; 8) reconvertir a los institutos electorales estatales en organismos públicos electorales y a los tribunales locales en autoridades electorales jurisdiccionales locales, sin pertenecer al poder judicial de los estados; 9) incluir una multiplicidad de recursos jurídicos que permitan, por ejemplo, mayores causales para anular la elección…

No se trata de cualquier reforma, ya que implica un nuevo modelo electoral, minucioso y complejo, con virtudes y defectos, que se analizarán en otra columna. Pero a AMLO no le interesan los “detalles de la reforma”: la descalifica, porque pretende cuestionar de origen la legitimidad del proceso electoral y con base en ello, incumplir con el marco jurídico-institucional (el rechazo del financiamiento del INE es un mero ardid propagandístico) en abierta provocación al gobierno, a todas las instituciones electorales y a los demás partidos. La provocación busca deliberadamente las sanciones y en general “la condena de las instituciones, que conspiran contra aquél, y con ello victimarse y poder justificar precarios resultados. No se pone en duda que Morena consiga el registro, pero estará lejos de conseguir la votación que alcanzó AMLO en la pasada elección presidencial.

Entretelones

Otro escándalo que perseguirá a Ebrard: su aval para demoler el Polyforum Cultural Siqueiros y construir en su lugar un complejo comercial.

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