La corrupción, gran propósito
Muy pocos han dicho que es necesario tener un reglamento al cual todos debamos someternos para que la movili-dad en esta ciudad caótica tenga, al menos, un poco de orden.
Al iniciar un año la mayoría de las personas piensa cuáles puedenser sus propósitos a desarrollar y cumplir durante el mismo, desde los grandes proyectos hasta los más íntimos. Los países también, a través de sus gobernantes, hacen sus reflexiones y son transmitidas en cadena nacional, ya sea en navidades como hace el rey de España, quien por cierto no le fue muy bien, u otros a principios de año como lo ha hecho en otras ocasiones el Presidente.
A mi juicio, el gran propósito en el cual todos debemos participar es el que se refiere al combate a la corrupción. No sólo es tarea del Estado. Sin duda, también deben participar los ciudadanos desde sus posiciones, ya sea en el trabajo o en la casa.
Para que esto ocurra en nuestro país debería haber un cambio radical, en primer lugar, en las posturas y acciones de los políticos.
Supuestamente se aprobó un nuevo, y digo yo complicado, sistema de combate a la corrupción que necesitará transitar todavía un largo trecho para llegar a consolidarse, y quizás al paso que va pasará todo este sexenio sin que se logre. Pareciera que complicarlo fue a propósito para que entre en operación dentro de varios años. Y mientras tanto, las acciones indebidas siguen, los castigos para ellas se ven muy mermados y la confianza popular en las instituciones continúa descendiendo.
Quizás uno de los ejemplos más claros que los políticos deberían tomar en cuenta se refiere al recientemente aprobado Reglamento de Tránsito para este todavía Distrito Federal. Hay pocos comentarios favorables, pero los realizados tanto por personas que escriben o hablan en los medios, así como la gente que envía cartas a los periódicos, reflejan a mi juicio el hartazgo que existe. La mayoría de las opiniones se refiere a que va a ser otro instrumento más para que haya exacciones indebidas a los ciudadanos.
Muy pocos han dicho que es necesario tener un reglamento al cual todos debamos someternos para que la movilidad en esta ciudad caótica tenga, al menos, un poco de orden. ¿Por qué entonces lo primero que se le ocurre a la mayoría es que será un instrumento para que los policías autorizados se alleguen dinero indebido? ¿Es que partimos de que vamos a violar el reglamento? Yo creo que no, pero la ciudadanía está harta de tanta corrupción no sancionada. Habría sido muy oportuno que quienes redactaron el reglamento hubieran circulado todos los días por la ciudad y, en su caso, antes de ponerlo en operación realizar a cabo las acciones para dar certeza jurídica a quienes están sujetos a él.
Un ejemplo de ello es el capítulo de estacionamiento. Los ciudadanos, por lo visto, debemos llevar un metro, pues en algunas ocasiones tenemos que respetar distancias de seis, 7.5, 10, 50 y 100 metros. Hasta el día de hoy no existe ningún señalamiento físico que así lo indique en las calles o carreteras, y por lo tanto se puede prestar a la corrupción fácilmente en ambos sentidos, quién ofrece o quién pide.
Otro ejemplo diferente pero de igual gravedad es el que se refiere a la corrupción permanente en que ha caído el Partido Verde. Leemos frecuentemente que es sancionado por el Instituto Nacional Electoral con multas millonarias y sigue haciendo actos indebidos, ¿hasta cuándo la autoridad y los partidos que lo protegen van a permitir que este mal ejemplo de política siga haciendo de las suyas? Lo que sucede es de película de humor.
El supuestamente principal promotor del sistema anticorrupción es un senador del Partido Verde, que en el caso del señor Arturo Escobar lo ha defendido. ¿Quién puede defender honestamente a una persona que, entre otras cosas, la descubrieron con una maleta con un millón de pesos que no pudo justificar?
He mencionado tan sólo dos ejemplos de lo que ocurre hoy en nuestro país en materia de corrupción, y si el Estado en su conjunto no da muestras claras de que a pesar de sus actos ilícitos va a cambiar, que luego no se quejen de lo que pueda ocurrir, porque los ciudadanos están hartos.
Ojalá y el año 2016 sea uno que recordemos por las acciones claras en esta materia.
