Rascarse con las uñas

La civilización depende de que los ciudadanos paguemos impuestos y los gobiernos gasten esos recursos en servicios públicos. Sin embargo, cuando uno paga los impuestos y el gobierno no provee servicios públicos adecuados, estaríamos mejor si cada quien saca su pala y repara la banqueta...

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Carlos Elizondo Mayer-Serra 02/01/2014 00:13
Rascarse con las uñas

Empezar el año siempre es duro. No sólo por la resaca de las fiestas, sino por la cuesta de enero. Ésta incluye gastos de arranque del año, aumentos de precios y nuevos impuestos.  Estos gastos hay que pagarlos con una cartera más delgada de lo previsto, durante las fiestas siempre se termina gastando más de lo anticipado. Hay, sin embargo, una buena noticia. Uno de los gastos de enero, el predial en la Ciudad de México, será más barato, si usted pone de su parte.

Si usted está dispuesto a reparar su banqueta, el gobierno de la ciudad le propone descontar de su pago de predial para este nuevo año 50% de los costos que incurriría por dicho arreglo. Olvide por un momento la complicada burocracia que habrá que sortear para lograr el pago, ya que, dependiendo de cuánto valore su tiempo, el trámite le puede costar una parte importante del descuento que logrará.

¿Debemos reconocer el principio de que cada quien se rasque con sus uñas y hacerlo extensivo al resto de los servicios públicos? La civilización depende de que los ciudadanos paguemos impuestos y los gobiernos gasten esos recursos en servicios públicos. Sin embargo, cuando uno paga los impuestos y el gobierno no provee servicios públicos adecuados, como el que las banquetas no estén llenas de agujeros, estaríamos mejor si cada quien saca su pala y repara la banqueta, a cambio de un descuento en su predial.

Este principio de hecho ya se encuentra en las reglas del Impuesto Sobre la Renta. Si bien tenemos el derecho a la salud y a la educación, los mexicanos que tienen los recursos, los pagan de su bolsa. El gobierno le ha permitido deducir una parte de esos gastos del ISR, de forma tal que es una suerte de descuento, como el de la banqueta reparada por uno mismo. Lo malo es que el Congreso, con el voto del PRI, PRD y PVEM, decidió limitar las deducciones personales.

Hay tantas otras cosas que no hace el gobierno por las que mereceríamos un descuento: calles plagadas de  baches, basura y ambulantes,  seguridad pública deficiente y en deterioro, servicios de salud y educación de mala calidad… Todo ello merece un descuento a los impuestos que pagamos. Sin embargo, no debería ser 50% de descuento, sino 100%, pues la justificación del predial es que se le regresa al ciudadano con servicios básicos y de calidad, como una banqueta sin agujeros. El problema, sin embargo, es que si se extiende el principio de que cada quien se rasca con sus uñas, a cambio de un descuento, el gobierno se quedaría sin ingresos y ello nos arrojaría a una situación peor que la actual.

Aunque no se extienda formalmente este principio, muchos mexicanos han decidido autoasignarse el descuento y pagar menos impuestos de lo que deberían. Ya sea no registrando ingresos o inventando gastos para poder deducir impuestos. Entre más ve un causante a su vecino no pagar, más se le antoja copiarle.

Hay que salir de este equilibrio subóptimo de poca equidad en el ingreso y mala calidad del gasto. Lo primero es tener impuestos donde todos quienes estén en la misma situación paguen lo mismo. En el predial hay un rezago tal en las valuaciones que propiedades similares tienen valor catastral muy distinto,  ya que es al momento de comprar cuando se suele actualizar. Esto lleva a castigar a la familia joven que está adquiriendo un inmueble, muchas veces a crédito, y premiar a quien ya lleva años con una casa que ya pagó.

Pero el cambio más importante debe venir por el lado del gasto. Estamos tan acostumbrados a desperdiciar el dinero que ni nos damos cuenta de los montos de gastos absurdos que pagamos con nuestros impuestos. El presupuesto de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal para 2013 fue de 1.4 mil millones de pesos. El de todo el Congreso de Chile, es decir senadores y diputados, fue de 2.4 mil millones de pesos, y el de Colombia, de 2.5 mil millones de pesos. Estos dos países son unitarios, es decir, no tienen siquiera congresos locales. Chile tiene una población de 17.46 millones de habitantes, y Colombia, de 47.7. ¿Cómo se puede justificar que una asamblea local sea algo menor que el costo de las dos cámaras de un país completo? No se puede argumentar. Pero lo pagamos con nuestro predial y otros impuestos. Sirva como contraste aun más dramático que el Congreso de México, es decir, Cámara de Senadores y Diputados costaron 10.2 miles de millones de pesos en ese mismo año.

Otro ejemplo. El IFE costó en 2013 11 mil millones de pesos. El Servicio Electoral de Chile costó 540 millones de pesos, mucho menos que el IEDF, el cual tuvo un costo de 931 millones. Y se  trata de un instituto para organizar elecciones locales, que sale sobrando. En el año de 1997, cuando Cuauhtémoc Cárdenas ganó la Jefatura de Gobierno, el IFE estuvo a cargo tanto de la elección federal como de la del DF sin problemas. Pero el gobierno perredista en lugar de usar esos recursos para servicios públicos, prefiere distribuirlo a los partidos y a una gran e inútil burocracia.

Más que descuentos que invitan a que cada quien se rasque con sus uñas, el gobierno tiene que ser austero y gastar en lo que la ciudadanía necesita, no en lo que satisface las necesidades de la clase política. Es un mero deseo de nuevo año esperar que esto cambie.

                *Profesor investigador del CIDE

                elizondoms@yahoo.com.mx

                @carloselizondom

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