Abrir para fortalecer
Pemex tiene el monopolio de la refinación en México. Este año perderá unos 120 mil millones de pesos refinando. Esta pérdida no contempla el subsidio al consumidor.
A Pemex le sobran recursos. Basta ir a cualquiera de sus oficinas para notar el exceso de personal. Además ha tenido mucho dinero para invertir. Su presupuesto de inversión pasó de 63.3 miles de millones de pesos en 2001 a 231 mil millones en 2012. El problema es que invierte mal.
En 2008 la Secretaría de Energía prometió que a partir de 2009 Pemex produciría en el yacimiento de Chicontepec 72 mil barriles diarios y para 2017, 737 mil. Para fines de 2012 se habían invertido en el yacimiento 150 mil millones de pesos, pero este produjo en septiembre de este año únicamente 61.3 miles de barriles diarios. Un fracaso total.
Pemex tiene el monopolio de la refinación en México. Este año perderá unos 120 mil millones de pesos refinando. Esta pérdida no contempla el subsidio al consumidor. La reforma fiscal recién aprobada pretende recaudar 184 mil millones de pesos en 2014. En lugar de la reforma fiscal, ¿no sería mejor tener un Pemex eficiente?
Como todos los monopolios, y peor aún cuando son del gobierno, Pemex no funciona bien. Según nuestra izquierda, los serios problemas de las empresas del gobierno son la prueba de una trampa para poderlas vender.
Como bien señalaba la semana pasada el perredista Jesús Ortega en estas páginas, hay empresas de gobiernos extranjeros que funcionan bien, como Petrobras, en Brasil, y Ecopetrol, en Colombia. Éstas lograron hacerse competitivas gracias a que en ambos países abrieron el sector y las pusieron a competir. Jesús Ortega, como muchos de sus correligionarios, afirma querer empresas estatales competitivas, pero no aceptan lo que se requiere para lograr que funcionen mejor: abrirlas a la competencia y construir una distinta relación laboral con su personal. Sólo piden más dinero al contribuyente y continuar protegiendo el monopolio.
La izquierda argumenta que sólo se están discutiendo los beneficios de abrir el sector energético, y no los riesgos de hacerlo. Tiene razón. Pero el riesgo de abrir es mucho menor frente al riesgo de no hacerlo. Además, hay formas probadas de regular bien a un sector petrolero que se abre a la competencia.
Brasil, Colombia y muchos otros países liberaron sus sectores energéticos sin que enfrentaran mayores problemas. Hay que fortalecer los órganos regulatorios para que éstos puedan imponer sus decisiones frente a todas las empresas del sector, sobre todo, la más difícil de todas, la propia empresa del Estado, acostumbrada a hacer lo que quiere.
En 1938, en la época de Lázaro Cárdenas, el riesgo político de expropiar una empresa petrolera era muy alto. El peso relativo de los países ha cambiado. Ahora cuando un Estado decide expropiar una empresa energética, como sucedió hace no mucho en Venezuela y Argentina, el mayor riesgo es que el activo expropiado funcione peor que antes.
El riesgo de no abrir el sector es que el deterioro de Pemex continúe. La producción de crudo cayó de tres mil 256 miles de barriles en 2006 a dos mil 548 en 2012. Su deuda pasó de 123.1 miles de millones en 2001 a 672.6 mil millones en 2012. Las pasivos laborales de la entidad ya valen casi 9% del PIB. Según cálculos del Banco de México, por la falta de gas que sufrió la industria este año, y no sólo porque no lo podemos extraer, siendo que lo tenemos en el subsuelo, sino porque ni siquiera tenemos la infraestructura suficiente como para importarlo de Estados Unidos, dejamos de producir el equivalente a 0.3% del PIB. ¡Hubiéramos crecido 30% más en el año con un abasto oportuno de gas!
Urge aprobar la reforma y hacerlo bien. Si hoy se abriera el sector no se vería una gota de crudo de aguas profundas en los siguientes seis o siete años. Los acelerados cambios tecnológicos y geopolíticos, como la posible apertura de Irán, si culmina bien el proceso de acercamiento con Estados Unidos, pueden hacer que nuestro petróleo sea en el futuro menos atractivo para los inversionistas.
Hay que dotar al Estado mexicano del mejor conjunto posible de recursos jurídicos para lograr atraer suficiente inversión y de calidad. Una buena reforma atraerá a las mejores empresas y disminuirá los espacios para la corrupción. En un contrato donde se comparten utilidades, como lo propone el gobierno, antes de repartirlas se descuentan los costos incurridos de la operación. ¿Se imaginan la corrupción que se puede generar cuando depende de un burócrata autorizar tal o cual costo que no estaba bien definido? En una concesión, el ganador paga una cuota por el derecho a invertir, pudiéndose licitar ésta con toda transparencia y definir al ganador con base en quien esté dispuesto a pagar más por invertir y por cada barril de crudo que extraiga. Cuánto le costó cada barril y a qué precio lo vendió, es su problema. Hay menos discrecionalidad y por ello, menos oportunidades de corrupción.
El ex director de Pemex, Adrian Lajous, en el diario La Jornada, después de analizar los distintos modelos jurídicos para abrir el sector concluyó: “Los regímenes de licencias como los de Noruega, Gran Bretaña, Dinamarca, Holanda, Australia, Canadá y Brasil, entre otros, serían una mejor solución”, que la propuesta del gobierno. ¿Para qué inventar modelos barrocos si muchos otros ya pasaron por el mismo camino y ya sabemos qué funciona mejor? Para ser un país más próspero, basta adoptar las mejores prácticas del mundo.
*Profesor investigador del CIDE
Twitter: @carloselizondom
