¿A quién amenaza López Obrador?

En un país tan desigual como el nuestro, un triunfo de la izquierda es amenazante para quienes estamos en los deciles superiores del ingreso. Una agenda redistributiva implica quitarles a unos para darles a otros

El triunfo de la socialdemocracia en Europa implicó una subida de impuestos para financiar el estado de bienestar. Estos mayores impuestos a quienes más tienen fueron parte integral de las promesas de campaña de estos partidos para llegar al poder.

¿A quién amenaza López Obrador si desea cumplir con su agenda redistributiva? Dadas sus promesas de campaña, y lo repitió en el debate, sólo a los corruptos. Su programa económico se piensa financiar con los ahorros resultantes de la llegada de lo que se presume será un gobierno honesto y de gran austeridad. Esto resultaría en ahorros de unos 500 mil millones. No hay una propuesta de subir impuestos, incluso ha prometido bajar impuestos en la zona fronteriza.

Su promesa de ir contra la corrupción es sólo respecto de los corruptos futuros. Ha dicho que no busca castigar a los corruptos del gobierno saliente. Esta es una de las mayores diferencias con la propuesta anticorrupción del Frente y de su candidato, Ricardo Anaya.

La lucha de AMLO contra la corrupción parece depender de su voluntad y autoproclamada honestidad. No sólo ha ingresado a su coalición Juntos haremos historia a individuos con larga cola, sino que su propuesta respecto de cómo enfrentar el tema de la corrupción no es robusta. Importa que la cabeza no robe, pero no es suficiente.

No veo, además, cómo los ahorros por corrupción y austeridad sumen como para financiar el incremento presupuestal propuesto. Deben tener claro que sólo una izquierda capaz de mantener los equilibrios presupuestales puede transformar un país para bien (basta ver la larga recesión brasileña, cuya política económica fue tan admirada por la izquierda mexicana) o para mantenerse democráticamente en el poder (nadie quiere vivir en el colapso económico de Venezuela). Sin embargo, las promesas van generando inercias de gasto y los subsidios muy fácilmente se salen de control.

La desigualdad es uno de los grandes problemas de México. Mi último libro, Los de adelante corren mucho, analiza cómo la democracia puede o no servir para construir un país más justo. No me sentiría amenazado por un gobierno socialdemócrata. Lo apoyaría, aunque tuviera que pagar más impuestos.

Sin embargo, la agenda del muy probable gobierno de López Obrador no es la de una socialdemocracia preocupada por construir bienes públicos, en educación, salud, seguridad, etcétera. Esto sólo se logra a través de un Estado competente que haga realidad los derechos de los ciudadanos.

En general, su proyecto alternativo de nación parte de una serie de programas en los que el Estado interviene activamente en innumerables programas. No veo por qué ahora el incompetente y corrupto gobierno vaya a cambiar. Al contrario, entre más intervenga, más espacios abiertos para la corrupción y la ineptitud.

No veo tampoco cómo pueda construir un Estado competente con algunos de quienes ha dicho serían sus más cercanos colaboradores, ni bajando el sueldo a la alta burocracia. Menos aún con propuestas absurdas como reubicar las distintas secretarías por todo el país. ¿Se imaginan la disrupción en el sector salud si sólo cumpliera la promesa de trasladar la Secretaría de Salud a Chilpancingo, el IMSS a Morelia y el ISSSTE a Colima?

El gasto público de un gobierno socialdemócrata incluye transferencias focalizadas, como un seguro al desempleo, pero siempre desde la lógica que es un derecho, no una dádiva, y pensado con los incentivos adecuados para no crear dependencias futuras innecesarias. Tampoco clientelas políticas: es muy distinto votar por un partido de izquierda que les prometió y luego hizo efectivo el derecho a la salud, que votar por quien distribuye pipas de agua y tinacos a sus seguidores.

El vicio clientelar no es monopolio de Morena, pero muchas de las propuestas de AMLO parecen diseñadas para ampliar la base de ciudadanos dependientes. Por ejemplo, darle dinero a quienes no tienen para cursar estudios superiores, pero que ingresan a una universidad sin haber pasado un examen de admisión es crear una clientela de seudoestudiantes, cobrando una lana gracias a AMLO, y muchos de ellos ganando otra más en la economía informal.

Un amigo mío, de corte liberal, va a votar por AMLO con una esperanza: que no cumpla lo prometido en campaña y que no vaya a tener peso la agenda evangelista de su aliado el PES. Como Trump, de llegar al poder, AMLO buscará cumplir muchas de sus promesas, aunque la realidad le impondrá límites a lo que podrá hacer.

En el mejor de los casos, rectificará sus más absurdas propuestas y perderemos algo de crecimiento económico. En el peor, veremos la implementación de programas de gobierno insostenibles y la consecuente recesión. Como el Brasil de Dilma. Ésta no es una amenaza menor.

Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey

Twitter: @carloselizondom

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