¿Policías vs. ciudadanos?

Los ciudadanos no confiamos en las policías, pero nosotros tampoco somos ángeles.

Hace unos días, se dio a conocer un video en el que se aprecia a un policía del Distrito Federal agarrándose a golpes con un ciudadano. Básicamente, el policía le pide al ciudadano, quien intentaba subirse a una motocicleta, que no se vaya del lugar en el que están. El ciudadano insiste. El policía intenta detenerlo; eventualmente, empieza el intercambio de puñetazos.

No sé de un solo país, considerado decente, en el que un ciudadano promedio no se detenga a petición de un policía. No se me viene a la mente tampoco país alguno, de los catalogados como avanzados, en el que la policía no sepa qué hacer (cómo detener, cómo arrestar) a quienes buscan evadir, e incluso llegan a agredir, a los propios policías. Lo que muestra el video en cuestión es, pues, aberrante e inaceptable.

Ahora bien, ¿usted, amigo lector, confía en los policías de nuestro país? Yo no. ¿Usted cree que hacen su trabajo honesta y profesionalmente? Yo no (aunque sé que sí hay policías honrados y entregados a su labor). ¿A usted qué le inspira un policía del Distrito Federal, por ejemplo? ¿Respeto? ¿Se siente usted seguro cuando ve una patrulla o cree que los tripulantes de la misma son tan peligrosos como un delincuente?

El policía de la esquina, el de la patrulla, representa uno de los puntos de contacto primarios de los ciudadanos con el gobierno y, en particular, con el aparato coercitivo que éste controla y opera en nombre del Estado: el cómo concebimos a los policías, cuánta confianza y respeto les tenemos, es un reflejo de cómo pensamos, y entendemos, al propio gobierno y a sus acciones en torno a la seguridad pública y la procuración e impartición de justicia.

En pocas palabras, dado que sabemos que México es el reino de la impunidad, que la corrupción suele triunfar, que la justicia es engorrosa, frustrante. Y porque estamos al tanto también de que hay supuestos agentes del orden que se coluden con la delincuencia o que, simplemente, no están capacitados y no saben hacer su trabajo, no creemos en los policías. De hecho, cuando un policía nos detiene, sentimos desconfianza, por lo menos. Luego entonces, aunque no estuvo bien lo que hizo, es comprensible que el motociclista del video haya buscado evadir al policía que lo detuvo.

Ahora bien, los ciudadanos somos otro de los componentes del Estado. ¿Qué tanto contribuimos a que éste funcione adecuadamente? ¿Somos buenos o malos ciudadanos? ¿Respetamos la ley? Claro está que hay buenos ciudadanos, pero, si en México la corrupción y la impunidad son lo ordinario, ¿de verdad esto es producto nada más de que el gobierno no hace lo que debe? ¿No tenemos nosotros, la ciudadanía, algo de culpa al respecto?

¿Qué habría pasado si el ciudadano del video se hubiera comportado adecuadamente y, en vez de agredir al policía, hubiera dialogado con éste e, inclusive, de ser necesario, hubiera acudido al MP o a donde correspondiera? Tal vez habría terminado siendo víctima de la corrupción, sí. ¿Pero y si las cosas se hubieran resuelto de acuerdo con la ley? ¿Eso hubiera sido realmente del agrado del motociclista?

Lo enfatizo: los ciudadanos no confiamos en las policías, en el gobierno. Esto es merecido. Pero nosotros tampoco somos ángeles. ¿Cómo superar esta situación? No lo sé, pero, sugiero esto: ¿qué tal si comenzamos por hacer, cada uno de nosotros, lo que nos toca y, además, nos respetamos mutuamente?

Los policías (el gobierno) no funcionan. Los ciudadanos, tampoco. Así es difícil que seamos un Estado. Y sin Estado, las cosas se complican. A ver si lo vamos entendiendo.

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