Corrupción y cultura

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Armando Román Zozaya 27/08/2014 01:58
Corrupción y cultura

Hace unos días, en una entrevista, el presidente Peña comentó que la corrupción es un problema cultural, “que ha estado en la historia de la humanidad”. Muchas críticas le han llovido al Presidente por haber dicho esto. Por ejemplo, hay quienes creen que lo hizo para justificar la eterna corrupción del PRI.

Yo creo que el Presidente tiene algo de razón, pero, hay que matizar el planteamiento: lo que hay en todos lados es potencial de corrupción mas no necesariamente corrupción en sí. La diferencia entre si esa corrupción se materializa o no, y la frecuencia y grado con lo que lo hace, radica en cómo es encarado dicho potencial y qué se hace cuando pasa a lo real.

Por ejemplo, en China, los funcionarios corruptos pueden incluso encarar la muerte (una sanción draconiana, a mi parecer). En los países europeos, la cárcel suele ser el destino de quienes son atrapados “con las manos en la masa”. El lidiar de esta forma con la corrupción resulta en que, si bien el potencial de corrupción no desaparece, el fenómeno en sí, es decir, la incidencia de los actos corruptos, sí puede ser minimizada e, idealmente, eliminada.

Hipotéticamente, una sociedad en la que la corrupción desapareciera totalmente, por muchos años, podría convertirse en una colectividad cuya cultura, es decir, cuya relación con la realidad no tiene espacio para, precisamente, la corrupción. ¿Qué pasa cuando ocurre lo contrario, es decir, cuando, por siglos, una colectividad no condena la corrupción?

Hay países en los que, si bien hay leyes para evitar y sancionar la corrupción, quienes se benefician de ésta usualmente gozan de impunidad, la cual obtienen, por si fuera poco, precisamente gracias a la propia corrupción. Luego entonces, ese potencial de corrupción que ya mencioné se concreta una y otra vez. Esto se debe, insisto, no a que la corrupción per se sea inevitable o constituya parte de cultura alguna inherentemente, sino porque la ley no se aplica adecuadamente, lo cual abre espacio a que la corrupción florezca.

En otras palabras, sí está en los humanos el ser corruptibles (potencial de corrupción). Sin embargo, algunas personas saben la diferencia entre el bien y el mal. Saben también elegir el bien, es decir, incluso ante la oportunidad y hasta la tentación de caer en corrupción, no optan por ser corruptos. Dicho eso, también hay quienes no sólo echan mano de cualquier ocasión en la que el corromperse les prestará beneficios sino que hacen de la corrupción una forma de vida, especialmente cuando, lo enfatizo, la “ley” se los permite.

Dado lo anterior, es decir, asumiendo que, efectivamente, el potencial de corrupción existe en toda sociedad, lo mejor que podemos hacer es estar listos para prevenir y sancionar toda corruptela. Para esto, es crucial que contemos con leyes bien hechas y que sí se apliquen. También es relevante que, desde el punto de vista social, la corrupción sea condenada y sancionada.

Si no sólo no evitamos que el potencial de corrupción se materialice sino que, cuando lo hace, los corruptos se salen con la suya y hasta son vistos como “chingones” que saben darle la vuelta a todo y a todos, la corrupción se convierte en parte de la cotidianidad, de nuestras vidas, de nuestra forma de entender e interactuar con nuestro medio, es decir, en parte de nuestra cultura. En ese sentido, la corrupción sí puede ser cultural.

Al decir que la corrupción puede ser cultural, no la estoy justificando sino todo lo contrario: si en verdad vivimos en una sociedad corrupta, esto es resultado de cómo hemos construido nuestra interacción social. Luego entonces, para cambiar las cosas y hacerlo pronto, tenemos que condenar la corrupción siempre (entre los políticos, los empresarios, los sindicatos, los ciudadanos) y exigir que, quienes son corruptos, encaren consecuencias. En cuanto esté claro que la corrupción sólo nos genera costos y no beneficios, la expulsaremos de nuestras vidas, de nuestra forma de entender la realidad: entre más pronto empecemos, mejor.

                Twitter: @aromanzozaya

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