A dos semanas de la elección (II)
Dentro de dos semanas, un lunes igual que hoy, pero con fecha 2 de julio, los mexicanos sabremos quién será el Presidente de la República para los próximos seis años. Aun cuando la mayoría de las encuestas pone a AMLO como el puntero, la situación que todos los sondeos definen permite ver claramente que la elección aún no está definida
Nadie puede afirmar que las encuestas que hoy vemos vayan a mantenerse el día de la elección. Hay tres elementos que debemos tener en cuenta: votantes indecisos, votantes volátiles y votantes silenciosos.
1. VOTO INDECISO. El primer elemento que debemos considerar es que prevalece un importante número de personas que aún no han decidido por quién votarán; en promedio, las encuestas permiten ubicar un 30% de ellas. De hecho, en la mayoría de las encuestas, el porcentaje de indecisos es mayor a la diferencia entre el primero y segundo lugares. La gran mayoría de indecisos declara que ellos votarían por quien se encuentre en segundo lugar, para ganarle a AMLO.
2. VOTO VOLÁTIL. La mitad de los encuestados, en promedio, asegura que aun cuando haya manifestado una intención de voto, su elección todavía puede cambiar. Conforme se acerca el día de la elección, los electores van revisando las opciones que tienen en la boleta, incluso por propuestas en temas específicos modifican su decisión.
3. VOTO SILENCIOSO. Todas las encuestas publicadas a lo largo de este proceso electoral muestran una altísima taza de rechazo, alrededor de 50% en promedio. Ésta evidencia que los encuestados se sienten incómodos al momento de compartir su decisión y prefieren no hacerlo. Ese voto silencioso, aun cuando ya esté definido, se mantiene en secrecía por miedo a ser agredido o a ser atacado.
Así, pese al intento de los seguidores del puntero por convencer acerca de que “este arroz ya se coció”, lo cierto es que aún no hay nada para nadie.
Por el contrario, las trayectorias han cambiado. Después del segundo debate, José Antonio Meade crece sostenidamente, mientras que Ricardo Anaya se ha desinflado. La mayoría de las encuestas ubica a Meade claramente en segundo lugar y como el único que queda en la recta final contra AMLO.
A dos semanas de la jornada electoral, hay una competencia entre dos. Por eso es importante preguntarnos qué México queremos, frente a las propuestas y visiones que López Obrador y José Antonio Meade han hecho mención.
Sociedad Civil. ¿Queremos un México en el que el ciudadano y sus organizaciones no importen, como lo ha sugerido Andrés, o que éstos sean quienes determinen la agenda nacional en coordinación con el gobierno, como lo ha propuesto Meade?
Finanzas públicas. ¿Queremos un México en el que nos endeudemos y suban los precios o queremos un México que maneje bien los impuestos para que tengamos estabilidad y un empleo bien pagado?
Transparencia. ¿Queremos un México en el que el presidente no rinda cuentas sobre sus ingresos o queremos un México en el cual el presidente acredite de dónde viene su ingreso y que éste sea congruente con su forma de vivir?
Educación. ¿Queremos un México con la educación de tus hijos secuestrada a cambio de votos o queremos un México con educación moderna para que tus hijos puedan conseguir el empleo que quieran y tener un mejor futuro?
Salud. ¿Queremos un México donde el Seguro Popular desaparezca, como ya dijo Andrés, o queremos un México con hospitales 100% equipados, con el 100% de medicinas y que atiendan las 24 horas del día, hasta los fines de semana?
Turismo. ¿Queremos un México limitado para recibir turistas internacionales a falta de un buen aeropuerto o queremos un México que pueda recibir cientos de miles de turistas en un aeropuerto de clase mundial?
Justicia. ¿Queremos un México en el que los crímenes sean perdonados mediante una amnistía o queremos que sean juzgados y castigados?
Comercio exterior. ¿Queremos un México rodeado de muros o queremos un México que comercie, atraiga inversión y más empleos derivados de la interacción global?
Queda claro que los próximos días definirán el futuro de México, no sólo para seis años, sino para las futuras décadas.
Lo que hoy está en juego no es quién nos detalla mejor cómo son los problemas del país, sino quién cuenta con la mayor experiencia y capacidad probada para proponer soluciones viables frente a los problemas que tenemos. Ésa es la verdadera elección del 1 de julio.
Senador con licencia
