Las lecciones de 1994

Los hechos de ese año no sólo revelaron las debilidades y contradicciones de una modernización parcial y excluyente...

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Alberto Begné Guerra 30/12/2013 00:00
Las lecciones de 1994

Hace 20 años, en estas fechas, los mexicanos estábamos por iniciar, sin tener idea de lo que nos esperaba, un año dramático y convulsionado como pocos en nuestra historia reciente. Nos encontrábamos en la víspera de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte; en el apogeo del salinismo y su proyecto modernizador; en la antesala de una elección presidencial que se anunciaba como un paseo por el campo para el PRI. Todo parecía indicar que el turbio proceso electoral de 1988 y la grave crisis que produjo habían quedado reducidos a episodios de un pasado remoto, prácticamente borrados por un nuevo periodo de estabilidad política y crecimiento económico. El futuro se presentaba, así, despejado y promisorio. Pero las cosas ocurrieron de un modo radicalmente distinto a lo esperado.

El levantamiento del EZLN; los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu; y, finalmente, el desastre financiero de diciembre de 1994, hicieron de aquel sueño previsto una verdadera pesadilla. Hay muchas explicaciones sobre ese vuelco histórico. Pero hay dos que, en mi opinión, sintetizan las causas de lo ocurrido. En efecto, los hechos de ese año no sólo revelaron las debilidades y contradicciones de una modernización parcial y excluyente, sino también el grado de descomposición de un sistema político autoritario y corrupto, cuyos excesos acabarían simbolizados en el affaire Raúl Salinas.

Desde entonces, el país ha cambiado y, a la vez, sigue siendo el mismo. El cambio se materializó en el terreno político. México transitó a una democracia donde las libertades, la pluralidad y la alternancia, no obstante la persistencia de vicios y desviaciones, son una realidad. Pero el cambio político no ha significado un cambio sustancial en las condiciones económicas y sociales de la mayoría. La marginación, la pobreza y, en suma, la exclusión social, mantienen escindido al país, con más de 50 millones de mexicanos pobres, de los cuales 23 la sufren en condición extrema, entre ellos una gran parte indígenas. Las dualidades modernidad-atraso, opulencia-miseria, privilegios-discriminación, siguen intactas, y están ahí para recordarnos que, como sucedió en 1994, ningún proyecto de transformación y modernización será completo y viable si no es modificada de raíz esa realidad lacerante que, a su manera —sin duda cuestionable—, el EZLN situó en el centro del escenario nacional hace 20 años.

La memoria histórica debe servir para evitar los errores del pasado. Ahora, en la víspera de un nuevo año, las lecciones de 1994 tienen mucho sentido si la sociedad, los partidos y el gobierno somos capaces de asumir sin reservas ni mezquindades el gran desafío nacional contra la pobreza y la exclusión social.

                *Socio Consultor de Consultiva     

                abegne.guerra@gmail.com

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