El ocaso de Bejarano
Llegó la hora de aplicar la máxima de El rey ha muerto; viva el rey.

Adrián Rueda
Capital político
Humillado, ninguneado y traicionado por quienes lo sostuvieron durante muchos años, René Bejarano llegó al ocaso de su carrera.
El otrora profesor que encabezaba las mesas de negociación para repartir candidaturas y que ponía taches y palomas a las listas, ni siquiera fue invitado a sentarse esta vez.
Mientras los jerarcas del partido definían todo con Héctor Serrano, secretario de Gobierno que a partir de hoy es quien tiene la varita en la política de la capital, Bejarano tenía que esperar afuera a que lo llamaran para informarle cómo quedaban las candidaturas.
Sus otrora empleados como Alejandro El Potrillo Fernández, entre otros, lo dejaron de llamar Profesor —como le gusta— y empezaron a decirle René, como se llama.
De él dijeron que había enloquecido, que hizo todas las cosas mal y que ya había perdido el toque que lo mantuvo en la cima muchos años; varios renunciaron a su corriente y lo dejaron solo para ser reducida prácticamente a nada.
Durante el Consejo del PRD capitalino —que inició el sábado y concluyó el domingo— Bejarano se fue quedando sin espacios y desde muy temprano entendió que lo plancharían, aunque no esperaba las renuncias de sus seguidores, pues siempre los había sometido.
Como nunca antes, un desconocido René perdió los estribos y atacó a sus compañeros, a sus dirigentes y al jefe de Gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, culpándolos de la derrota que sufría.
De inmediato reforzó su estrategia de tratar de victimizarse; el problema es que nadie le cree.
En un error garrafal, Bejarano tuvo la ocurrencia de ordenar a sus consejeros votar en contra de las designaciones del consejo, lo cual sólo exhibió el raquítico número de seguidores que tenía.
Al votar en contra se tuvo que hacer pública la escasa fuerza con que contaba y en automático se justificó el que no le dieran prácticamente nada.
Incluso como una caridad política, se excompañera Lety Quezada accedió a bajar a su candidato y que subiera una mujer, para que Bejarano pudiera poner a su cuñado Toño Padierna como candidato en Azcapotzalco.
Le dieron Benito Juárez con Dinorah Pizano, una delegación en manos del PAN prácticamente imposible de ganar; le contabilizaron Álvaro Obregón, pero ésa es de Leonel Luna, quien desde hace tiempo ya lo había rebasado.
La Cuauhtémoc fue para su muchacho José Luis Muñoz Soria, solamente que ya lo desconoció, y Tlalpan está en corchetes, pero tendrá que ser para una mujer y él tenía puros candidatos hombres.
Triste final para alguien que quiso expandir su influencia a nivel nacional descuidando la ciudad, y que no se dio cuenta que mientras él andaba de viaje por todo el país, en el DF le estaban comiendo el mandado.
Aunque ahora se queja de la plancha en su contra, Bejarano debería recordar cuántas veces hizo lo mismo con los demás y nadie dijo nada.
Ni modo, llegó la hora de aplicar en la ciudad la máxima de el rey ha muerto; viva el rey.
Quién iba a decir que Víctor Hugo Lobo, uno de los que siempre quiso aniquilar y al que más de una vez quiso planchar, haya sido de los puntales que lo hundieron y que ahora es de los más fuertes de la ciudad, con varias diputaciones y delegados aliados.
Que Leonel Luna, uno de sus alumnos más avanzados, lo haya rebasado por la izquierda y le haya quitado el liderazgo, al grado de ser él quien iba al Club de Toby a negociar los espacios de la corriente y que hoy también lo abandona.
Y que Héctor Serrano, a quien siempre vio por encima del hombro, le haya salido más inteligente y haya podido amar una alianza histórica con las tribus y coordinar con Los Chuchos el final del bejaranismo en el partido.
CENTAVITOS... Por cierto, si Bejarano y Marcelo Ebrard andan diciendo que Mancera metió las manos al PRD y es el que está detrás de todo, lejos de perjudicar al jefe de Gobierno del DF le están haciendo un gran homenaje, pues ni Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador y menos Ebrard pudieron controlar el PRD. Si Mancera lo hizo, sin ser militante, pues entonces está fuerte, ¿no?