General agradece libertad en Basílica

El recién liberado Tomás Ángeles Dauahare dice estar dispuesto a colaborar con el presidente Peña. Con su familia, escucha misa oficiada por el cardenal Norberto Rivera

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El general Tomás Ángeles Dauahare acudió ayer a la misa en la Basílica de Guadalupe a dar gracias por su libertad.
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Estuvo acompañado por su esposa, Leticia Zepeda, sus hijas Adriana y Ana Luisa, su nieto Arturo, su yerno Juan Flores, sus dos hermanas, además de otros familiares.
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Sonrisas de agradecimiento se dibujaron en el rostro del general cuando al menos una docena de asistentes a la misa lo reconocieron en medio de la multitud
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La familia del general Tomás Ángeles Dauahare se reunió después de la misa en la Basílica en reunión íntima. Fotos: Mateo Reyes
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CIUDAD DE MÉXICO, 21de abril.- Al confesarse fiel devoto de la Virgen de Guadalupe, el general Tomás Ángeles Dauahare decidió que su primera salida, tras abandonar la prisión, fuera al templo del Tepeyac.

Acompañado por su familia, caminó por la calzada de los Misterios de la mano de su nieto Arturo, quien sin dudarlo afirmó sentirse “orgulloso y feliz” de que su abuelo esté de regreso para que “me cuente la historia de México”.

Al llegar a la Basílica de Guadalupe minutos después del mediodía de ayer, el general de división en retiro escuchó misa, rezó, se tomó de las manos de sus seres queridos al momento de pronunciar el Padre Nuestro y comulgó junto con su esposa, Leticia Zepeda, y sus hijas Ana Luisa y Adriana, visiblemente conmovidas por dejar atrás el pasado e iniciar un nuevo ciclo de vida.

“Es costumbre de la familia, todas mis hijas, a los pocos días de nacidas, han venido acá, a ser presentadas con la Virgen; mis nietos también. Así que es una tradición, no de nosotros, del pueblo mexicano, venir a darle gracias a la Virgen después de alguna eventualidad, algún suceso trágico o no trágico”, comentó el militar, al asegurar que se siente “tranquilo y muy a gusto” entre los suyos.

Su esposa —quien por momentos no pudo contener el llanto— aseguró que desde el primer momento en que su marido fue apresado, lo encomendó a la Guadalupana, y ahora que ya “han dado la vuelta a la página” era obligado agradecerle.

“Siento mucha emoción; sabíamos que desde el primer día, cómo le pedimos a la Virgen, siempre hemos sido muy devotos de ella, no podíamos faltar; esta es nuestra primer salida desde que salió él (de prisión), y era obligado estar aquí; ya dimos la vuelta a la hoja.”

Las gracias por la liberación de Dauahare congregó también a sus yernos y hermanas, quienes le demostraron su cariño entre abrazos y besos, incluso bromeando con él, al decirle: “Ya te sacaron los cuernitos, hermano”.

Sonrisas de agradecimiento se dibujaron en el rostro del general cuando al menos una docena de asistentes a la misa lo reconocieron en medio de la multitud que se dio cita para participar en la celebración por los cien años de la congregación de María Inmaculada, oficiada por el cardenal Norberto Rivera Carrera.

—¿Es usted el general Ángeles, verdad? —le preguntó una señora formada en la fila para comulgar.

—Sí, soy yo.

—Fue una injusticia lo que le hicieron.

—Sí, pero gracias a Dios que ya estoy aquí —respondió con una sonrisa.

Al término, el general Tomás Ángeles Dauahare y los suyos se tomaron algunas fotografías y más tarde disfrutaron de un convivio familiar e íntimo, alejados de los reflectores.

“No cometí ningún delito”

El general en retiro dijo estar dispuesto a colaborar con el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

Al preguntársele respecto de la posibilidad de que el primer mandatario le ofrezca formar parte de su equipo de trabajo, el general retirado aseguró que la puerta en ese sentido “está abierta “.

—¿Aceptaría usted una reunión con el presidente Peña Nieto o con algún encargado especial de su gobierno?

—Si se da la oportunidad, cómo no —respondió tras la visita a la Basílica de Guadalupe.

—¿La puerta está abierta?

— Sí, yo creo que sí; me atrevo a decir que sí.

Y rechazó que vaya a solicitar algún tipo de custodia para él o su familia una vez que fue exonerado de los cargos que por narcotráfico lo privaron de su libertad cerca de un año.

Aseguró que esto no será necesario, “porque ya pasó todo” y, al mirar hacia adelante, disfruta mucho cada momento de su vida.

Sobre todo, agregó, “cuando hay certeza de que no cometí ningún delito”.

—¿Qué siente cuando la gente lo reconoce y le dice que fue una injusticia lo que le hicieron?

—Me da gusto, sobre todo por eso, que haya certeza de que fue una injusticia; yo voy a disfrutar mucho, como cada momento.

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