Madriguera: Del amor en los tiempos de Twitter

Francisco está demostrando que los hombres buenos pueden también ser noticia

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A muchos sorprende el tenor con el que el obispo de Roma ha iniciado su pontificado; las muestras de humildad, el consuelo a los afligidos, la visita a los enfermos y abandonados, son actividades propias de un sacerdote: no deberían pues sorprendernos. El Papa es únicamente un fiel seguidor de Cristo.

Claro está que hay hombres consagrados que han desviado su camino y que son ellos quienes roban el espacio en los titulares. A pesar de ellos, el papa Francisco nos está demostrando que los hombres buenos también son noticia.

Sucede entonces que los mayores críticos de la Iglesia católica no son practicantes y son precisamente ellos quienes exigen cambios al interior de una de las instituciones más antiguas del mundo. Les molesta “que la Iglesia siga viviendo en el medioevo”, pero son intolerantes ante las creencias y preceptos de más de mil millones de personas en el mundo. A final de cuentas, son los católicos quienes deberían decidir si les gusta en lo que creen o no.

Alcanzar la salvación eterna no es un asunto de voluntad popular.

Difícilmente los designios divinos podrían encontrar coincidencias en la manera en que estamos acostumbrados a vivir el mundo hoy, 2013 años después del surgimiento del cristianismo. ¿En qué clase de sociedad nos hemos convertido cuando un llamado a la sencillez y a la humildad conmueven?

¿De verdad es el Papa un hombre singular? ¿Acaso es él uno de los 50 justos de Sodoma y Gomorra?

Yo creo que no: lo que pasa es que somos indiferentes a quien obra bien.

La Iglesia no tiene que cambiar, simplemente tiene que volver a sus orígenes. Es verdad que el mundo fue cambiado por un puñado de pescadores, un carpintero y uno que otro burócrata despistado al servicio de los romanos; si ellos fueron capaces de mover conciencias y salvar a millones de almas ¿qué no podríamos hacer con la fe en los tiempos del Twitter?

Fg

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